Urkullu y Torra constatan los diferentes «ritmos» de Euskadi y Cataluña y no ven una salida común

Urkullu y Torra, en Vitoria./EFE
Urkullu y Torra, en Vitoria. / EFE

El lehendakari llama a la «distensión» para promover que una mayoría del Congreso que favorezca una «solución acordada» para Cataluña, pero el presidente catalán deja claro que solo piensa en la independencia

Miguel Villameriel
MIGUEL VILLAMERIELVitoria

«Lo esperado». La frase con la que un colaborador de Iñigo Urkullu dejó Lehendakaritza demuestra que las diferencias que mostraron el lehendakari y el presidente de la Generalitat, Quim Torra, en su primera reunión oficial entraban dentro de lo previsible. En el almuerzo que ambos mandatarios compartieron en Ajuria Enea no faltaron «la cordialidad y la franqueza», como destacó el propio Torra, pero esa sinceridad solo podía llevar a constatar que los caminos que defienden las instituciones vascas y las catalanas en estos momentos están muy distantes. Fue también Torra el que lo expresó con claridad: «Los ritmos del pueblo catalán y del vasco no son exactamente los mismos, aunque el objetivo final pueda ser similar. Nosotros estamos en un proceso de independencia desde hace años, aunque nos miramos con respeto».

El lehendakari era consciente de que delencuentro de no iba a salir una unidad de acción con las instituciones catalanas en ningún caso, aunque a pesar de ello quiso plantar la semilla para una «solución política» que podría desarrollarse en el medio o largo plazo, y que tendría la potencialidad de resolver las aspiraciones de mayor autogobierno de Cataluña y Euskadi. En la comparecencia conjunta tras el almuerzo, Urkullu hizo un llamamiento para aprovechar la mayoría que permitió a Pedro Sánchez ganar la moción de censura contra Rajoy «como un cauce de solución, si existe voluntad política para ello». Con esa idea, reclamó tanto al Gobierno español como a la Generalitat que fomenten una «distensión» que favorezca la búsqueda de una «solución dialogada» al conflicto catalán. Aventuró incluso que ambas partes pueden ser partidarias de esa distensión.

El problema es que, acto seguido, Torra no dio muchas muestras de creer en la salida planteada por Urkullu. Aseguró que, por parte del soberanismo catalán, nunca se negará la posibilidad de diálogo con el Estado –«nosotros siempre llevamos la bandera del diálogo», afirmó–, pero al mismo tiempo advirtió que cuestiones como la posible reforma del Estatut que podría plantear Sánchez son «una pantalla pasada» tras el referéndum del 1-O y la posterior declaración de independencia. Torra ofreció al presidente del Gobierno mantener una reunión entre los ejecutivos de España y Cataluña en diciembre en Barcelona, pero para hablar de la liberación de los «presos políticos» y la materialización del «derecho de autodeterminación».

Las diferencias en los discursos de ambos dirigentes eran tan palpables que el lehendakari fue cuestionado sobre si le había trasladado a Torra su advertencia de la «fractura social» que puede provocar una vía unilateral hacia la independencia. Evitando pisar muchos callos, Urkullu respondió que «el derecho a decidir o derecho de autodeterminación no solo está enfocado a la independencia. Yo abogo por un derecho a decidir de manera legal y pactada, a través también de una directiva de claridad en el seno de la Unión Europea». También llamó a «diferenciar lo que es la voluntad de más autogobierno, que es legítima y debe buscar el bien común de una sociedad plural, de una posible fractura social, que depende de cómo se utilicen esas aspiraciones legítimas».

En su intento por encontrar soluciones políticas al conflicto catalán y a la aspiración de más autogobierno para Euskadi, el lehendakari rescató los principios de la Declaración de Barcelona que firmaron en 1998 el PNV, CiU y BNG. Aseguró que, veinte años después de aquel acuerdo, «se mantienen vigentes» cuestiones como la necesidad de articular un Estado «plurinacional» y de reconocer las diferentes «realidades nacionales» que existen en su seno. «Sigue siendo imprescindible afrontar esa vía», enfatizó Urkullu, mientras Torra volvía a poner cara de «pantalla pasada».

Solidaridad

A pesar de las diferencias políticas de fondo que Urkullu y Torra mostraron en la rueda de prensa posterior a su almuerzo, ambos mandatarios también se esforzaron por resaltar puntos de encuentro. El lehendakari destacó que la reunión había servido para lograr «un compromiso de trabajo en común» entre el Gobierno Vasco y la Generalitat que se había visto menguado tras la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Urkullu aprovechó para enviar su «solidaridad» a los dirigentes soberanistas presos y recalcó que «no tiene sentido» mantenerles en prisión provisional, por lo que reclamó su liberación. También subrayó la «mutua preocupación» que compartió con Torra por la aplicación del artículo 155 en Cataluña, «que supone un menoscabo para el autogobierno» y se convierte en un «precedente» que «también pone en riesgo el autogobierno vasco».

El presidente de la Generalitat, por su parte, se prodigó en elogios hacia «el pueblo vasco». Recordó las palabras del lehendakari José Antonio Aguirre sobre que «la causa de la libertad del pueblo catalán será siempre la causa del pueblo vasco» y le dio la vuelta a la frase para afirmar que «Cataluña siempre estará al lado de Euskadi». Para Torra, tanto Euskadi como Cataluña comparten «el mismo deseo de libertad, de que se acabe la represión y de que se pueda avanzar en la capacidad de decidir nuestro futuro», por lo que enfatizó que, por su parte, siempre existirá un sentimiento de «fraternidad y solidaridad» con el pueblo vasco. «Hay muchos puntos y puentes que nos unen y la visita de hoy pretende tender puentes», señaló.

Devolver la visita

Torra invitó al lehendakari a visitar el Palau de la Generalitat en cuanto su agenda se lo permita, y también le hizo extensiva la invitación para visitar a los dirigentes soberanistas que se encuentran presos en diferentes cárceles catalanas, así como «al president en el exilio» Carles Puigdemont. Urkullu aseguró que no tiene «ningún problema» en reunirse con ellos si se lo proponen, aunque no concretaron posibles fechas.

El germen del almuerzo se encuentra, precisamente, en un malentendido que surgió entre Urkullu y Torra tras la visita del lehendakari al líder de ERC, Oriol Junqueras, en la cárcel de Lledoners a mediados de agosto.

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