Las ruinas que deja el terrorismo

Las ruinas que deja el terrorismo

El historiador Raúl López Romo reúne en su nuevo trabajo 65 relatos de víctimas de diferentes organizaciones armadas que actuaron en España |

A. González Egaña
A. GONZÁLEZ EGAÑA SAN SEBASTIÁN

El terrorismo también era esto. El historiador bilbaíno Raúl López Romo reúne en su nuevo libro, 'Memorias del terrorismo en España,' 65 relatos de «las ruinas que deja el terror y de las historias de duelo y superación de las personas a las que ha afectado» la violencia nacionalista radical, de ultraderecha y de grupos parapoliciales, de extrema izquierda y yihadista. Quienes ponen voz a los testimonios son víctimas, profesionales de distintos campos y activistas que han trabajado cerca de ellas. La presentación del trabajo tendrá lugar el martes en Bilbao y el día 25, en San Sebastián.

En el prólogo, Florencio Domínguez describe un ejemplo del acoso desde la óptica de quien lo ha padecido en primera persona. «Es inconcebible que el propietario de una vivienda se presente ante sus inquilinos para decirles que tienen que desalojar la casa de inmediato. ¿Motivo? El inquilino acaba de sufrir un atentado de ETA, está todavía herido en el hospital, pero la propietaria quiere que la familia abandone la casa, no vaya a ser que los terroristas quieran terminar el trabajo y sean ellos los que se presenten en el piso y dañen la casa», detalla el director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.

Marisol Chávarri, hija de víctima de ETA «Motivo de la defunción: 'por shock traumático'»

Marisol Chávarri, vicepresidenta de la Asociación Riojana de Víctimas del Terrorismo, relata en el libro de López Romo su experiencia en el programa de víctimas educadoras en institutos de La Rioja. Los alumnos le escuchan con respeto y al finalizar le piden un abrazo. «Les llega lo que les cuento, que no es más que un trozo de mi vida. Eso sí el más duro que me ha tocado vivir», repasa. Marisol tenía como ellos 17 años. Estudiaba COU cuando ETA asesinó a su padre.

El 9 de marzo de 1979, dos jóvenes etarras entraron en el despacho de Miguel Chavarri Isasi, jefe de la Policía Municipal de Beasain, y le dispararon nueve balazos en el pecho. La vida familiar dio un vuelco. «Entre nosotros no hablábamos. No podíamos poner palabras a lo que sentíamos. Los que estaban bien vistos eran los etarras y los que habíamos sufrido su terror nos teníamos que justificar», se lamenta. En aquellos tiempos no había ayudas institucionales ni profesionales. Su madre tardó siete meses en cobrar la pensión. «Y se volvió loca otra vez cuando vio que en el certificado de defunción, en el motivo del fallecimiento ponía shock traumático». Peleó «cómo una valiente» y logró que pusiera «shock traumático producido por arma de fuego».

Marta Buesa, hija de víctima de ETA «Ha sido papá, Marta, lo han matado»

Marta Buesa regresa al 22 de febrero de 2000, el día en que ETA asesinó con un coche bomba a su padre, el parlamentario del PSE-EE Fernando Buesa, y a su escolta Jorge Díez. Esa tarde se demoró más de de lo habitual para llegar al trabajo. En el momento en que se produjo el atentado, las 4.30 de la tarde, se dirigía en coche hacia al despacho. Entró por la puerta y escuchó ruido de sirenas. Un compañero le comentó: «Eso ha tenido que ser una bomba de mucha potencia». Llamó al teléfono de su padre y no contestó, tampoco respondió nadie en casa. Insistió y su hermano Carlos contestó: «Ha sido papá, Marta, lo han matado». Desde ese instante le invadió «una pena tan grande, una tristeza inmensa que me desbordaba, que me rompía y no podía dejar de llorar». Esa tristeza se quedó con ella «mucho tiempo» y reconoce que «la pena nunca se va». A veces, cuando menos se lo espera «una canción, un olor, una noticia o una anécdota enlaza con un recuerdo de esos que la memoria deja apartados y desata la nostalgia». Cuando supo del fin de ETA rompió a llorar «con amargura». En su mente imaginaba que podía alargar su brazo y llegar hasta febrero de 2000 y decirle a su padre: «Coge fuerte mi mano, que yo te traigo aquí, que aquí no te va a pasar nada, aquí ya estás a salvo».

José Alfonso Romero, exguardia civil y escritor «Zabarte nos reconoció y nos siguió por La Concha»

López Romo recupera en su libro la historia de José Alfonso Romero P. Seguín, autor de 'La hija del txakurra'. Hoy es escritor y poeta, antes estuvo destinado como guardia civil en la Comandancia de Gipuzkoa desde marzo de 1979 a finales de 1983. Con su testimonio quiere expresar que, aunque no está reconocido oficialmente como víctima, se ha quedado marcado por un sinfín de vivencias traumáticas por «el acoso de ETA y su entorno».

Una de ellas tiene que ver con lo que vivió una tarde en Donostia. Salía con su amigo Ángel de la discoteca La Perla y se disponían a regresar al cuartel. Al fondo se escuchaba el sonido de sirenas, pelotas de goma y gritos de «policía asesina». Pudieron coger un taxi, pero la tarde invitaba a caminar. Lo hicieron por el Paseo de la Concha. En un punto intermedio, dos hombres apoyados en la barandilla miraban aparentemente al mar. Al pasar a su altura vieron cómo avisaba con el codo al compañero, a la par que le hacía un gesto con la cabeza para, de inmediato, situarse a su espalda. Aceleraron el paso al tiempo que buscaban bajo la ropa una pistola que no llevaban. «A pocos metros del túnel de Ondarreta echamos a correr. Ellos también. Ángel lo hizo por el interior y yo por la parte exterior. Jadeando cruzamos la calle hacia la avenida de Zumalakarregi. Al llegar a la esquina volvimos la vista y ya no estaban», relata. En la Comandancia les enseñaron fotos de miembros de ETA y ambos reconocieron al de la txapela. Era Zabarte. «Tuvisteis suerte», nos dijo el compañero de Información.

