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un partido devaluado

Si el empeño de Casado a pesar de la investigación de un master de muy dudoso cuño le convierte en una opción temeraria, la confrontación entre Cospedal y Sáez de Santamaría está abocada a debilitar al partido

Kepa Aulestia
KEPA AULESTIA

El Partido Popular está buscándose a sí mismo. Un colectivo surgido a partir del indiscutible liderazgo de Fraga, refundado bajo la égida de Aznar, y heredado por los particulares modos de Rajoy, se mira al espejo en unas primarias sin precedentes. No hay certidumbres a las que aferrarse; dirigentes por los que apostar, con la seguridad de que ganarán en el congreso del 20 y 21 de julio. El único momento en que los populares sintieron algún vértigo similar fue durante el congreso de Valencia, en 2008, cuando Mariano Rajoy tuvo que batirse -con el apoyo, entre otros, del denostado Francisco Camps- frente a contrincantes que tentaban con discutirle el mando del partido -Esperanza Aguirre-, aunque no se atrevieran a postularse para la presidencia del PP. Pero la sola imagen de Rajoy paseando en pantalón corto por Santa Pola, antes de hacerse cargo de su puesto de registrador de la propiedad en la localidad alicantina, advierte del antes y del después de un partido que ya ha cambiado, aunque se resista a cambiar.

 

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