Stéphane Dion: «Es difícil que una secesión sea viable ya que cuestiona el principio de ciudadanía»
El promotor de la ley de Claridad para Québec precisa, no obstante, que si un proceso separatista tiene «una mayoría clara, debe negociarse»
El exministro canadiense Stéphane Dion ha explicado en San Sebastián las condiciones que, en su opinión, debe presidir en democracia un proceso hacia la secesión. ... Promotor de la vía de la Claridad en Québec a finales de los años 90, deja claro que, aunque no existe el derecho unilateral de autodeterminación, si hay una mayoría clara que quiere la ruptura, debe propiciarse una negociación, aunque a la vez sea muy difícil. Dion es hoy embajador canadiense en Francia.
–Factible pero a la vez muy difícil. ¿Explíqueme la paradoja?
–Las democracias deben fijar una serie de condiciones para que los procesos de secesión sean viables. Son muy difíciles porque ponen en duda el principio de la ciudadanía. Hoy en día, un vasco es ciudadano de España. Y tiene un pasaporte español que le da el derecho a ese pasaporte en todo el mundo. Es un derecho constitucional. Y la mayoría de las democracias dicen que no se puede retirar ese derecho. Lo que hace difícil la secesión de la democracia es ese principio de la ciudadanía.
–La Corte Suprema de Canadá abrió el camino en 1998 al fijar las coordenadas que luego cristalizarían en la Ley de Claridad.
–Sí. Sobre la base de que si una mayoría clara, a una pregunta clara, respondía que quería la secesión, existía, no el derecho unilateral de secesión, pero sí el derecho a negociar un acuerdo. Québec tiene facultad como todas las provincias canadienses a convocar consultas sobre cualquier tema. Si la población de Québec claramente dice que no quiere ser canadiense, mantener a esa población en Canadá no sería lo ideal. Mi opinión es que la mayoría de los quebequeses queremos seguir siendo canadienses.
–¿La Ley de Claridad canadiense es aplicable a la Unión Europea?
–Cada país es independiente, cada país es soberano. España tiene un artículo 2, que habla de su indivisibilidad. Canadá no tiene un artículo 2. En nuestra Constitución nunca se escribió que éramos indivisibles. Así que aceptamos el principio de la divisibilidad si se realiza en el derecho y en la claridad. La Unión Europea no es un país. Es un acuerdo entre países soberanos. El Brexit ha sido extremadamente difícil de hacer. Las secesiones que conocemos se han producido tras la dislocación de imperios, en Yugoslavia o en la Unión Soviética, o en procesos de descolonización, cuando los habitantes no son los ciudadanos del país. Pero Québec no es una colonia del Canadá.
–El procés soberanista de Cataluña dejó mucha resaca. ¿Qué ha quedado tras esa ola?
–Hablo a título personal, como embajador de Canadá en Francia. Cuando el Gobierno de Cataluña hizo su declaración unilateral de independencia, nadie la reconoció. Nadie. Los estados no hacen eso. Nada cambió para la UE. España sigue siendo nuestro único interlocutor. Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, dijo que la declaración de independencia votada en el Parlamento catalán es una violación del Estado de Derecho, de la Constitución Española y del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Actualmente en la ONU no hay un solo estado que ha entrado contra la vía del estado predecesor. Si quieres entrar en la ONU, debes tener el acuerdo del estado predecesor.
–¿Le atrae el modelo autonómico español?
– Los expertos en el federalismo en el mundo están bastante impresionados por la forma en la que España se ha transformado. A pesar de que España no es oficialmente una federación, las regiones de España tienen responsabilidades mayores que las federaciones.
«El principio de ciudadanía es clave: a un vasco no se le puede quitar el derecho a tener pasaporte español»
–¿Cuál es en este momento el termómetro de apoyo al soberanismo en Québec?
–Los resultados electorales han dado un apoyo muy fuerte al Partido Liberal, con el sentimiento de que no es el momento de dividirnos entre nosotros cuando estamos así, bajo presión, frente al presidente norteamericano. Pero hay un partido independiente en Ottawa, el Bloc Quebecois, y hay un partido independiente en Québec, el Partido Quebecois, que todavía tiene una gran fuerza. Y si hubiera elecciones esta noche en la provincia de Québec, el Partido Quebecois estaría en una buena posición para ganarlas con la promesa de otro referéndum.
–¿Cree que será posible un tercer referéndum? ¿Es probable?
–Sí, porque el Partido Quebecois lo ha anunciado. Así que es posible que haya un referéndum.
–¿Con las encuestas en contra?
–Las investigaciones de opinión muestran que los partidos de la unidad canadiense son más numerosos que los partidos de la independencia. Pero ustedes saben lo que es la democracia. Los sondeos no son lo que importa. Lo que importa es el voto.
«Donald Trump ha generado una reacción patriótica de respuesta en Canadá... No es momento de dividirnos»
–¿Cómo ha cambiado el escenario con Trump?
–Con Trump ha emergido una fuerte reacción patriótica canadiense. Tenemos una historia diferente de los Estados Unidos. Los amamos, pero no somos iguales. Somos diferentes. Venimos de una tradición diferente, francesa y británica. De hecho, los Estados Unidos deberían pensar en ser la undécima provincia de Canadá, diríamos en broma. Nos gustan los estadounidenses como vecinos, pero no somos estadounidenses. Hay una reacción identitaria, como en Europa. Yo personalmente creo que es maravilloso tener la identidad quebequesa y la identidad canadiense juntas, en lugar de obligarnos a elegir.
Sin preguntas alambicadas
–¿La ley de Claridad ha servido para encauzar el problema soberanista de Québec?
–Para buscar una solución la única forma de hacer viable una secesión es el derecho. No hay que preguntar cosas alambicadas. Y hay que garantizar mayorías claras. Todas las secesiones que han llegado hasta ahora han sido después del comunismo o después de la colonización. Pero en un Estado democrático moderno todavía nunca se ha hecho. Puede llegar un día, pero, por el momento no. Así que las negociaciones serían muy complejas, entrañarían problemas graves, como el reparto de la deuda o la delimitación de las fronteras. Además, hay poblaciones indígenas en el pueblo de Québec que viven aquí desde hace milenios y que han dicho que quieren quedarse en Canadá. ¿Cómo podemos conciliar todo eso? Será muy difícil. Si la negociación se concluye con un acuerdo de separación, en ese momento, Canadá deberá modificar su Constitución para que desapareciera la referencia a la provincia de Québec.
–¿La creciente diversidad multicultural complica la secesión?
–Montreal es un ejemplo claro de una sociedad multicultural. Y justamente a causa de eso hay una inquietud identitaria en los quebequeses de ascendencia francesa. Que sienten que se está perdiendo la identidad francesa. Cada vez tienen menos bebés. Y los inmigrantes que han venido tienen más hijos. Hay nacionalistas quebequeses que se preguntan: ¿se quedarán con nosotros? Por eso dicen: hagamos el referéndum rápidamente, porque después... Yo puedo entender su temor.
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