Haga lo que haga, Borja Cobeaga

Las primeras 48 horas en Los Ángeles del candidato donostiarra al Oscar han sido un frenesí. Dos publicaciones ya apuestan por su corto como ganador.

GONTZAL LARGO
Borja ya tiene un Oscar: el que le regaló Marta Rubio «al mejor novio». [GONTZAL LARGO]/
Borja ya tiene un Oscar: el que le regaló Marta Rubio «al mejor novio». [GONTZAL LARGO]

LOS ÁNGELES. DV. Llegó, vio pero todavía no ha vencido. Cobeaga se encuentra en L.A. acompañado de ocho amigos y un bebé. El día de la ceremonia se calcula que el grupo será de 25. Esto es lo que dio de sí su primer día en la ciudad californiana.

Borja deja divisas en Los Ángeles. Los Ángeles es una ciudad de ensueño si uno está ocioso, le gusta el cine, la música y se ha alimentado, durante los últimos veintinueve años de su vida, con productos culturales que guardan algún tipo de relación con esta urbe gigantesca, ilógica y vanidosa. Borja Cobeaga podría entrar dentro de esta categoría: la caja registradora de Amoeba Music, en el corazón de Hollywood, anuncia que debe pagar 262 dólares. ¿La bolsa de su compra? Más de una veintena de películas en DVD que, según apunta su novia Marta Rubio, nunca tendrá tiempo de ver. ¿Títulos? Una edición especial de Mr. Arkadin, la primera versión de Wicker Man, la versión antigua de El Fin del Romance, La noche de los cristales rotos, Amenaza en la sombra La ocasión, por supuesto, lo merece.

Nueve adultos y un bebé. Apenas unas horas antes, el domingo 18 de febrero a las 0.15 -hora española-, Cobeaga, nueve personas más y un bebé de cinco meses habían aterrizado en el aeropuerto internacional de Los Ángeles. Se trataba de la primera avanzadilla de amigos que le acompañarán hasta que el día 25 de este mes se desvele, en el Kodak Theatre, el ganador al Oscar al mejor Cortometraje de Ficción. Sólo entonces se sabrá si este sueño titulado Éramos pocos -One Too Many, en su traducción al inglés- alcanzará su cénit. El bebé pertenece a Laura Olaizola, jefa de prensa de Borja, que no quería pasar dos semanas separada de su primer hijo. En los próximos días, el grupo crecerá hasta los 25 amigos, alojados todos ellos en el hotel Comfort Inn del 2717 de West Sunset Boulevard.

De profesión, entrevistado. Antes, Cobeaga era guionista, director televisivo e, incluso, cineasta. Ahora, es un entrevistado a tiempo completo. En California, por primera vez en tres semanas, la agenda de Borja ha contado con huecos en blanco. En el día uno de su estancia en la Meca del Cine, sólo tuvo que conceder una entrevista al periódico mexicano La Opinión, uno de los medios latinos con mayor difusión a lo largo y ancho de todo el continente americano. Desde que la nominación se hizo pública, Cobeaga ha realizado una media de 6 a 8 entrevistas diarias, de lunes a sábado. Los domingos, descansaba e, incluso, se permitía el lujo de acudir al cine, algo impensable cuando su teléfono móvil sonaba a todas horas. «He llegado a cargar la batería hasta tres veces en un mismo día», recuerda. Sólo el día 23 de enero, cuando se conoció que Éramos pocos, participaría en la carrera final por el Oscar, su buzón de voz almacenó una treintena de mensajes. Imaginen lo que podría ocurrir, si gana.

Dos entradas para los Oscar, por favor. Otra de las tareas del primer día en Los Ángeles fue acudir al edificio de la Academia de Hollywood para recoger las entradas que permitirán a Mariví Bilbao y Oihana Olea, la protagonista y la productora respectivamente de Éramos pocos, a la gala de entrega, previo pago de cincuenta dólares por ticket. No, no es que los nominados deban pagar por asistir a la entrega, sino que la Academia sólo extiende dos invitaciones gratuitas por nominado -una para éste y otra para su acompañante-, de ahí que ofrezca la posibilidad de comprar otras dos por si más gente se quiere sumar a la experiencia. La entrada de 50 dólares permite el acceso a uno de los gallineros. La platea de los nominados se vende más cara: unos 150 dólares.