Gloria Vázquez, edil del PSE en Zarautz «Vecinos pidieron que no nos esperara la escolta en el portal»

El relato de la teniente de alcalde y portavoz del PSE-EE en el Ayuntamiento de Zarautz, Gloria Vázquez, está dedicado a «todos los hombres y mujeres resistentes y a sus familias». La política socialista recuerda lo que supuso para su familia vivir escoltados. En 2007, cuando salió elegida concejal, su hija tenía tres meses de edad. Su pareja también tenía escolta, ya que había sido concejal en la legislatura anterior y volvió a salir elegido. «La idea era que renunciara él y siguiera yo, pero tardamos mucho en encontrar a alguien que quisiera sustituirle», repasa. Al final dejó su acta, pero ETA asesinó a Isaías Carrasco y el PSE volvió a poner protección a los exediles. Recuerda que cuando se montaban en el coche tenía que distraer a sus hijos para que no vieran cómo revisaban los bajos. «No les expliqué nunca la realidad hasta que ETA se rindió», apunta.

Algunos amigos le llegaron a reprochar que hubiera asumido un cargo público que implicara escolta teniendo hijos. «Era una de las perversidades del terrorismo y de sus seguidores, que pretendían trasladar la responsabilidad de lo que pudiera ocurrir a los propios amenazados. Y lo conseguían. Varios vecinos convocaron una reunión para pedir que los escoltas no esperaran en el portal cuando bajábamos de casa», explica. También les molestaba que se hubieran quitado las papeleras de delante de casa por seguridad. Sus hijos saben hoy por qué tuvieron que llevar escolta y sienten «orgullo» de que su ama «no cediera ante el miedo».

Luis Castells, catedrático de Historia Contemporánea «Los hijos de Recalde llegaron enojados tras oír a Ibarretxe»

Luis Castells, historiador y escritor rememora los días siguientes al atentado fallido de ETA contra su cuñado el socialista José Ramón Recalde. Fueron de «una extraordinaria tensión en el hospital, con la incertidumbre por la suerte de Ramón Recalde, que se debatía entre la vida y la muerte». Castells tiene grabadas especialmente dos situaciones. Una, sobre la decisión de cerrar Lagun. «La librería no podía seguir en la Plaza de la Constitución pues la vida de los que allí trabajaban corría serio peligro. Recuerdo aquella angustiosa reunión en la que tomamos esta decisión y el comentario que le hicimos a Ignacio Latierro, renuente al cierre», cita. El otro hecho que trae a la memoria sucedió cuando los hijos de Recalde llegaron «tristes y enojados» tras la obligada visita de Ibarretxe al hospital. En la entrevista, rememora, «tuvo la ocurrencia de decirles que en Euskadi 'se vivía bien', mostrando no solo una falta clamorosa de empatía, sino un problema político de calado».

Josefa Yangüel, viuda de víctima de los Grapo «Ha perdido la vida por salvar a dos terroristas»

En apenas 30 líneas, Josefa Yangüela escribe la historia del asesinato de su marido el médico José Ramón Muñoz Fernández. Ingresaron en el hospital Miguel Servet de Zaragoza a dos grapos en huelga de hambre, en una situación crítica. Los Grapo no querían que los reanimaran, pero estando ingresados, los médicos no podían dejarlos morir. «Mi marido era el jefe del departamento y tuvo que hacerse cargo de uno de ellos», detalla Yangüela. Otro compañero se encargó del segundo terrorista.

Las amenazas no tardaron en llegar. El 27 de marzo de 1990 Josefa se fue a Logroño a ver a su madre. «Fue él quien quiso que me fuera. Por la tarde, estando en la consulta privada, que estaba en nuestra misma casa, unas personas pidieron hora haciéndose pasar por enfermos. Al entrar le pegaron varios tiros en la cabeza», describe. El dolor por la pérdida de su marido fue «espantosa», asegura, pero a sus hijos les explicó que había perdido la vida «por salvar a dos personas, aun siendo terroristas».

María José Rodríguez, hermana de víctima de atentado yihadista «El atentado no ha sido juzgado. ¡No lo entiendo!»

El 12 de abril de 1985, el hermano de María José Rodríguez iba a celebrar que había conseguido un trabajo en Madrid, cerca de su familia. José Arturo tenía 33 años y salió a celebrarlo con unos amigos. Estaban esperando en el restaurante El Descanso a que les dieran mesa para cenar. El asesino dejó una bolsa y se fue. La bomba estalló llevándose la vida de 18 personas, entre ellas la de su hermano, y causó cerca de cien heridos. Los meses siguientes fueron «como una nube». «Mis padres estaban rotos por dentro». recuerda. En aquel momento la yihad islámica era algo desconocido. «Nunca nos informaron de nada. A pesar de lo extenso del sumario, este atentado no ha sido juzgado. ¡No lo entiendo!, se queja.

Memorias del terrorismo en España

Autor:
Raúl López Romo
Editorial:
Catarata
Páginas:
318

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