Urkullu se compromete a atar la estabilidad con guiños a Podemos y el descuelgue del PP

Iñigo Urkullu y la mayoría de sus consejeros llegan al Parlamento Vasco este viernes./EFE
Iñigo Urkullu y la mayoría de sus consejeros llegan al Parlamento Vasco este viernes. / EFE

Alonso rompe con el lehendakari, que encuentra en la formación morada una inesperada mano tendida para los Presupuestos

Miguel Villameriel
MIGUEL VILLAMERIEL

Iñigo Urkullu accedió este viernes al Parlamento Vasco con la idea de mantener abiertas todas las puertas de cara a la inminente negociación de los Presupuestos vascos, aunque a media tarde dejó la Cámara con la sensación de que el PP «se ha vuelto a autoexcluir» de cualquier acuerdo, por lo que su abanico de opciones para salvar la legislatura se reduce a EH Bildu y Elkarrekin Podemos. Lo más destacado del pleno de política general, sin embargo, fue el mensaje posibilista de la coalición morada, que se erigió sin complejos en posible socio del Gobierno Vasco después de una legislatura en la que ha estado muy lejos de sostener al gabinete de coalición de PNV y PSE. Así que el lehendakari ya sabe que tendrá que mirar a su izquierda si quiere aprobar los Presupuestos del año que viene y estirar la legislatura hasta dentro de un año, que es cuando tocan las próximas autonómicas.

Urkullu se presentó ante la Cámara como garante de la «estabilidad política» y llegó a asegurar con solemnidad que no someterá a Euskadi «a la tensión política que estamos conociendo en España». Una afirmación que no está únicamente en su mano, aunque es cierto que el debate de política general que inauguró el curso vasco estuvo muy lejos de la bronca permanente en la que se ha instalado el Congreso en los últimos meses, con incapacidad para formar gobierno y repetición electoral incluidas. El lehendakari trató de alejarse de una realidad política estatal que definió como «descorazonadora», aunque tampoco dio ningún paso concreto para ganarse el apoyo de algún grupo de la oposición. Se limitó a no romper nada y la estrategia no le salió del todo mal, si se exceptúa la quiebra con un PP que fue a leerle la cartilla.

El pleno estuvo dividido en dos partes diferenciadas. En la primera, que tuvo lugar por la mañana, el lehendakari pronunció un discurso en el que realizó un balance positivo de los tres años de legislatura y desgranó los retos a los que se enfrenta Euskadi, pero sin realizar ningún anuncio concreto de cara al último año de la legislatura. Urkullu destacó, eso sí, que su Gobierno se encuentra en «alerta máxima» ante el complicado contexto político y económico que se vive en Europa y en el Estado.

Fue en la segunda parte del pleno cuando el debate de política general cogió algo de vuelo y los partidos empezaron a poner las cartas sobre la mesa. Alfonso Alonso, el primero en intervenir, dejó claro desde el principio que veía «fracasada» la legislatura de Urkullu, dando un portazo a la posibilidad de acordar los Presupuestos si el Gobierno Vasco se sigue resistiendo a abordar una reforma fiscal para «bajar los impuestos a las familias».

El lehendakari evitó dar una imagen de «autocomplacencia» en todo el debate, aunque se revolvió ante las declaraciones de Alonso y sacó pecho de la gestión de su Gobierno. «Se habla de falta de liderazgo y de legislatura fracasada, pero niego la mayor. Euskadi está mucho mejor que al inicio de la legislatura», reivindicó Urkullu. A su juicio, «el tono y los reproches de Alonso son una manera sibilina de justificar su autoexclusión».

Recogen el guante

Con las cartas del PP sobre la mesa y prácticamente fuera de la partida presupuestaria, quedaba por ver cuál era la postura de EH Bildu y Elkarrekin Podemos, ya que alguno de los dos será necesario para que las Cuentas puedan ver la luz antes de final de año. Una posición dura de ambos podría haber llenado de nubarrones el hemiciclo, pero las dos coaliciones de izquierdas recogieron el guante de Urkullu y se mostraron dispuestas a negociar. La soberanista Maddalen Iriarte condicionó los pactos a que el lehendakari prime los «acuerdos de estado» con EH Bildu en vez de «mirar tanto a Madrid», aunque más llamativa fue la disposición al diálogo mostrada por Lander Martínez, que incluso alabó al lehendakari por haber subrayado en su discurso «las mismas prioridades que le veníamos marcando nosotros desde el inicio de la legislatura». Un mensaje que le colocó de pronto en la parrilla de salida como posible socio presupuestario del Gobierno.

