«Mataron a mi aita y nunca más hemos vuelto a ser una familia»

La voz de las víctimas ha sido las protagonista del Día de la Memoria en San Sebastián / Jose Mari López

Cinco hijas de víctimas del terrorismo y la violencia protagonizan el acto del Gobierno Vasco por el Día de la Memoria en San Sebastián

A. González Egaña
A. GONZÁLEZ EGAÑA

Cinco hijas de asesinados por el terrorismo y la violencia «que cuentan con reconocimiento legal» han sido protagonistas del acto central del Día de la Memoria celebrado en el Palacio Miramar de San Sebastián, en el que el lehendakari ha abogado por «no compensar ni minimizar» ninguna violencia. Iñigo Urkullu ha afirmado que se trata de una jornada para que las instituciones «se reiteren en la autocrítica» y ha reconocido que, hasta primeros de los años 90, «llegamos tarde a la causa de las víctimas». Ha destacado la importancia de que los criterios éticos de «no diluir, no legitimar y no excluir» enmarquen el reconocimiento del Gobierno Vasco a las víctimas.

Cinco mujeres han dado testimonio del vacío y el sufrimiento que vivieron sus familias tras los asesinatos de sus padres. Han recalcado que en los últimos años la sociedad vasca ha dado grandes pasos, pero que todavía queda mucho camino por recorrer en materia de convivencia y reconocimiento. Con «el mismo sufrimiento» han conversado sobre el «silencio, el olvido y la convivencia», en presencia de una amplia representación política y acompañadas desde el público por decenas de víctimas. Cada una ha puesto voz a años de dolor. Ainara Olaciregui, que ha hablado por primera vez en público y con la voz entrecortada ha recordado como su aita, Eugenio Olaciregui, tenía 39 años y aquel 30 de enero de 1997 «recibió un tiro debajo de casa cuando iba a trabajar. De la noche a la mañana, tu vida cambia y tu familia se rompe». Jaione, hija de Alfredo San Sebastián, víctima del disparo a corta distancia de un guardia civil de paisano en junio de 1975 ha resumido lo que significó la pérdida de su padre los primeros años de su vida: «Mi aita era una lápida en un cementerio».

En el caso de Sandra Carrasco, hija del que fue edil socialista de Arrasate, asesinado el 7 de marzo de 2008, ha recordado que ella «tenía una vida, tenía unas amigas… Pero cuando le mataron, ya nunca volvió a ser igual». A lo largo de estos años ha tenido que aprender a vivir con el dolor. «Estando en la cabina del peaje me han llegado a preguntar: ¿Tú eres a la que han hecho la putada? Pero cuando les dices que sí, no hay nada. No te dicen nada», se ha sincerado. Naiara, hija del edil del PP de Errenteria Manuel Zamarreño, ha confesado que para su familia supuso «una ruptura total». «Nunca más hemos vuelto a ser una familia. Nadie te dice nada, nadie te anima, nadie te da un gesto de cariño, un abrazo, nadie te llama por teléfono para ver cómo estás...». Naiara Zamarreño ha llegado a sentirse, confesaba, como «una apestada» en su pueblo. Maider García ha reivindicado un reconocimiento para su padre. «Si vamos a construir un futuro esperanzador en paz y en convivencia, necesitamos y nos merecemos ese reconocimiento, sino para mí se va a quedar cojo», ha reclamado. La hija de Juan Carlos García Goena, la última victima de los GAL ha recordado el miedo con el que durante muchos años vivió su madre. «Dormíamos en la misma cama y debajo había diferentes objetos para defenderse, cuchillos....», ha rememorado.

Al acto no ha asistido al PP, que se ha desmarcado de todos los homenajes institucionales y ha organizado el suyo propio en Irun.

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