1.903. El nacimiento de La Gota de Leche

MIKEL G. GURPEGUI
Imagen de La Gota de Leche en los años 40. Sor Teodora, una madre y su bebé, en la sala de helioterapia./
Imagen de La Gota de Leche en los años 40. Sor Teodora, una madre y su bebé, en la sala de helioterapia.

Hace un siglo y tres años, abría sus puertas en un pabellón del mercado de San Martín La Gota de Leche de San Sebastián. Aquella institución, que empezó su andadura exactamente el 30 de septiembre de 1903, se ha mencionado en algunas ocasiones como la primera de ese tipo del Estado, pero en realidad fue la segunda.

Así lo afirma José María Urkia Etxabe en su libro Cien años de medicina en Gipuzkoa: «Se ha dicho y escrito que fue la primera de España, si bien, poco antes que la de nuestra ciudad se inauguró la de Barcelona, bajo la dirección de los médicos Cardenal, Girona y Soler. La originalidad del centro donostiarra estuvo en que incorporó una consulta de pediatría».

La idea original de las gotas de leche procedía de Francia, donde a fin de siglo empezaron a montarse instituciones de este tipo para atajar los problemas de desnutrición y la alta mortalidad infantil entre todas aquellas familias que no podían permitirse el lujo de tener nodriza. El médico Dupont había creado la primera gota de leche en 1894.

Entre nosotros, la creación de este servicio para lactantes, completado con un consultorio para niños pequeños, fue promovida por el diputado provincial Tomás Balbás. Supuso la primera obra social conjunta de las dos cajas de ahorro, la municipal y la provincial.

La reina madre María Cristina presidió la inauguración, el 30 de septiembre de 1903. Inicialmente La Gota de Leche se encontraba junto al mercado de San Martín, en la calle Loiola. Sin embargo, muchos la ubicamos en la que sería su sede durante años, en la esquina de San Martín con Getaria, donde ahora se ubican las oficinas de la Obra Social de la Kutxa. En La Gota de Leche se desnataba y esterilizaba la leche procedente de las vacas que había adquirido la Diputación. El litro se vendía a 20 céntimos y era gratis para quienes no pudiesen pagarla.

Urkia Etxabe recoge el testimonio de Carmen Castro, viuda de Zubiri, sobre el servicio: «Año 1912. Año del tifus. Nací asustantemente depauperada. Mi abuelo (el doctor Juan Medinaveitia) decidió que se buscase por el país un ama. Mi padre rechazó el que, por su criatura, madre alguna dejara de amamantar a la suya. ¿No podría criarse su niña, como otros niños humildes del país, puesto que ya existía La Gota de Leche? El abuelo tuvo la idea por excelente y dio a La Gota oportuna y sabia receta para mis biberones».

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