Sánchez rompe con Iglesias y afronta el debate de investidura sin apoyos

La dirección del PSOE se reúne el jueves para tomar la última decisión, pero cunde el desánimo entre los socialistas

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid mADRID

Se sabía de forma oficiosa hasta que Pedro Sánchez oficializó este lunes la ruptura de las negociaciones con Pablo Iglesias para su investidura. «Ya no estoy en ese escenario», subrayó el candidato socialista, que afrontará sin apoyos y condenado al fracaso el debate para ser elegido presidente del Gobierno. Una derrota que prolongará, al menos hasta septiembre y es posible que hasta noviembre, el bloqueo de la política española que comenzó con las elecciones generales de diciembre de 2015.

«Si en algo nos hemos puesto de acuerdo es en que vamos a trabajar para ponernos de acuerdo», dijo Iglesias tras reunirse con Sánchez el pasado 7 de mayo en la Moncloa. Pues no. El candidato del PSOE dio hoy por «rotas» las negociaciones, al tiempo que se declaraba «sorprendido y algo frustrado» por el comportamiento de su «socio preferente». Cinco reuniones, numerosas llamadas telefónicas, intercambio de mensajes a través de los medios de comunicación y en las redes sociales no han servido para nada. Y todo, según Sánchez, por la «mascarada» de la consulta del líder de Unidas Podemos a sus bases para decidir qué acuerdo quieren.

Las culpas de la ruptura son exclusivas del líder morado, de acuerdo al relato que desgranó el secretario general del PSOE en una entrevista en la cadena Ser. Sánchez no asumió ninguna responsabilidad porque, dijo, ha hecho hasta cinco ofertas a su interlocutor en estos dos meses. Desde la del Gobierno en solitario del PSOE con apoyo externo de Unidas Podemos, planteada dos veces; la fórmula de la cooperación con altos cargos morados en segundos niveles; la incorporación al Ejecutivo de independientes propuestos por Iglesias; para acabar con la coalición limitada a miembros de perfil técnico de Unidas Podemos.

La respuesta de Iglesias, se quejó Sánchez, fue decir que esta última era «una idiotez» a pesar de que era la «primera vez en 40 años de democracia» que el partido gobernante ofrecía una coalición a otro que no es más que la cuarta fuerza.

El remate, prosiguió el candidato del PSOE, fue poner en marcha entre sus militantes una «consulta trucada» para justificar el rechazo a su investidura, y que de paso permitirá a Iglesias «blindarse» como líder de Podemos. La votación para más inri, prosiguió Sánchez con sus lamentos, no incluye la última oferta de coalición limitada que puso sobre la mesa. Por todo esto, concluyó, se «han cerrado la puertas a la negociación» y «han decaído todas las propuestas que le ha hecho el PSOE a Podemos».

Desconfianza

El líder socialista también detalló un catálogo de razones para justificar por qué no quiere a Iglesias en el Consejo de Ministros que se pueden resumir en que no se fía. «No me gustan los vetos, pero no acepto imposiciones», aunque reconoció que el líder morado, a pesar de todo lo que se ha dicho y escrito, no le ha pedido ser vicepresidente. No lo quiere a su lado, sobre todo, si hay que dar una respuesta «contundente» en el conflicto secesionista de Cataluña, léase aplicación del artículo 155 de la Constitución. Porque aunque el secretario general de Podemos se ha comprometido a poner por escrito que será solidario con las decisiones que adopte el Gobierno, Sánchez no se lo cree.

Así las cosas, el candidato se planta a una semana de la investidura sin apoyos, pero decidido a afrontar el debate. Hará, según dijo, un último intento con el PP, Ciudadanos y Podemos, pero sin distinguir a este último como socio preferente. Este jueves se reunirá la ejecutiva federal del PSOE para tomar la decisión final.

Los socialistas creen que Unidas Podemos se abstendrá, mientras que PP, Ciudadanos y Vox votarán en contra. Sus apelaciones a que faciliten la investidura han caído en saco roto, y es muy improbable que Pablo Casado y Albert Rivera cambien de opinión de aquí al martes próximo. Será el candidato con menos apoyos de la historia porque de los nacionalistas e independentistas solo puede esperar el voto en blanco en el mejor de los casos.

Si la investidura se frustra, su candidatura decae porque el encargo del Rey es para este debate. Solo podría haber un nuevo intento si antes de dos meses algún grupo se mueve y decide apoyar al candidato socialista. Fue lo que ocurrió en octubre de 2016, cuando el comité federal del PSOE, contra la posición de Sánchez, decidió que sus diputados se abstuvieran para facilitar la investidura de Mariano Rajoy, que tuvo una segunda oportunidad el 29 de octubre de aquel año.

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