«Se merece el Oscar»

Borja Cobeaga presenta hoy en San Sebastián su corto 'Éramos pocos'. Compañeros y familiares cuentan cómo es y como ha llegado a Hollywood el candidato al Oscar

RICARDO ALDARONDO
Borja, un niño con personalidad./
Borja, un niño con personalidad.

SAN SEBASTIÁN. DV. Todos ellos le darían el Oscar, por supuesto. Amigos, compañeros de trabajo, sus padres, la gente que le ha ayudado a llegar a Hollywood a sus 29 años, están aún asimilando el «gigantesco, increíble, alucinante» hecho de que Borja Cobeaga sea candidato al Oscar al mejor corto de ficción con Éramos pocos. Todos confirman también la vocación desde niño, como escritor y director que tiene el donostiarra.

El día 25 se celebra la gala de los Oscar. Y la próxima semana Borja ya tiene una cena en Los Angeles, con todos los candidatos, de Clint Eastwood a Meryl Strepp. Pero esta tarde estará en San Sebastián, en los cines Príncipe, dentro del Aula de Cultura DV, para mostrar sus dos cortos y hablar con el público sobre ellos.

Cuando contaba nueve años, Borja Cobeaga ya tenía claro lo que quería ser de mayor: «Director de cine, nunca dijo otra cosa. Y nosotros le decíamos: 'Vale, pues iremos a recoger un Oscar contigo», recuerdan Juanfe y Carmen, los padres de Borja, sin imaginar nunca que aquella broma podía hacerse realidad.

Al entrar en el salón de los Cobeaga, destaca un gran mueble lleno de DVDs. «Son casi todas películas clásicas, que me encantan», explica la mamma, como le llama Borja. Esa colección de películas, que antes era de vídeos, y esa madre cinéfila, tienen mucho que ver con la vocación de Borja.

«Cuando aún no teníamos vídeo, a mí me gustaba tanto Bienvenido Mr. Marshall, de Berlanga, que un día que la pusieron en la tele grabé el sonido en un cassette. Y luego me lo ponía mientras planchaba. Borja, que entonces era un niño, me dijo años después que cuando oía aquella cinta se imaginaba cómo sería la película y que desde entonces quería ser director de cine», recuerda Carmen. «Hemos visto mucho cine clásico juntos, a mi me apasionan Vértigo, El hombre tranquilo y Cantando bajo la lluvia, las he visto cientos de veces. Tanto es así que un día sus amigos me regalaron un trocito de película de Vértigo, que le convencieron para que lo cortara a un proyeccionista».

El tío fantástico

Otra influencia familiar ha sido determinante para Borja: el hermano de su madre, el dibujante e ilustrador Juan Carlos Eguillor. «Tienen el mismo tipo de humor, los mismos gestos, si les oigo en una entrevista no se si es uno u otro», asegura Juanfe. Y Carmen cree que la obsesión que tiene Borja con los personajes de mujeres mayores debe venir de las viejecitas que dibujaba Eguillor.

Gontzal Largo, uno de los amigos de infancia de Borja (junto a Diego San José con quien luego trabajaría el cineasta en Vaya semanita), vio enseguida que lo de Borja director de cine iba en serio. «Desde los 12 o 13 años hacíamos cortos en el jardín de su casa en super 8 y luego en vídeo. El primero fue Alto voltaje, un tiroteo de 15 minutos que filmaba su madre con Borja dando instrucciones. Luego hubo algunos de acción, como Sin escapatoria, con un héroe que escapaba de prisión, Comando Aguilas Rojas o Un fantasma superguay. Luego Borja empezó a tomárselo más en serio y a escribir bien los guiones, como Billy Manonegra; otro que no llegamos a rodar pero que estaba muy currado, El especialista; o finalmente Sangre suicida, que era una sucesión de suicidios y aparecíamos diez o quince de clase». Ante este despropósito, su padre le dijo: «No hagas cutreces, haz el tipo de cine que quieras, pero sé elegante». Le hizo caso.

Un día llamaron a casa del Cinema Jove de Valencia. Querían hablar con Borja. «Está en el colegio», dijo su madre ante el estupor de los organizadores que pensaban que el corto que habían recibido era de un joven, no de un niño. Otro día proyectó Billy Manonegra en clase, «y a la profesora le encantó», recuerda Gontzal. Le definen como «un niño trasto», pero como sacaba unas notas buenísimas, los profesores no podían decir mucho.

Ya en la Universidad, cuando fue a Leioa para estudiar Comunicación Audiovisual, se formó una cuadrilla en la que ya hay dos candidatos al Oscar. Porque el primer día de clase, Borja conoció a Nacho Vigalondo, candidato al Oscar hace dos años por su corto 7.35 de la mañana. «Nos conocimos el primer día de la carrera, ya estábamos diciendo estupideces y chinchándonos desde el minuto cero», asegura Nacho Vigalondo. «Más que almas gemelas somos felizmente almas antagonistas, y eso es lo bueno. Éramos los únicos miembros de la clase que ya teníamos cortos, y lo primero que hicimos fue intercambiarlos. Y a los dos nos encantó lo que hacía el otro». La amistad continúa igual, por supuesto. «Nunca he hecho ningún proyecto sin consultarlo antes con Borja, y lo mismo hace él. Creo que somos diferentes, aunque sí hay rasgos de humor parecidos, y a los dos nos gusta el cine clásico y no nos gusta que los recursos formales estén por encima de la historia. En la universidad decíamos que los cortos de Borja eran de una elegancia sucia, y los míos, de una suciedad elegante», explica Nacho, que está terminando su primer largometraje, Los cronocrímenes. Entre los cortos en vídeo que hizo Borja en esa época, estaba Cupidos ásperos, en el que no dudó en utilizar como protagonista a su querida Agustina , la señora que les ha cuidado en casa toda la vida.

