«Los corsarios vascos no eran Robin Hood»

Autor de uno de los artículos del quinto tomo de 'Itsas Memoria', el historiador explica los factores que rodearon al corso en el País Vasco.

ALBERTO MOYANO
El historiador Enrique Otero Lana, con el volumen de Itsas Memoria, ayer en el Museo Naval donostiarra. [LUSA]/
El historiador Enrique Otero Lana, con el volumen de Itsas Memoria, ayer en el Museo Naval donostiarra. [LUSA]

El historiador Enrique Otero Lana firma uno de los 41 artículos que conforman el quinto volumen de Itsas Memoria-Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, dedicada en esta ocasión a la Guerra marítima, corso y piratería. Otero Lana considera que Donostia fue la principal plaza corsa de la Península Ibérica y una de las más importantes de Europa.

- Después de leer su artículo, a uno le surgen dudas sobre si los corsarios vascos se merecen el nombre de una calle donostiarra.

- Siempre es discutible. En principio, cuando uno se dedica a estudiar un tema termina amándolo aunque sea el bacilo de Koch. Si hay una plaza de los soldados, ¿por qué no va a haber una calle de los corsarios? Al fin y al cabo, es una forma de guerra que, aunque sea llevada a cabo por particulares, es a favor y con permiso de la Corona. Sería más discutible una calle para los piratas. Los corsarios estaban dentro de la ley y, como todos, luchaban por su beneficio ya que el saqueo solía complementar la soldada de los militares.

- La gente puede confundir a piratas, corsarios y filibusteros.

- La diferencia primordial es que el corsario necesita una patente de la Monarquía -en el caso de España- o de la República -como Holanda o Génova-. Además, sólo ataca a los barcos enemigos en tiempo de guerra o a los navíos neutrales que llevan contrabando bélico. Por último, en el caso del corso, un juicio debe corroborar que la presa ha sido correcta. Los piratas actúan sin permiso, sin bandera y atacan a todo barco que se encuentran por delante. Los filibusteros no tienen permisos pero se centran en atacar a los españoles porque eran los más ricos.

- ¿Cuándo surge el corso en Gipuzkoa?

- En la baja Edad Media, posiblemente ya había barcos mercantes bastante armados y con una patente que les permitía atacar a algún navío más débil que se encontraran por el camino. El corso más profesional aparece a mediados del siglo XVI y tendrá su máximo desarrollo en el siglo XVII. El guipuzcoano dura hasta bien avanzado el siglo XVIII y luego entra en decadencia. Tenemos que ver el corso como una inversión capitalista por parte de los armadores. Armar un buque de guerra era muy caro. Había asociaciones de armadores en comandita simple para fletar un buque corso. Además, era una inversión a largo plazo porque las presas neutrales conllevaban un juicio que podía prolongarse un tiempo y retrasar el reparto de beneficios.

- ¿Funcionaba el esquema capitalista de a más riesgo, más ganancias?

- Era claramente un sistema capitalista, más arriesgado que el industrial y otros posteriores. En aquel momento, era el único posible, sobre todo en estado de guerra, porque el comercio estaba medio colapsado.

- Donostia y Hondarribia, ¿llegaron a ser los dos puertos corsos más importantes de la Península?

- Desde luego. San Sebastián llegó a tener más de un tercio de los barcos que se estaban armando, con la ventaja de que conseguían más presas porque estaban más preparados. En cuanto a Hondarribia, fue siempre importante, aunque dependiendo de las épocas.

- ¿Quiénes eran los guipuzcoanos que se embarcaban en los navíos corsos?

- Bueno, desde luego, eran valientes y aguerridos...

- ¿Seguro? En su artículo relata un par de anécdotas que apuntan más bien en dirección contraria.

- En su momento lo eran, aunque no buscaban el peligro por el peligro. No eran imprudentes, pero cuando era necesario sacaban el valor de donde fuese. Si había que abordar un barco, el primero que saltaba corría el riesgo de morir y, sin embargo, lo hacía.

- ¿Eran marineros reciclados?

- Había de todo: marineros en busca de sueldos más altos, gente traída de la Santa Iglesia a los que metían en los barcos como soldados e incluso aparecen vascofranceses que vienen a servir a España, sobre todo de Bayona. También hubo malteses y venecianos. El corso atraía a gente de toda Europa..

- ¿Qué repercusiones tuvo la actividad corsaria en la economía guipuzcoana?

- No hay que exagerar porque el comercio se mantenía, absorbiendo bastantes marineros. Además, gracias al corso, se vuelven a lanzar expediciones a Terranova. No afectaba mucho a la economía de la provincia, aunque sí algo más a la de San Sebastián. Sabemos que al principio de la Guerra de la oreja de Jenkins (1739-1748) acudían comerciantes extranjeros para comprar todos los productos que traían los corsarios donostiarras. De forma secundaria, afectaría a tabernas y posadas porque los marineros se alojaban en ellas, que eran el equivalente a los hoteles pobres de ahora.

- ¿Qué nos falta por saber sobre este período y esta actividad?

- La investigación nunca termina. Creo que he dado una visión general que puede servir para las siguientes investigaciones.

- Pero ¿se puede decir que lo fundamental ya lo sabemos o aún es posible que surjan datos y documentos que alteren nuestra visión del corso guipuzcoano?

- Francamente, no lo creo, pero tampoco lo descarto. He vaciado el Archivo de Simancas y, en ese sentido, no creo que pueda variar la visión del corso guipuzcoano, aunque sí pueden surgir datos sobre aspectos concretos. Por ejemplo, ¿cómo se inicia el corso en San Sebastián? Es una cosa que no está demasiado clara. Sabemos que el comercio aumenta al principio de la Guerra con Holanda. Da la sensación que los armadores que comercian con Francia e indirectamente con Holanda eran una minoría. Los otros armadores, excluidos de ese comercio, arman barcos de corso. Es sólo una hipótesis.

- ¿Están idealizados los corsarios?

- Sí, eso siempre pasa, igual que la piratería. Los piratas eran gente que no admitiríamos en una sociedad normal, más asesinos que otra cosa, pero la idealización de las novelas hace que les tengamos simpatía. Un aspecto negativo de los corsarios era que practicaban el pendolaje o saqueo de los bienes de los marineros del barco contrario, que teóricamente quedaba reducido para aquéllos que habían ofrecido resistencia, pero que finalmente se hacía con todos. El pendolaje no era como Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, sino que eran unos pobres robando a otros pobres. Estaban abusando de gente que se embarcaba como forma de vida y que tenía más dificultades para vivir que los propios corsarios.

- ¿Cuál fue la causa de la decadencia del corso vasco?

- Fueron varias: en el siglo XVIII, el comercio ofrece más posibilidades económicas, las guerras bajan de tensión y el corso no tiene un beneficio tan constante como en el XVII. Además, hay una mejora de las inversiones en agricultura y el hecho de que se mantengan las fronteras interiores favorece un desarrollo agrícola.