Más allá del debate presupuestario, Urkullu se esforzó en remarcar el papel de la política vasca como «cortafuego ante la inestabilidad permanente en nuestro entorno» en los últimos años, por lo que confió en que el curso que comienza se abstraiga del ambiente electoral que ya se respira en el Estado. El lehendakari hizo un llamamiento a los grupos de la oposición para «dialogar con voluntad de acuerdo». «La mano del Gobierno Vasco sigue tendida para ello y queremos aprobar los Presupuestos», remarcó Urkullu, que aseguró que el adelanto electoral en Euskadi no pasa en estos momentos por su cabeza.

El dirigente del PNV apuntó que los «pilares» de su Gobierno para el último año de la legislatura serán «generar actividad económica y empleo, garantizar los servicios públicos esenciales, primar las inversiones de modernización, avanzar en la convivencia y la justicia social y actualizar el potencial del autogobierno vasco». Urkullu lamentó que «la inestabilidad permanente en el Estado» está retrasando cuestiones como las transferencias pendientes o las inversiones en el TAV, por lo que calificó de «paso atrás» la confirmación de que habrá una repetición electoral en España.

Pide «realismo»

En su intervención final en el pleno, el lehendakari reclamó a los grupos de la oposición «realismo y responsabilidad» en la negociación presupuestaria ante la «delicada situación» y las «incertidumbres» que se avecinan, entre las que destacó el Brexit o la recesión a la que se acerca Alemania. Por su parte, anunció que su Ejecutivo elaborará un proyecto de Cuentas «realista, ajustado y centrado en las necesidades del país», que seguirá «primando la inversión, la innovación y el equilibrio social».

«El escenario electoral en España no va a detener nuestro proceso, en el que nuestra disposición al acuerdo es total; las puertas están abiertas», recalcó Urkullu. También garantizó a los grupos que no abandonará su «mensaje de serenidad y constancia» y que en ningún caso aceptará «ataques al modelo vasco de protección social», por lo que aseguró que las turbulencias económicas que se dibujan en el horizonte no afectarán a los servicios públicos.

Un mensaje final que puede sintonizar con EH Bildu y Elkarrekin Podemos, los dos grupos llamados a salvar la legislatura una vez que Urkullu da al PP por «autoexcluido».

Pide a EH Bildu «una revisión crítica del pasado desde la ética»

Uno de los puntos que se presentaban más polémicos del discurso del lehendakari era su apelación a EH Bildu para una «revisión crítica del pasado que incluya a ETA», aunque finalmente Iñigo Urkullu y la coalición soberanista no se enzarzaron demasiado en este punto. El máximo representante del Gobierno Vasco reclamó a la coalición soberanista liderada por Sortu que la «revisión autocrítica se realice desde una posición ética, no desde una posición táctica» porque «matar estuvo mal y punto». La portavoz de EH Bildu, Maddalen Iriarte, aseguró que su coalición «quiere avanzar en la convivencia pero sin ir contra nadie».

El lehendakari llama a «ensanchar» el nuevo estatus para hacerlo «multilateral»

Una parte relevante del discurso del lehendakari y del posterior debate que protagonizó con la oposición se centró en el futuro del autogobierno vasco y el nuevo estatus político sobre el que trabaja actualmente un grupo de expertos designado por el Parlamento Vasco. Iñigo Urkullu se mostró «ilusionado» con el texto articulado que estos cinco juristas prevén presentar antes del 30 de noviembre en la Cámara vasca y consideró que puede ser un buen punto de partida para que los grupos parlamentarios puedan «ensanchar» los acuerdos y convertir la reforma estatutaria en una «vía multilateral» que se aleje de «vías unilaterales» que no han tenido demasiado éxito, apuntó en una referencia velada a Cataluña.

El lehendakari rescató su propuesta de aprobar un nuevo estatus bajo la denominación de «Concierto Político», ya que tomaría como referencia el Concierto Económico que rige las relaciones financieras entre el Estado español y las instituciones vascas «desde la concertación y la bilateralidad», solo que enfocado a la relación política. Urkullu reconoció el «esfuerzo» que está realizando el grupo de expertos designado por el Parlamento para redactar un texto articulado de nuevo estatus -sobre las bases aprobadas hace un año por PNV y EH Bildu- y dijo compartir «una esperanza muy extendida entre la sociedad vasca, que es el deseo de que este trabajo permita ensanchar, profundizar y ampliar el acuerdo interno para avanzar en nuestro autogobierno».

La cuestión del nuevo estatus fue una de las que más debate generó en el pleno, que dejó ver diferencias incluso entre los dos socios de gobierno. La líder del PSE, Idoia Mendia, apuntó que la posición defendida por Urkullu era «la de su partido, el PNV», y pidió al lehendakari que «se olvide del modelo confederal para poder alcanzar un acuerdo amplio». La distancia entre Urkullu y el PP en este punto fue abismal, mientras que EH Bildu y Elkarrekin Podemos se mostraron dispuestos a hablar.

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