¿Y ahora qué, señor Lefevere?

BENITO URRABURU

Cuando las bombas no le caen a uno encima la preocupación, da lo mismo el asunto, siempre termina por minimizarse. Es lo que lleva pasando desde hace mucho tiempo en el mundo del ciclismo, donde los males ajenos suelen servir para que otros obtengan beneficios, bien en forma de patrocinadores o de fichajes de corredores, o por regodeo.

Lo penúltimo -este asunto no se va a terminar nunca- es el reportaje publicado por el periódico flamenco Het Laatse Nieuws, un medio que mima el ciclismo -organizan la Vuelta a Flandes, entre otras pruebas- en un país que siente pasión por este deporte, que ha dejado al presidente de la Asociación Internacional de Grupos Deportivos, Patrick Lefevere, en una situación muy comprometida, por no decir delicada.

Siguiendo los últimos movimientos que ha habido en este deporte, Lefevere tendría que dimitir no sólo de su cargo en la asociación de grupos, sino también en el Quick Step. El pasado de cualquier persona es algo que no se puede borrar fácilmente y en el mundo del ciclismo, muchos de los que mandan hoy en día en un buen número de equipos rezan para que nadie investigue quiénes eran hace quince o veinte años. Alguno, incluso, tiene mucha suerte de estar vivo.

La memoria no existe cuando se trata de defender sueldos millonarios y no se hace nada por intentar reconducir este deporte. Es más cómodo cobrar y ahuecar el ala, por si acaso, que tratar de buscar soluciones serias.

¿El equipo de Léfévere tendría que ser expulsado del ProTour? ¿Le tendrían que prohibir a él acudir a las tres grandes? ¿Si el Tour actuó en otros casos por informaciones periodísticas para dejar a determinados equipos y corredores fuera de su prueba ¿tendría que hacer ahora lo mismo?

La hipocresía en este mundo alcanza cotas alarmantes. No hay nadie, ni equipos, ni corredores, ni organizadores, ni la UCI, que tenga el valor de sentarse de una vez y tratar de poner freno a este desaguisado.

La alta competición, y el ciclismo lo es, ha tenido desde siempre y continúa manteniendo una exigencia que le convierte en algo propicio para recurrir a las ayudas de todo tipo con el fin de mejorar el rendimiento. Se ha ido tan lejos que se ha sancionado, criminalizado y desterrado a personas que nunca han dado positivo en un control, que es el único baremo por el que nos podemos regir. Lo demás son especulaciones, chapuzas o venganzas personales.

Los dirigentes del ciclismo no arreglan nada, no se aferran a la verdad de este deporte, que no es peor que otros, ligas americanas incluidas, mientras continúa desangrándose.

¿Y ahora qué, señor Lefevere? ¿Quién miente? Usted, que fue uno de los instigadores principales, desde su puesto, para dejar fuera del Tour a corredores y equipos, para lapidar a Manuel Saiz, para expulsar al Discovery Channel de la asociación de grupos, para impedir que Iván Basso, y otros, corran el ProTour, ¿qué va a hacer?

¿Por qué tenemos que creerle a usted y no a los otros? El ciclismo es bastante más que muchos de sus dirigentes. Nadie se va a privar de las sensaciones que se tienen cuando se va en bicicleta, de lo que se disfruta, de su belleza.

Quienes siguen mandando en el ciclismo se olvidan que han dejado muchos cadáveres en el camino, también en este país, y no todos olvidan, ni perdonan, lo que les han hecho, despojándoles de su trabajo, de su vida, arrojándoles al descrédito personal.