El 'sueño felipista' de Sánchez en el camino a las urnas

Sánchez y González durante un acto del PSOE en Madrid en abril de 2015./J. J. GUILLÉN / EFE
Sánchez y González durante un acto del PSOE en Madrid en abril de 2015. / J. J. GUILLÉN / EFE

Los socialistas confían en ubicarse en la 'centralidad' y aspiran a liderar la 'mayoría cautelosa' que rechaza los bloques. En el PSOE emerge cierta inquietud por estar a la defensiva en la 'guerra del relato' ante Podemos

ALBERTO SURI0SAN SEBASTIÁN.

Quedan apenas ocho días para la fecha del 23 de septiembre, y si nadie mueve su posición en el último momento, el 10 de noviembre España celebrará nuevas elecciones generales. Esta misma semana las espadas han quedado en alto y la sombra del desacuerdo es sumamente alargada. Pedro Sánchez se niega tajante a dar luz verde a un gobierno de coalición, alega que falta una mínima confianza, y propone como alternativa un acuerdo de programa para la legislatura que garantice un gobierno progresista. Y Unidas Podemos insiste en compartir el poder en una alianza de gobierno para garantizar el cumplimiento de la orientación del Ejecutivo. El último movimiento de Pablo Iglesias -una coalición de un año 'a prueba' hasta la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado- ha llegado incluso a pedir cierta mediación al Rey para propiciar un escenario de estabilidad. El líder morado y el presidente en funciones se encaminan al borde del precipicio. La guerra de nervios es mutua y durará hasta el último minuto a la espera de que 'el otro' ceda en sus posiciones.

¿Habrá milagro en el último segundo? Muchos lo dudan, pero en Unidas Podemos no se excluye una hipótesis: que Iglesias haga un último 'gesto' de responsabilidad y anuncie su apoyo a la investidura de Sánchez para evitar nuevas elecciones. Sin contrapartidas. Pero con la baza de salir reforzado ante la opinión pública.

La coalición, principal escollo. El temor principal de Pedro Sánchez es que una coalición forzada en el último momento como alternativa 'in extremis' a unas nuevas elecciones termine con una crisis de gobierno a los pocos meses, posiblemente a partir de la sentencia del Tribunal Supremo sobre los líderes del procés independentista. Sánchez no descarta en su estrategia a medio plazo la posibilidad de endurecer sensiblemente su política por razones de Estado. Una ruptura de una hipotética coalición PSOE-Unidas Podemos desembocaría en elecciones. Y es la estela de un fracaso de la izquierda en el poder la que empuja a la extrema cautela a algunos dirigentes del PSOE, que temen que el resultado de que esta experiencia saliera mal sería muy negativo y podría llevar a la oposición al PSOE para una larga temporada, que algunos incluso pronostican de dos legislaturas. En estas circunstancias, el cálculo es que es mejor correr riesgos ahora que dentro de seis meses, con una situación política más deteriorada, con la economía europea con señales de recesión y una radicalización de la situación en Cataluña.

Lo que más preocupa en ambos partidos es la decepción en la izquierda sociológica

El giro al centro. Sin embargo, a las razones políticas de fondo -falta de confianza, falta de cohesión interna en un Ejecutivo y discrepancias en cuestiones de Estado- hay que añadir algunas otras diferencias que no son de matiz ni tampoco anecdóticas. Ni tampoco tienen que ver con las diferentes tradiciones culturales de las que proceden los socialistas y una formación en la que la parte más relevante se gestó en los movimientos sociales del 15-M como una contestación a las élites tradicionales de la política convencional.

La apuesta de fondo de Sánchez para rechazar la coalición con Unidas Podemos tiene que ver en lo que significa el 'precio' político a pagar y la orientación de un proyecto que basa en tres pilares: justicia social, convivencia y limpieza institucional. Pablo Iglesias está empeñado en que su formación no sea una fuerza auxiliar del PSOE como, por ejemplo, al inicio de la Transición, fue el PCE en los acuerdos tras las primeras elecciones municipales. El análisis de Iglesias -que fue en su día un activo dirigente de las Juventudes Comunistas- es muy crítico con el papel 'domesticado' del PCE en aquellos años y teme que la socialdemocracia clásica pueda fagocitar a una fuerza de nuevo cuño si no se marcan con claridad unas líneas rojas de trabajo.

Pero el verdadero objetivo de Sánchez es estratégico y pasa por que el PSOE experimente un giro hacia el centro político y recupere una parte del espacio que en su día permitió a Felipe González construir una amplia mayoría progresista. El análisis de Sánchez y su entorno es que la batalla en España ya no se va a plantear tanto en el eje tradicional entre la izquierda y la derecha -que está muy asentado en el imaginario histórico y cultural del socialismo español-, sino en unas coordenadas más europeas, en la piedra angular del centro-izquierda, sobre todo cuando la derecha se ha radicalizado, cuando Ciudadanos ha dejado un considerable hueco por su escoramiento conservador y cuando se percibe una «mayoría cautelosa» que quiere estabilidad y que desea superar la actual dinámica de bloques que conduce al colapso político y a un deterioro del sistema democrático. Lo que significa este viraje es tejer una relación de fuerzas que refuerce la autonomía del Partido Socialista sin depender necesariamente de Unidas Podemos.

