Religiosos afirman que la Iglesia no estuvo «a la altura» con los afectados por el terrorismo

ANDER CARAZO VITORIA.

En la Euskadi profunda que retrata Fernando Aramburu en 'Patria', Don Serapio es un sacerdote que arropa a los violentos y rebaja el dolor de las víctimas. Un personaje de ficción que no dista mucho de la actitud real que mantuvieron algunos religiosos durante los años de plomo de ETA. Ángel María Unzueta, que fue vicario general de Bilbao entre 2006 y 2018, reconoció que la Iglesia no estuvo «a la altura» de las circunstancias. «Hemos sido tardos a la hora de prestar ayuda a las víctimas», reconoció en un foro universitario que, precisamente, analiza el papel del clero vasco durante las seis décadas de violencia de la banda terrorista. «Eso sí, somos casi la única institución que ha sabido pedir perdón», matizó.

Pese a que el sábado se cumplen nueve años del último asesinato de ETA (el gendarme Jean-Serge Nèrin), apenas han transcurrido 315 días desde que la organización suscribió su disolución y algunas heridas aún siguen abiertas. Por eso, tras escuchar al sacerdote Félix Placer justificar que la banda fue la «respuesta a la violencia de franquismo», la voz de Pilar Aramburu (cofundadora de Libertad Ya) se quebró. Esta abogada -miembro del Partido Comunista y que durante ocho años fue alcaldesa de Burlada- acusó de «fría e ignorante» la actitud mantenida por los religiosos, y que no basta con un comunicado «equidistante y apresurado» como el que mandaron los obispos vascos tras el fin de la banda el pasado mes de mayo. Y es que, en su opinión, la Iglesia abandonó la actitud universal y asumió un papel «nacionalista» que «está haciendo un daño horroroso en el País Vasco y también en Cataluña».

«Ha habido sacerdotes que no han cumplido con su misión o frailes que han pertenecido a comandos (terroristas). Hemos tenido una Iglesia llena de pecadores», insistió Aramburu. Entre el público asistió el expreso Joseba Urrosolo Sistiaga y una hija de Fernando Buesa.