200 copias de One Too Many. Spielberg ya tiene su copia de Éramos pocos. Will Smith, también, al igual que Helen Mirren y Alejandro González Iñárritu, director de Babel. Como Borja no quiere que nadie en esta santa ciudad se quede sin ver el cortometraje, ha traído una caja de 200 DVDs con la intención de regalarlos a propios y extraños. Entre estos últimos, se encuentra el dependiente de la tienda Amoeba que le cobró a Borja los 262 euros en películas. La misma fórmula se aplica a las decenas de gorras y camisetas -negras con letras blancas- que han llegado hasta California para ser repartidas a diestro y siniestro.

La prensa de LA, con Cobeaga. Dos revistas, dos, de Los Ángeles han dado su beneplácito para que Éramos pocos se lleve la estatuilla bañada en oro: Entertainment Weekly y L.A. Weekly, dos semanarios que destacan las bondades del cortometraje sobre sus rivales. En la primera, que también se pone de parte de Scorsese y sus Infiltrados se puede leer: «Nosotros vamos con Éramos pocos». La segunda es menos parca en palabras y más generosa en loas: «El corto de Cobeaga contiene tantas sorpresas y revelaciones que su impacto es mucho mayor de lo que su duración sugiere». De momento, Borja, sólo ha comprado un ejemplar de Entertainment Weekly, manoseadísimo a estas alturas del viaje.

Burlando la ley o casi. Los Ángeles tiene fama de peligrosa y pendenciera, pero no de sonámbula. El día de llegada resultó imposible encontrar, a las 12 de la noche, un lugar, cercano al hotel, en el que poder calmar el hambre. Si a eso se le suma la necesidad imperiosa que existe en la ciudad de conducir hasta para visitar al vecino de al lado -y no es broma-, la operación arroja como resultado un levísimo incidente con la ley. Tras 20 horas de viaje, sin apenas dormir, Borja y un grupo de cinco personas se aventuró a conducir con la furgoneta Dodge de alquiler. Conducía quien esto escribe. Tras cinco minutos de búsqueda del freno de mano, emprendimos la marcha. Cenamos en Tommy's, una franquicia de comida rápida en la que sirven hamburguesas y perritos que, literalmente, flotan en un mar de chilli picante y queso. Tras la pitanza, y en el camino de vuelta al hotel, nos cruzamos con un coche de policía que se detuvo a nuestra altura: «No lleva usted las luces encendidas», informó una mujer policía con una preciosa melena rubia recogida en una cola de caballo. El acongojo fue el sentimiento compartido por todos y cada uno de los ocupantes de la Dodge. Que se sepa, ningún helicóptero de la televisión grabó el incidente.

El nominado no irá desnudo. Aviso para seguidores de la moda y las marcas: Cobeaga vestirá traje de Adolfo Domínguez y complementos -zapatos, corbata y cinturón- de Spastor. Su aversión hacia la pajarita le impide lucir esa prenda en lo que va a ser una auténtica orgía de maniquíes con ese complemento.

...y su partenaire, tampoco. Lo que no se sabe es qué llevará Marta Rubio, novia de Borja. La pérdida de su maleta por parte de Delta Airlines tampoco ayuda a despejar la incógnita. Cuando escribo estas líneas -19.00 horas del martes, hora española-, su equipaje sigue sin dar señales de vida.

La iglesia, también con Cobeaga. El lunes a las 17.07 -hora angelina- Borja recibió un sms de su madre. Decía: «Tienes a la Iglesia de tu parte» y en él explicaba cómo el párroco de la iglesia donostiarra de Pío XII, en Ategorrieta, finiquitó el oficio del domingo con un piadoso deseo, al comprobar que Juanfe y Carmen, progenitores del director, se encontraban entre la audiencia: «Compartamos la alegría de los padres al nominado al Oscar». Pues eso, amén.