Un divorcio entre PSOE y Unidas Podemos marcará la próxima campaña electoralnegociación

En este contexto se enmarca el temor planteado por Iglesias de que Sánchez quiere abrirse a pactos con el centro-derecha después de unas próximas elecciones, que es rechazado desde el PSOE como una maniobra de distracción para eludir sus propias responsabilidades. En todo caso, la reflexión de algunos dirigentes del PP a favor de no bloquear una futura investidura después de noviembre alimenta este debate. Además, un fracaso del acuerdo de izquierdas marcará la próxima campaña electoral y llevará a PSOE y Unidas Podemos a una contienda a cara de perro, bien distinta a la de guanto blanco de los últimos comicios.

Temor a la desmovilización. La desmovilización del electorado es un factor que preocupa, sobre todo a los dirigentes más urbanos del PSOE, que creen que el enfado de la ciudadanía por una nueva cita con las urnas podría ser intenso en el sufragio más urbano, entre los votantes que tienen entre 30 y 45 años, que apoyaron en un principio a Podemos y que en los últimos comicios se pasaron al PSOE, atraídos por la bandera de Pedro Sánchez para frenar a la derecha y frenar a Vox. Unos 700.000 votantes hicieron ese tránsito entre la formación morada y la de la rosa. Un trasvase que podría alterarse en los próximos meses si una parte de los mismos vuelven a las aguas de la abstención. De hecho, algunos estudios demoscópicos alertan de una bolsa de indecisos y abstencionistas que incluso podría llegar a los dos millones de personas, lo que implicaría una espectacular desmovilización del electorado de centro-izquierda en España.

El voto nacionalista . Desde el entorno de Sánchez se observan con cierta distancia algunos mensajes que vaticinan con alarma este desfondamiento del voto progresista. De entrada porque los analistas que asesoran a Moncloa detectan que el miedo a la victoria de la derecha no ha desaparecido en el imaginario electoral español. Pero también porque relativizan la movilización de la izquierda social en abril. Lo que se activó en especial el 28-A, a su juicio, fue el voto nacionalista periférico, por el temor a la suma de las derechas, no tanto el voto de izquierda. Es lo que explicó sobre todo el paso del 70% de participación y que se alcanzara el 75%. Todo lo que no baje del 68% de participación entraría dentro de las coordenadas de cierta normalidad y se considera que no pondría en peligro una nueva mayoría del PSOE en torno a 130 o 140 escaños.

Asesores 'monclovitas' detectan que el miedo a la victoria de la derecha no ha desaparecido

La batalla del relato. Es uno de los factores más sensibles en esta historia de desencuentros. La batalla del relato que libran el PSOE y Unidas Podemos para explicar sus respectivas estrategias resulta un elemento crucial para despejar el camino. Unidas Podemos sabe que su voto contrario a la investidura de Sánchez en 2016 le pasó factura, que en las generales de junio de aquel año perdió un millón de votos, que no pudo compensar su alianza con Izquierda Unida. Y no quiere repetir aquel error.

El diagnóstico de Unidas Podemos no es del todo unánime aunque a la hora de negociar si mantiene una estrategia común públicamente, que pasa por considerar necesaria compartir responsabilidades de gobierno. En esa tesis se encuentra Izquieda Unida y Equo, que son los sectores menos entusiastas con la coalición, y también Adelante Andalucía, la plataforma podemita mayoritaria en la comunidad andaluza.

Otros sectores mantienen en privado discrepancias con la estrategia oficial de Iglesias, aunque en público reprochan con dureza la actitud de Sánchez y su táctica negociadora para minimizar el coste de su apoyo y humillar a los morados.

El análisis en Podemos no es del todo unánime, pero sí mantienen una estrategia común en la

En el PSOE, Sánchez tiene el control interno del partido y el cierre de filas es absoluto, al menos en público. Pero empieza a preocupar la batalla de la opinión y la sensación de que los socialistas se encuentran a la defensiva, con un argumentario que es complejo y que resulta difícil explicar. «El problema es que los nuestros, en la calle, no entienden lo que está pasando, y que las razones políticas que el partido admite son complicadas para explicarlas». Además, en la militancia del PSOE la idea de la coalición tampoco provoca un rechazo drástico. En cualquier caso, Sánchez tiene a su favor la mejor argamasa de la unidad interna; los barones territoriales están más apaciguados desde que se han configurado ya los gobiernos autonómicos de coalición y el PSOE ha recuperado poder local. Sánchez los ha ido ganando poco a poco y nadie cuestiona su liderazgo en el partido. Lo que sí comienza a inquietar es cierta percepción de desgaste, que hace mella, y que ha avanzado durante el verano desde la sesión de investidura fallida en julio.

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