«ETA mató a mi hermano y años después me exigieron dinero»
La banda asesinó en su casa al alcalde de Oiartzun, Antonio Echeverría. Su hermana Carmen regresa allí, donde sigue la bala, para contar su historia
Jesús J. Hernández
Lunes, 1 de diciembre 2025, 01:00
Aquel lunes no hubo clase. Acababa de morir Franco y se habían decretado días de luto. 24 de noviembre de 1975, a mediodía. «Estábamos todos en casa. Habíamos terminado de comer. Mi hermano Antonio estaba sentado ahí». Carmen señala una silla de esparto en la cabecera de una mesa para tres personas. Está en la cocina de la casa de Oiartzun, un habitáculo pequeño con unas vistas magníficas a la espalda. Junto a ella está su hijo Ignacio, que entonces tenía 4 años y aquel día estaba jugando con su tío Antonio, que le estaba dibujando unos árboles. Antonio Echeverría, el primer edil de Oiartzun, el alcalde más joven de Gipuzkoa a sus 33 años. Llamaron a la puerta.
La casa donde mataron al alcalde. Así la llaman en Oiartzun. Con esa naturalidad con que se nombran los montes, las ermitas o los ríos. La casa donde mataron al alcalde tiene colores rústicos y dos puertas rojas enmarcadas en dinteles sobre una fachada blanca. Es allí donde llamó aquel día un joven de unos 25 años que dijo traer «un mensaje urgente» de parte del alcalde de Hernani. «Qué querrá ahora, si acabo de estar con él esta mañana», comentó Antonio, algo extrañado, mientras se levantaba de la mesa. Y añadió: «Amatxo, ponme poco café que no me sienta muy bien».
Escucharon un ruido seco. «Un tiro, un tiro», dijo él mientras se desplomaba. «Yo salí detrás gritándole 'asesino, asesino'. Subió a un coche, un 600. Y ya», rememora su hermana Carmen. «Pidió perdón a su padre, que bajó preguntándole 'qué ha pasado Antxon' y a mí me dijo que me quedaba otra hermana», confiesa. Aitona le llamaba Antxon. «En esta casa y en aquella época se hablaba en euskera, pese a lo que se suele creer», precisa Ignacio. Antonio Echeverría también.
El disparo fue mortal. Atravesó su cuerpo y se incrustó en la pared. «Aquí está el agüjero y aquí seguirá mientras vivamos», sentencia su hermana Carmen. Hace unos años alguien empapeló la casa y su madre se llevó un disgusto tremendo. «¿Quién ha hecho esto? ¿Dónde está el tiro?», y rasgó el papel con el dedo para dejar a la vista el impacto del proyectil, que fotografía este diario. «Estas cosas no hay que borrarlas. Es lo que hemos vivido», defiende Ignacio. Es parte de la historia familiar, por mucho que duela.
«Había muerto el regidor anterior y Oiartzun llevaba mucho tiempo sin alcalde. Y le pidieron que fuera él, aunque no quería. Hizo mucho por el pueblo. Hay quien lo ve y quien no lo ve», reconoce Carmen. Llevaba un año en el cargo cuando le mataron. Lo compatibilizaba con una empresa de construcción. «Estaba levantando un bloque de viviendas en Lasarte, con 50 empleados en plantilla. Yo me tuve que hacer cargo con 33 años», cuenta Carmen. «Tras el asesinato, los bancos no le daban créditos a ella», añade su hijo Ignacio. «Poca gente se portó muy muy bien. Y mucha gente nos dio la espalda».
Ocho en la lista
Se cuenta en Oiartzun que Antonio recibió amenazas y quizá evitó contarlas a la familia para no preocuparles. Que le pusieron un gato negro muerto, que un vecino le paró en la calle y le dijo que «hay ocho alcaldes en la lista y tú estás el primero». La campaña de ETA contra los regidores siguió en los meses siguientes.
De pronto, la banda volvió. «A mi madre le pidieron el 'impuesto revolucionario'. Íbamos al cole con escolta», recuerda Ignacio. La propia Carmen cuenta que un día le advirtieron un día que «lo que tenga que pasar sucederá en su casa, en la de sus padres, donde usted nació». Llamó a la Policía y rastrearon el caserío de Oiartzun en busca de algún artefacto que nunca apareció. «Al final me harté, ni dormía. Y quedé con ellos –con quienes le chantajeaban– en mi despacho y no aparecieron. Había dos policías secretas esperándoles», recuerda Carmen.
La factura emocional fue enorme. «Después de que le mataran, aitona seguía bajando a la cocina y poniendo un plato para que desayunara su hijo Antonio», confiesa Ignacio. «Murió a los ocho meses de un cáncer. Y después Lucía, con 31 años, la hermana de Antonio, de lo mismo, de páncreas. Hubo más en la familia. Estas cosas se notan con el tiempo», confiesa Ignacio. «La amona tenía una tienda de lanas en Oiartzun. Se tuvo que mudar a San Sebastián pero seguía viniendo en autobús para abrir cada día el comercio. Nunca entraba nadie. Ella no dejó de venir», se duelen.
Carmen se vio obligada a cambiar de sector y abrió una tienda de ropa en la calle Txurruka. «Hasta hace poco, había quienes decían 'aquí no entres'. Algunos de ellos de este pueblo. Uno vino a reírse al escaparate. Yo he escuchado decir 'a los Echeverría ni agua'», cuenta Carmen. Como si matarle no fuera suficiente.