Semillero de trabajadores selectos

La histórica Escuela de Aprendices de la Unión Cerrajera se fundó un cinco de octubre del año 1939

KEPA OLIDEN
Semillero de trabajadores selectos

ARRASATE. DV. La legendaria Escuela de Aprendices de la Unión Cerrajera, semillero de los hombres que en décadas posteriores conducirían a Mondragón a su esplendor industrial y prosperidad económica, hubiera cumplido 67 años de vida de haber existido el pasado 5 de octubre. La fecha no es baladí. Esta obra social de la antigua UCEM se fundó precisamente en el quinto aniversario de la fracasada Revolución de Octubre, que se saldó con la muerte, entre otros, de Marcelino Oreja Elósegui, a la sazón director general de la Unión Cerrajera y principal impulsor de la Escuela de Aprendices que no llegó a conocer.

Fue su hermano y sucesor Ricardo Oreja quien, en 1939, recién consolidada la victoria franquista en la guerra, materializaba la idea concebida por el fallecido Marcelino, inaugurando la que sería la primera escuela profesional de Mondragón.

La Escuela de Aprendices de UCEM abriría sus puertas en un contexto social de revanchismo político, donde los principios pedagógicos impuestos por el nuevo régimen marcan la pauta en el objetivo de «formar al hombre» lejos del «desequilibrio moral, consecuencia del liberalismo materialista, que empequeñeció a los hombres reduciéndolo todo a fines utilitarios». En clara alusión a los tiempos de la extinta II República, la Memoria de 1945 recalca que «nada se hizo para formar al hombre, sino todo lo contrario. Con toda su ignorancia se le abandonó a todas las propagandas, y en aquel mercado libre de ideas en el que se le ofrecían de todas clases, y sobre cuyo alcance no tenía en su ignorancia base para juzgar, se acogió a las que más le deslumbraron, y en consecuencia fue: el marxismo primero, luego el comunismo y por último, la revolución social». Afortunadamente, los dirigentes de la época se muestran condescendientes con la clase trabajadora cuando afirman que «no podíamos pedirle al obrero otra cosa distinta de la que entonces hizo; la culpa no fue suya, fue única y exclusivamente de quienes le abandonaron».

Con el propósito de «educar al pueblo para evitar la repetición de otra catástrofe como la que lamentamos», el 5 de octubre de 1939 iniciaba su andadura la Escuela de Aprendices en un antiguo almacén reacondicionado de la Unión Cerrajera.

La solemne inauguración celebrada aquel día, con la asistencia del gobernador civil, el Consejo de Administración, directivos de UCEM y los primeros alumnos del centro, no tuvo lugar exactamente en el edificio que hoy conocemos como la Escuela de Aprendices, y donde actualmente tiene su sede Arrasate Musikal.

La primitiva Escuela de Aprendices se abrió en un antiguo almacén de los tiempos de Vergarajáuregui, Resusta y Cía, un edificio que quedó disponible al construirse un nuevo y moderno almacén justo a su izquierda, en paralelo a la orilla del río Deba.

Curiosamente, una de las medidas adoptadas para reacondicionar el viejo almacén consistió en desviar la vía del ferrocarril que atravesaba por el medio del edificio. Un ramal ferroviario permitía a la Cerrajera realizar labores de carga y descarga en el interior del almacén. Con la entrada en servicio del nuevo almacén, este ramal fue desviado al pabellón recién construido.

Hasta duchas

El antiguo almacén en el que inició su andadura la Escuela de Aprendices no tardó en ser reacondicionado. Antes de que transcurrieran 5 años, la Unión Cerrajera remodeló completamente el pabellón, y le dio el aspecto que hoy por hoy podemos observar. «Era preciso que la Escuela contara con unos locales apropiados, alegres y cómodos, donde los chicos se acostumbren a ser limpios y ordenados», según reza en la Memoria de 1945, que alguien rescató de contenedor de basura hace algunos años e hizo llegar a José María Ormaetxea. Este, antiguo alumno de la Escuela, posterior jefe de la fundición de UCEM con 19 años y uno de los fundadores de MCC, guarda este documento como oro en paño.

En la planta baja del reacondicionado edificio se alojaron el taller, el laboratorio y las duchas, algo de lo que la inmensa mayoría de los alumnos carecía en sus casas. En la primera planta radicaban la sala de dibujo, cuatro aulas, la biblioteca y salas de recreo y música. «Todo ello muy necesario para que estos chicos, en las horas libres, tengan un local donde recogerse en lugar de andar vagueando por las calles o metidos en la taberna» como se lee en la citada memoria.

La edad de ingreso en la Escuela era de 14 a 15 años, y el acceso estaba reservado a obreros de la Unión Cerrajera, o hijos de los mismos, y encima mediante concurso. Los jóvenes aprendices estaban llamados a convertirse en una «minoría de obreros selectos que, además de elevar el nivel técnico del taller (UCEM), pueden ir variando el tono de vida y costumbres en el pueblo». Y a fe que algunos lo lograron.

Los fundadores de la experiencia cooperativa, todos ellos ex alumnos de la Escuela, son buena prueba de ello. Su fruto, desde luego, fue mucho más allá del taller de la Cerrajera. Más aún fueron la semilla del grupo industrial que tomaría el relevo a la legendaria Cerrajera durante la segunda mitad del siglo XX.

92 aprendices

Bajo la tutela de un cuadro de profesores compuesto por 2 viatoristas y técnicos de la empresa, el número de aprendices que para 1945 habían salido de la Escuela se elevaba a 92.

Salvo los alumnos de primero, que por no tener carácter de aprendices, no perciben ninguna retribución, al resto se les hacía un contrato y se les abonaba un jornal.

El curso lectivo se prolongaba desde el 1 de setiembre al 31 de julio.

Por último, y con respecto al edificio de la Escuela de Aprendices, el inmueble, que se halla fuera de ordenación, o sea, destinado a la demolición, ya no es propiedad del ayuntamiento. El consistorio ha cedido su titularidad a la SPRI en permuta por unos terrenos cedidos a su ver por esta agencia para la promoción y reconversión industrial del Gobierno Vasco para construir la promoción de VPO de La Caixa. Con respecto a la Escuela, los más probable es que sus actual propietaria -la SPRI- termine vendiendo la parcela a algún constructor.

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