Un nuevo habitante de la plaza del Ensanche

La figura de bronce de Pío Baroja vivió ayer su primera jornada entre los vecinos de la ciudad

IÑIGO MORONDO
Una niña se abraza a la figura del escritor Pío Baroja. [F. DE LA HERA]/
Una niña se abraza a la figura del escritor Pío Baroja. [F. DE LA HERA]

IRUN. DV. La acera que comparten la plaza del Ensanche y el paseo de Colón siempre está concurrida. Hay quien desvía unos metros su trayectoria sólo para saludar, con un afectuoso golpecito en la manga de su chaquetón, a Pío Baroja, cuya figura en bronce reside desde el lunes en la plaza.

Seguramente el Baroja de carne y hueso no asumiría tanto trasiego con el estoicismo de su representación urbana. «Tenía fama de uraño y cascarrabias», comentaba junto a la estatua Josetxo Martínez. «Fue un mal médico, un mal panadero y un gran escritor que tiene merecidísimo un homenaje como éste». Cree que su carácter le llevó a ser «denostado por la Iglesia y la clase política y por eso nunca ha gozado, hasta ahora, del reconocimiento que merece como literato». Este ciudadano ve un gran acierto en el gesto del rostro, «pero el abrigo, la bufanda y el sombrero le sientan como a mí unas pistolas. Era un desaliñado que siempre iba con boina».

El caso de Josetxo era excepcional. La mayor parte de la gente tenía un conocimiento «de oídas» y los más jóvenes, claro, ni eso. Agustín, Óscar y Juan aún no han cumplido diez años y ayer pegaban patadas a un balón en la plaza. No saben quién era Pío Baroja, pero su estatua les gusta «como adorno, porque queda muy chulo». Prometen que la figura no corre «ningún peligro» por su parte y que no habrá balonazos que le pasen ni cerca. Nunca juegan hacia ese lado porque el balón podría salir a la carretera.

Pero la norma no es ni lo uno ni lo otro. La mayor parte de la gente se acerca, lee la inscripción que rodea la efigie del escritor y si se le pregunta reconoce tres cosas. En primer lugar que claro que saben quién es Baroja, en segundo que todo lo que sea embellecer la ciudad es una gran idea y por último, esto sólo en la mayoría de los casos y no en todos, que no han leído nada de su obra.

En compañía

En cualquier caso, Don Pío no va a estar mal en su nueva ubicación porque le no faltan en la ciudad amigos y admiradores, como Josetxo Martínez, o como Ofelia Aldabe. «Esta mañana le he dicho a mi marido que me iba a la plaza del Ensanche. Me ha preguntado que a qué iba y le he dicho que a hacerle compañía a Baroja, para que no esté sólo. Se ha venido conmigo».

Cada día van a ser muchos los que lo vean en su pose caminante y nos recordará a diario las aventuras que aguardan en los libros que escribió. Éste, mejor que ningún otro, es el momento de buscarlos, recuperarlos y releerlos quienes los conozcan, o conocerlos quienes no los han leído.