«Aún falta que un alto cargo policial nos diga que nunca debieron matar a Mikel»
«Han pasado 40 años y todavía la memoria de Mikel permanece», evoca Idoia Zabalza, la hermana del conductor de autobús detenido por la Guardia Civil y que apareció en el Bidasoa tras ser torturado y asesinado
La familia de Mikel Zabalza no olvidará nunca la respuesta que le dieron a su madre, Garbiñe Garate, cuando fue al cuartel de Intxaurrondo a ... preguntar por su hijo. «Vaya usted a objetos perdidos», le despacharon. Su cuerpo apareció 19 días después esposado en aguas del río Bidasoa. Han sido cuatro décadas de «mucho olvido y de enorme tristeza», pero la familia tiene hoy «ampliamente reconocido que, tras sufrir graves torturas, Mikel murió en el cuartel de Intxaurrondo», subraya su hermana pequeña, Idoia Zabalza. Les falta la verdad judicial, pero también, en el terreno humano, que «algún alto cargo policial nos diga que estuvo mal, que nunca debieron matar a Mikel», reclama.
– Arranca este miércoles en Donostia la gira de un autobús, la exposición y el homenaje ante la placa en memoria de Mikel en Intxaurrondo. ¿Qué supone para la familia esta iniciativa 'Zabalza 40 urte gogoan'?
– Estamos agradecidos y, en este caso, hasta sorprendidos, de que 40 años después todavía haya una iniciativa de este tipo. No tenemos palabras para agradecer todo esto, nos sentimos muy afortunados por el respaldo que hemos tenido siempre de los compañeros de trabajo de Mikel y de mucha gente más.
– Estos días, cuatro décadas después del 26 de noviembre cuando Mikel fue detenido por la Guardia Civil en Donostia, torturado y apareció muerto 20 días después en aguas del Bidasoa, estarán siendo especialmente emotivos para la familia. ¿Cómo lo llevan?
– No lo llevamos peor que entonces. Tenemos una sensación agridulce, un poco contradictoria. No son fechas buenas, siempre te revuelven por dentro. Vuelves a revivir aquellos días, pero siempre hay algo que compensa en parte y es que han pasado 40 años y todavía la memoria de Mikel permanece. Si queremos que alguna vez se esclarezca por completo, el caso no debe caer en el olvido.
– El caso está judicialmente archivado. ¿Hay alguna posibilidad de reapertura?
– Ya nos gustaría que hubiera. Pero no tenemos ninguna evidencia, ninguna prueba que podamos presentar para reabrir el caso. Quedó bastante evidente hace cuatro años, cuando se estrenó la película 'Non dago Mikel?'. Se dieron a conocer unos audios –entre el excoronel del Cesid, Juan Alberto Perote, y el entonces capitán de la Guardia Civil Pedro Gómez Nieto en los que se escuchaba que se les había «ido de las manos»– y eso hizo que se reabriese el caso, pero los investigados no se dieron por reconocidos en aquellas manifestaciones, dijeron que no eran ellos. No se pudo avanzar y se volvió a archivar.
– Necesitan esa verdad judicial.
– Nosotros tenemos ampliamente reconocido que Mikel sufrió graves torturas y murió en el cuartel de Intxaurrondo. No está reconocido por la Guardia Civil, pero a día de hoy hablamos de esto claramente y en voz alta, y no nos han puesto ninguna reclamación por injurias. Es algo ampliamente reconocido no solamente a nivel social e institucional, sino que Mikel ha sido reconocido como víctima y han dado como verdadera la versión de que murió en Intxaurrondo. Tenemos ese reconocimiento, pero no tenemos ninguna verdad judicial. No sabemos quién fue, por qué, en qué circunstancia, o cuál fue la motivación.
– ¿Tienen esperanza de saberlo?
– Es demasiado complicado o imposible dar con nuevos indicios que hagan que se abra una investigación, una grieta en algún lado, que alguien pudiese decir algo. Alguien tendrá alguna documentación que diga lo que le pasó a Mikel.
– PNV y EH Bildu van a pedir hoy al Gobierno Sánchez en el Congreso la desclasificación de documentos relativos al asesinato de Mikel Zabalza. ¿Puede ser esta una vía para avanzar en el caso?
– No es la primera vez que lo reclaman en el Congreso y en el Senado así como en otras instancias. Pero no tenemos ninguna constancia de que vaya a haber ningún movimiento favorable.
