El régimen franquista, a referéndum

MIKEL G. GURPEGUI
Una imagen de las votaciones del referéndum del 14 de diciembre de 1966./
Una imagen de las votaciones del referéndum del 14 de diciembre de 1966.

La Jefatura Nacional del Movimiento corresponde con carácter vitalicio a Francisco Franco, Caudillo de España. Al cumplirse las previsiones sucesorias, pasará al Jefe del Estado y, por delegación de éste, al Presidente del Gobierno».

Así lo establecía una disposición transitoria de la Ley Orgánica del Estado, aprobada en referéndum un día como hoy, 14 de diciembre de 1966. Bajo la apariencia de una constitución, suponía poco más que una actualización por escrito de los fundamentos del régimen franquista. Como comentó entonces en entrevista a DV un catedrático de Derecho Político, la Ley Orgánica del Estado «ni es tan radical como algunos esperaban ni tan superficial como algunos creen».

En todo caso, aunque fuese poco más que una puesta sobre el papel de lo que ya había en la dictadura, hoy llama la atención ver en aquel contexto urnas y toda la parafernalia de la supuesta democracia. Ante lo inhabitual de acudir a votar en aquellos años, el periódico detallaba los pormenores del sistema de voto y aclaraba la más mínima duda. «Todos los ciudadanos españoles mayores de veintiún años, sin distinción de sexo, estado o profesión, tienen el derecho y la obligación de tomar parte en la votación del referéndum, emitiendo libremente el sufragio a favor o en contra del proyecto legislativo consultado».

La Iglesia tomó una postura neutra, recordando «la obligación que tiene cada uno de asumir en conciencia su responsabilidad, informándose convenientemente, actuando con reflexión y orientando su voto libre (...) a promover el bien común».

Por supuesto, la legislación franquista fue aprobada mayoritariamente. En Gipuzkoa, según informó DV, votó el 76% de los electores. De ellos, el sí obtuvo el 87,2% y el no, el 4,24, mientras que los votos nulos llegaron hasta el 8,5 por ciento. Al día siguiente daría una rueda de prensa con los resultados el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga.

De las crónicas aparecidas hace cuarenta años en este periódico, nos quedamos con los detalles, algunos de ellos clásicos en posteriores votaciones: «Las religiosas de clausura acudieron a las urnas. Una de las primera mujeres que votó en Ávila fue doña Benigna Medrano, de 103 años de edad». El Hospital Provincial se constituyó en colegio electoral. Y los cerca de 800 soldados de la guarnición de San Sebastián, «formando pelotones, se acercaron a las urnas» para votar en Loyola.

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