La otra cuadrilla

Nacho le presentó a Alejandro Tejería, quien cuando Borja Cobeaga se convirtió en guionista y director de Vaya semanita, en los primeros y difíciles tiempos del programa, conoció una enorme popularidad. Ahora Alejandro es, junto a Mariví Bilbao y Ramón Barea, protagonista del corto nominado. «Esto de trabajar con amigos y que les nominen al Oscar, es la situación ideal. Aunque cuando estamos trabajando, cortamos enseguida las risas de colegas», afirma Alejandro.

La cuadrilla de asentamiento bilbaíno, en número de catorce o quince jovenzuelos, se presentó un día en casa de los Cobeaga, para poder ir a ver las películas del Festival de Cine. Pusieron sus tiendas de campaña en el jardín, y Carmen se encargaba de darles de desayunar a todos cada mañana. A los padres también les han tocado otras faenas: «Cuando en Vaya Semanita no tenían dinero para contratar extras», recuerda el padre, «me llamaba y me decía: 'Jefe, vente con algunos amigos, que tenéis que hacer de txikiteros. Y allí íbamos». Aún los txarainas y la cuadrilla del pimple no se habían hecho tan populares como luego lo fueron.

Cuando aún no había terminado la carrera, Borja ya empezó a trabajar en televisión, primero en ETB, luego en TVE en La escalera mecánica, y sobre todo en Tele 5, de realizador de Gran hermano. «Tenía que manejar treinta cámaras y yo le decía, '¿pero tú sabes hacer eso'? Me respondió que ya aprendería. Y toda esa experiencia le ha venido muy bien», comenta Carmen.

Su primer corto en cine completamente profesional, La primera vez, ya fue candidato a los premios Goya. No ganó, pero para entonces el corto ya había cosechado 35 premios en festivales de todo el mundo. Ahora, con Éramos pocos, ya van 70 premios. Y sin contar con la posibilidad de que le den el Oscar.

Pero, ¿como ha llegado ese chico de Jai Alai a ser candidato al Oscar? Una parte importante está en Kimuak, el programa del Gobierno Vasco para promocionar cortometrajes en el extranjero. «José Luis Rebordinos y Txema Muñoz han hecho un trabajo impresionante con la distribución de los cortos», afirma el padre de Borja, «han estado pendientes de él desde el principio, no ha tenido que preocuparse de nada.

El responsable de Kimuak, Txema Muñoz, explica que «para que haya llegado hasta el Oscar, lo más importante fue el premio del Festival de Aspen, que es uno de los más prestigiosos de Estados Unidos, y supone entrar directamente en la carrera de los Oscar. Ellos se fijan en los ganadores de unos 60 festivales de todo el mundo, que entran en el proceso de selección de los Oscar. Pueden ser unos 150 cortos». En Aspen, como en muchos otros festivales, ya ven Kimuak como un sello de garantía de calidad, y son los propios organizadores los que piden ver los cortos vascos cada año.

Pero luego están los propios méritos de Borja. Nacho Vigalondo lo tiene claro: «De Borja admiro la capacidad comunicativa, su eficacia con el público es envidiable, sabe conectar muy bien, pero nunca por la vía fácil». Para Sergio Barrejón, coguionista de Éramos pocos, «Borja tiene una vista increíble para retratar personajes muy reales y muy humanos, y es muy sutil para sacar humor de situaciones dramáticas. Es capaz de divertir con el drama y de conmover con la comedia». Sergio y Borja escribieron juntos el guión de Éramos pocos, «pero la idea original y los personajes son suyos, que quede claro, yo he aportado la parte más técnica del guión. Borja suele decir que él es el loco, y yo el cuerdo».

Para Alejandro Tejería, ese papel de hijo en Éramos pocos era la ocasión de un nuevo registro. «Era un trabajo mucho más serio, no era la chufla de Vaya semanita. En el corto está todo muy medido. La situación de los personajes es muy dramática, aunque Borja decía que era como un capítulo de Los Simpson. Borja es muy gracioso, pero se come más marrones y trabaja más que nadie, siempre en primera línea de batalla, y por eso se gana enseguida el respeto de todo el mundo», asegura Alejandro. Txema Muñoz apunta otro matiz: «Nunca se olvida de la gente que tiene a su alrededor».

La casa de Juan Carlos Eguillor se convertirá el día 25 en el centro de reunión de familiares y amigos para ver los Oscar. Nacho Vigalondo, que ya estuvo sentado en el Kodak Theatre hace dos años, sólo tiene un consejo para Borja: «Que vaya a pasárselo bien y que, en el momento que digan su nombre, piense en algo gracioso, para que su sonrisa parezca sincera. Por ejemplo, en aquella mañana en que estaba dormido en el sofá aferrado a una litrona. Le moví un poco para que se levantara, y él me dio un tortazo, yo le di otro más fuerte, y de repente nos estábamos pegando y no sabíamos por qué. Seguro que ahora le hace gracia».

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