Los testigos de Junqueras ponen en un brete al acusado por el referéndum

Maite Aymerich declara en el juicio. /Efe
Maite Aymerich declara en el juicio. / Efe

Una alcaldesa de ERC dice que «contempló» el 1-O para iniciar el diálogo con el Gobierno y un exjefe de la CUP admite que hubo «murallas humanas»

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

San Vicente del Horts es un municipio de 28.000 habitantes del área metropolitana de Barcelona. Allí tiene fijado su domicilio el principal acusado en el juicio del 'procés', Oriol Junqueras. El actual presidente de Esquerra, en prisión preventiva desde noviembre de 2017 y con una petición carcelaria de 25 años por un delito de rebelión, fue alcalde de esta localidad del Bajo Llobregat de 2011 a diciembre de 2015.

Este mes subió varios peldaños políticos tras aterrizar en el palacio de la Plaza de San Jaume como vicepresidente de la Generalitat de Cataluña. Fue tras las elecciones autonómicas de septiembre de 2015, cuando se convirtió en el hombre fuerte del Govern de Carles Puigdemont, hoy procesado en rebeldía por el 'procés'. Pero antes de tocar moqueta en Barcelona y «ponerse al servicio de Cataluña», Junqueras cedió el bastón de mando municipal a su delfín, la republicana Maite Aymerich, primera teniente de alcalde.

Veinte meses después de aquel movimiento, Junqueras acabó en prisión preventiva tras la declaración unilateral de independencia. Y este jueves, Oriol y su sucesora en San Vicentre volvieron a verse en la sala de vistas del Tribunal Supremo. Él sentado en el banquillo y ella, compareciendo como testigo.

Aymerich fue llamada por la defensa de su presidente en ERC y, lejos de mejorar su situacion procesal, pisó algún callo sin darse cuenta. En concreto, defendió ante el tribunal que Junqueras «siempre contempló» que el referéndum del 1 de octubre, declarado ilegal por su carácter unilateral, era el punto de partida «para iniciar el diálogo». Es decir, lejos de mitigar su acusación, dejó entrever que el objetivo del procesado era celebrar la consulta para obligar al Gobierno a sentarse a negociar el derecho de autodeterminación de Cataluña. Una de las principales tesis de la Fiscalía en su escrito provisional de calificación.

 Este mensaje, eso sí, fue una mota en el discurso pacificista y buenista con los juzgados que presidió la sesión de este jueves. Aymerich, por ejemplo, declaró que Junqueras rechazó en todo momento la violencia para alcanzar la independencia y narró el episodio vivido con el procesado durante el referéndum del 1 de octubre. Relató que no pudieron votar en su colegio ante la presencia de «un número importante» de Mossos y resaltó el «ambiente festivo» del 1-O en su localidad, con «colas importantes de personas» y donde «no hubo violencia».

«Resistencia ciudadana»

David Fernández, exdiputado de la CUP, fue el otro testigo 'rana' para los intereses de Junqueras. A diferencia del marco festivo y amable de la consulta que han venido enarbolado las defensas, el compareciente declaró que los ciudadanos que acudieron a los centros de votación ejercieron una actitud «pacífica» de «resistencia» ante la presencia policial. Esta consistió en «muros» o «murallas humanas» para tratar de impedir la actuación judicial de intervenir las urnas y cerrar los locales, en línea con algunos argumentos expuestos por los policías.

Sin embargo, guiado por las defensas, Fernández recalcó que esta actitud ciudadana no obedeció a una «estrategia de planificación violenta», tratando de distanciarse de la tesis acusatoria de la Fiscalía.

Portando una simbólica camiseta del juez italiano Giovanni Falcone -asesinado en 1992 por la mafia sicialina-, el hoy empleado de una cooperativa bancaria tuvo que esforzarse para medir sus palabras a preguntas de la abogada del Estado. Rosa María Seoane quiso saber si esa «resistencia pacífica» de la que había hablado incluía el «uso de la fuerza» y el testigo contestó recurriendo a la frase «fortaleza de la desobediencia civil». «Porque yo sí desobedecí a conciencia», admitió ante el tribunal del Supremo.