José Miguel Cedillo: «Necesitaba recorrer el camino que hizo mi padre el día que ETA lo asesinó»

José Miguel Cedillo y Dolores García, ayer en San Sebastián, después de su regreso a Errenteria. /LUIS MICHELENA
José Miguel Cedillo y Dolores García, ayer en San Sebastián, después de su regreso a Errenteria. / LUIS MICHELENA

El hijo y la viuda del policía Cedillo regresaron 36 años después a Errenteria junto al alcalde Mendoza

A. González Egaña
A. GONZÁLEZ EGAÑASAN SEBASTIÁN.

El silencio de la mañana fue ayer el único testigo del regreso de la viuda y el hijo del policía nacional Antonio Cedillo Toscano al Alto de Perurena, en Errenteria, el lugar donde, tal día como hoy de hace 36 años, murió asesinado por ETA, junto a otros tres agentes. Un comando etarra formado, entre otros, por Josu Zabarte, 'El carnicero de Mondragón', les tendió una emboscada. Cedillo resultó herido, logró escapar del lugar y fue recogido por un albañil que pasaba con su furgoneta, pero los etarras le obligaron a bajar del vehículo y le remataron allí mismo. Han pasado tres décadas largas desde el día en que Miguel Ángel Cedillo, con tres años y medio, y su madre, Dolores García, una joven de 25 años rota por el dolor, tuvieron que marcharse corriendo de Euskadi en un avión, sentados al pie de un ataúd.

«Necesitaba recorrer el camino que hizo mi padre el día que ETA lo asesinó. Y ha sido un momento muy especial que yo esperaba y deseaba», relató Cedillo, todavía emocionado, minutos después de caminar por el Alto de Perurena. Acompañados por el alcalde de Errenteria, Julen Mendoza (EH Bildu), la viuda de Antonio Cedillo y su hijo repitieron, paso a paso, el mismo viaje que hizo su padre aquel 14 de septiembre de 1982. «Hemos hecho hasta las mismas paradas que hicieron ellos. Hemos visitado el caserío donde desayunaron, la carretera donde los etarras escondidos entre la maleza les ametrallaron, donde paró la furgoneta que le recogió malherido y donde, unos metros más allá, hicieron parar al albañil, obligaron a mi padre a bajar y le remataron justo al lado de lo que hoy es el Mugaritz», describió el hijo del policía asesinado.

A José Miguel Cedillo le faltaban piezas del puzzle de su vida, las que se dejó en el camino aquel 14 de septiembre y que ahora trata de recomponer. Sus únicos primeros recuerdos son dos imágenes, la capilla ardiente de su padre, en la que uno de sus compañeros, Julián Carmona, se suicidó delante de todos los presentes, y el viaje en avión junto a su madre. «Me acuerdo de la mirada del niño cuando se suicidó el compañero. La tengo clavada en mi mente. Fue horrible, por eso he tratado siempre de protegerlo», recordaba ayer Dolores García, que no pudo dejar de llorar en todo el recorrido por el lugar del atentado. Ella siempre quiso regresar a Euskadi, donde asegura que vivió «lo más bonito de su vida, su matrimonio, y a la vez el horror más grande de mi vida».

El atentado

1. La emboscada.
Sobre las 11 de la mañana del martes 14 de septiembre de 1982, en el Alto de Perurena, un grupo de seis etarras sorprendió en una emboscada a dos coches de Policía Nacional en los que viajaban cuatro agentes. Tres de ellos murieron ametrallados.
2. Rematado en el suelo.
Un albañil encontró al cuarto policía, Antonio Cedillo, arrastrándose por la carretera y lo subió a su furgoneta para llevarlo al hospital más cercano. Varios de los terroristas detuvieron el vehículo y no dudaron en rematar de un tiro en la nuca al agente malherido.
3. Suicidio en al capilla ardiente.
Al día siguiente, en la capilla ardiente por los asesinados en el Gobierno Civil de Gipuzkoa, el policía nacional Julián Carmona se suicidaba disparándose un tiro en la sien. El fallecido había pasado la noche acompañando a los familiares de los asesinados y ocupándose de los trámites de las autopsias.

Desde que aterrizaron el miércoles por la noche en el aeropuerto de Loiu, madre e hijo tienen un objetivo claro en su visita a Euskadi, rendir a Antonio Cedillo el homenaje y el reconocimiento que no tuvo entonces y contribuir a construir la convivencia. «Allá donde esté mi padre seguro que está orgulloso de nosotros», reflexiona José Miguel.

Las secuelas de aquel drama le han acompañado toda su vida. Estuvo un año sin hablar, comenzó a medicarse desde muy pequeño y lleva desde los cinco años acudiendo al psicólogo. «Estuve casi cinco años encerrado en casa con una agorafobia terrible», relata José Miguel. En la actualidad vive con ataques de ansiedad y dificultades de sueño que tiene que controlar con tratamiento psicológico y medicación de por vida. «Una enfermedad autoinmune me acompaña además desde hace unos años», repasa.

En casa de los Cedillo García no se conoció la verdad completa del asesinato hasta hace siete años en que hojeó en una librería de Sevilla el libro 'Vidas rotas', de Florencio Domínguez, Marcos García Rey y Rogelio Alonso. Allí descubrió cómo fue el crimen. Entendió entonces que su madre, «para evitarme sufrimientos», le había dicho que murió en una refriega con atracadores en una peletería. Desde que supo que era hijo de una víctima de ETA, José Miguel Cedillo emprendió una peregrinación por las instituciones para reclamar amparo para los hijos de asesinados que padecen traumas infantiles derivados del terrorismo. «La ley no reconoce a los niños como víctimas del terrorismo, aunque son los que más lo padecen, cuando sí lo hace con los hijos de las víctimas de violencia de género», expone.

Capilla ardiente en el Gobierno Civil de Gipuzkoa.
Capilla ardiente en el Gobierno Civil de Gipuzkoa. / POSTIGO

Memoria en Perurena

No fue hasta hace dos meses cuando tomó la decisión de honrar la memoria de su padre con un reconocimiento en Euskadi. Lo primero que hizo fue llamar al Ayuntamiento de Errenteria y encontró total colaboración por parte de su alcalde, Julen Mendoza, que no tardó ni una semana en trasladarse a Sevilla para mantener un encuentro con José Miguel Cedillo. Charlaron en el aeropuerto durante cuatro intensas horas y ayer se volvieron a encontrar en Errenteria.

No está confirmada, sin embargo, la presencia del regidor de EH Bildu en el homenaje de mañana, sábado, en el Alto de Perurena, donde sí estará presente el socialista Isidoro Ramos, alcalde de Olivares, el pueblo natal de Antonio Cedillo, de donde su regidor traerá un olivo para ser plantado en el lugar donde ocurrió el asesinato, como símbolo de «la convivencia en paz» que la familia Cedillo García quiere contribuir a construir. Hoy viuda e hijo mantendrán un encuentro en Vitoria con el secretario de Derechos Humanos y Convivencia del Gobierno Vasco, Jonan Fernández.

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