Los presos se abren a dar nuevos pasos si el Gobierno les pasa a segundo grado

Una pancarta con el lema «Presoak kalera» abría la manifestación por «los derechos de los presos» que recorrió ayer el centro de Donostia al término de las Regatas./MICHELENA
Una pancarta con el lema «Presoak kalera» abría la manifestación por «los derechos de los presos» que recorrió ayer el centro de Donostia al término de las Regatas. / MICHELENA

Los reclusos de ETA valoran el cambio del Ejecutivo del PSOE, pero lamentan la falta de gestos | Los internos rechazan que el cambio de régimen penitenciario se vincule a condiciones que no sean el comportamiento diario en la vida carcelaria

Jorge Sainz
JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

Los presos de ETA observan con expectación los escasos pero significativos pronunciamientos públicos de miembros del Gobierno central en torno a su futuro. Las palabras del ministro del Interior vinculando los acercamientos al País Vasco a la progresión de grado y a determinados requisitos legales provocaron cierto desconcierto. Esas dudas se han aclarado en parte esta semana pasada con la carta pública en este periódico del delegado del Ejecutivo en Euskadi, Jesús Loza, que ha precisado que «el acercamiento no precisa de ninguna disposición especial a cumplimentar por el preso». En todo caso, los presos de la disuelta organización se ratifican en considerar como positivo el mero hecho de que el Gobierno del PSOE se avenga a cambiar la política penitenciaria, aunque reclaman que el Ejecutivo de Pedro Sánchez sustancie con gestos de mayor audacia ese giro estratégico. En este sentido, los presos de ETA están dispuestos a actuar «con altura de miras» y avanzando con «más pasos» si el Ejecutivo del PSOE permite el acceso al segundo grado penitenciario, donde podrían ya optar a beneficios, según fuentes autorizadas conocedoras de la situación en las cárceles.

Desde la izquierda abertzale, que cuenta con una comisión sobre presos dentro de Sortu que lleva meses centrada en este ámbito, insisten en que el fin de la dispersión o el acceso a un régimen penitenciario más flexible no debe vincularse a condiciones como el arrepentimiento, sino a la conducta cotidiana en prisión y al fin de la «legislación de excepción». Los internos están dispuestos a profundizar en el reconocimiento del daño causado a las víctimas y en la autocrítica, pero para ello entienden que tiene que poder estar en segundo grado penitenciario y no en un régimen estricto como el del primer grado, en el que se hallan clasificados más del 95% de los encarcelados.

Unos datos, además, que contradicen los ofrecidos por Grande Marlaska, que cifró en una veintena los presos en segundo grado, una cantidad superior a la real, precisan las fuentes consultadas. Sí que hay varios internos que, pese a continuar en primer grado, hacen una vida cotidiana en prisión propia del segundo grado. De hecho, los presos destacan que poco a poco están aceptando trabajos en prisión y que su comportamiento diario es «bueno», sin rastro de conflictividad interna en las prisiones ni incidentes ni protestas, inciden los medios citados.

Reconocer el daño

El colectivo de reclusos EPPK sostiene que «desde la soledad de su celda a mil kilómetros de su casa» es difícil para un preso diseñar una hoja de ruta pare mejorar su situación. Agregan que el paso a segundo grado supondría que los presos tengan unas mejores condiciones para dar pasos. En este sentido, los internos están dispuestos a suscribir escritos individuales profundizando en el reconocimiento del daño causado a través de nuevos pronunciamientos, que serían diferentes en cada caso. Algunos incidirán en el hecho de haber apoyado en estos años la necesidad de poner fin a la violencia. Otros podrían incidir en apostar por un futuro en paz y sin lucha armada. Y también se pondrá en valor el hecho de que son los propios reclusos quienes han decidido también la disolución de ETA decretada el pasado 4 de mayo de forma inequívoca.

Aunque ha habido algunas denegaciones de cambio de grado, como avanzó este periódico, también ha habido alguna aceptación como en el caso de la reclusa de Hernani Marta Igarriz, en la que se habla ya de argumentos como la «disolución de la organización terrorista» para flexibilizar su situación.

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Los presos, pese a que de momento el Gobierno no ha cumplido sus expectativas de materializar acercamientos este verano, creen que hay un «deshielo en el Estado español» pero que es solo «el principio de un largo y sinuoso camino que debemos limpiar de obstáculos» y ser capaces de «asentar con altura de miras, con responsabilidad y con una movilización amplia y plural de país», señalan en diversas comunicaciones internas. En este sentido, también ha habido gestos significativos para evitar tensiones, como el hecho de que salidas de la cárcel de presos históricos como Santiago Arrospide Sarasola, 'Santi Potros', se han desarrollado en un clima de discreción.

Los reclusos del EPPK saben que ahora, con un Gobierno con bases débiles que busca agotar esta legislatura para llegar en buena posición a las próximas elecciones generales, los gestos de Sánchez serán dosificados. Si un Gobierno de izquierdas, con PSOE y Podemos, logrará consolidarse a futuro en España sí podría dar pie a consolidar y profundizar en esa modificación de la política penitenciaria.

Paradoja catalana

De hecho, paradójicamente, en la izquierda abertzale se ha abierto una reflexión sobre la posibilidad de que el secesionismo catalán, con el PDeCAT a la cabeza, acabe tensando tanto la cuerda que pueda hacer caer antes de tiempo al Ejecutivo de Sánchez, algo que no interesaría para nada a Sortu en lo relativo a la cuestión de los presos, sobre todo viendo la dureza que emplean en este tema Pablo Casado (PP) y Albert Rivera (Ciudadanos). Una situación paradójica ya que la izquierda abertzale comparte los planteamientos independentistas del secesionismo catalán.

Los presos sí señalan, en todo caso, que el Gobierno socialista corre el riesgo de crear una «gran frustración» social en Euskadi si no cumple con sus declaraciones y no avanza realmente en una política carcelaria nueva que acabe con la dispersión. En paralelo, los reos aguardan también a ver cómo evoluciona la política de acercamientos puesta en marcha este año en Francia, que ha acercado ya a más de una quincena de internos. El reto es intentar reagrupar lo más cerca posible de Iparralde al colectivo de mujeres. Una situación compleja ya que en los dos penales más próximos al País Vasco francés (Mont-de-Marsan y Lannemezan) no tienen módulo de mujeres.

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