– Ha habido reconocimientos de los gobiernos vasco y navarro como víctima de violencia policial y también se colocó una placa junto al cuartel de Intxaurrondo. ¿Qué les falta en el terreno humano después de 40 años?
– Ha habido grandes avances no solamente en el reconocimiento, sino también en el esclarecimiento. Nos vemos, hoy en día, muy arropados. Pero a nivel humano nos falta algo que no se va a dar, desde luego, y es la verdad de todos los detalles, la verdad de cómo ocurrió. A nivel humano, nos falta que alguien que en ese momento tenía responsabilidad política o un cargo alto en las fuerzas de Seguridad nos dijese que aquello estuvo muy mal, que no debió pasar. Que alguien nos dijese que no debieron matar a Mikel. Eso es algo que nos falta todavía. Por el contrario, vemos que lejos de todo eso, siempre los defienden y los condecoran.
– ¿Los más jóvenes de la familia saben qué le pasó a Mikel hace 40 años? ¿Se lo han contado?
– Yo tengo una hija de 34 años y tenemos un montón de sobrinos, pero no se cuenta. La verdad. No se cuenta y sin embargo se sabe y se transmite. Es algo que nos hemos dado cuenta muy a posteriori. Cuando se empezó a hacer la película 'Non dago Mikel', nos entrevistaron y todos comentaban lo mismo, que en casa no se hablaba. Pensábamos que hablábamos, pero, seguramente por protegerles, no decíamos más que lo que ya era público. Mi hija me dijo: 'Ama, todo lo que me decías siempre lo podía encontrar en cualquier periódico. No me decías nada más'. Ahora, algunos van incluso a algunos actos, saben lo que ha supuesto para nosotros, cómo vivimos todo aquello y cómo lo seguimos viviendo.
– Usted era una joven de 21 años, una de las hermanas pequeñas –son dos mellizas–. ¿Recuerda la última vez que estuvo con Mikel?
– Creo que no he hecho nunca el ejercicio de recordar esa última vez. Es la primera ocasión igual que me lo preguntan. Mikel vivía en Donostia, pero le solíamos ver mucho. Venía mucho a casa.
– ¿Tenían una relación estrecha?
– Él era el mayor. Éramos nueve hermanos. Siempre estábamos esperando que llegara a casa. Ejercía de hermano mayor, nos apoyábamos mucho en Mikel y él siempre estaba muy pendiente de todos. Era muy protector de sus hermanos. Era una persona muy sociable, le gustaba salir a comer, ir por ahí...
– Habrá pensado miles de veces cómo vivió Mikel todo aquello tras la detención...
– Seguro que fue terrible. Creemos que debió morir esa misma noche, a pocas horas de la detención. Nuestro primo le oyó gritar y su novia, Idoia Aierbe, nos dijo que había oído cómo decían: 'Se nos ha ido' o alguna cosa así. También nos contó que había visto un bulto tapado con una sábana en una camilla. Y que pensaba que era él.
– ¿Cómo recuerda esos días?
– Yo me entero porque llaman de casa diciendo que habían detenido a otros dos hermanos y a Idoia Aierbe y que Mikel no estaba en su casa y no había aparecido en el trabajo. Mi madre llamó al trabajo y le dijeron que no había aparecido a pesar de que tenía que trabajar de mañana. Fueron todas las noticias horribles a la vez...
– ¿Pensó que estaba ocurriendo algo tan grave?
– Una cosa de semejante calado, nunca.
– ¿Cómo recuerda a sus aitas aquellos días?
– Les recuerdo con un sufrimiento... Completamente abatidos, como estábamos todos. Mi madre tenía algo más de carácter. Y sacaba un poquito de fuerza de donde no tenía, pero estaban completamente abatidos. Nunca se recuperaron. Ha sido una vida de profunda tristeza... Mi padre murió en el 92 y mi madre en el 98.
– No llegaron a ver los reconocimientos a su hijo.
– Cuando le reconocieron como víctima ese fue el primer pensamiento que nos vino a la cabeza… Piensas que todo eso ni devuelve la vida, ni... Pero siempre es un consuelo muy grande que se haya hecho el reconocimiento. Repara mucho… Nosotros hemos vivido una época de oscuridad total y ahora toca construir el futuro y eso significa poner buenos cimientos sobre lo que ha sido el pasado, no dejar grietas abiertas porque luego vuelven a salir.
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