Un 13 de septiembre

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

El Congreso aprobó ayer el decreto que activa la exhumación de los restos de Franco. Por fin, el Parlamento da luz verde a un proyecto que debiera haber concitado una mayoría más amplia. Al abstenerse los partidos del centro-derecha han cometido un serio error político porque se han retratado en un territorio incomprensible para muchos aunque ellos se justifiquen criticando las prisas del Gobierno de Pedro Sánchez. Se dirá que el Ejecutivo del PSOE ha querido activar este asunto por un interés táctico para marcar músculo, y es evidente que le viene bien en su estrategia. Se apuntará también que hay otras cuestiones que resultan más urgentes. Y puede ser verdad. Pero una cosa no quita la otra. El Congreso apoyó en su día esta medida, que ha tardado demasiado y que era necesaria por dignidad democrática como un gesto simbólico de reparación. Hay quienes no moverían un dedo ni darían un solo euro a ninguna medida que tenga que ver con la memoria histórica. La verdadera herida que seguía abierta y bien sangrante era mantener al dictador en un mausoleo de Estado del Valle de los Caídos, imagen de un régimen opresor. Es una cuestión de principios. Por eso, la decisión de ayer -un 13 de septiembre, la dolorosa fecha en la que hace 79 años entraron los franquistas en San Sebastián- adquiere una dimensión histórica, por devaluado que esté el término. La exhumación debería arrojar un poco de lucidez al debate de la memoria histórica, convertido en arma arrojadiza fácil. Buscar una Comisión de la Verdad puede ser inviable cuando han pasado ya 43 años de la muerte en la cama del dictador, pero eso no quiere decir que no haya que hacer un esfuerzo sincero para que los historiadores intenten arrojar más luz sobre aquellos años dramáticos. Y, por supuesto, para que se recuperen los restos de aquellos que siguen enterrados en las cunetas.

El centro-derecha democrático lanza con esta abstención una señal equívoca. Para las nuevas generaciones constituye un pésimo mensaje que está lejos del espíritu de la Transición. Lo hace para afear y retratar a Sánchez. Pero la exhibición de una oposición sobreactuada termina por retratar sus propias incoherencias.

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