Cuando tu marido es el lehendakari

Las mujeres de los máximos mandatarios del Gobierno Vasco tratan de conciliar el anonimato con los actos públicos que exige la agenda institucional de sus cónyuges

Iñigo Urkullu pasea junto a su mujer, Lucía Arieta-Araunabeña, y uno de sus perros, 'Atx', en Durango, donde suelen residir./
Iñigo Urkullu pasea junto a su mujer, Lucía Arieta-Araunabeña, y uno de sus perros, 'Atx', en Durango, donde suelen residir.
Ainhoa Muñoz
AINHOA MUÑOZ

El fichaje de Begoña Gómez, la mujer de Pedro Sánchez, por el Instituto de Empresa ha vuelto a poner en el centro del debate a las esposas de los mandatarios por el papel que ejercen. Y es que mantener el equilibrio entre la privacidad, su trabajo profesional y las exigencias de representación derivadas del cargo de sus maridos no es una tarea fácil. Menos aún cuando el foco mediático se lo llevan ellas.

Las 'primeras damas' de Ajuria Enea, de hecho, han mantenido por regla general un perfil bajo y lejos de las cámaras, con excepción de las apariciones públicas exigidas de la agenda institucional de sus maridos: los lehendakaris. Todas han tenido que sobrellevar, muchas veces superando incluso su timidez, una vida a compás entre el anonimato y la vida pública de sus cónyuges.

Sagrario Mina, mujer de Carlos Garaikoetxea

Estreno accidentado como 'primera dama'

Lo de Sagrario Mina sí que fue entrar a Ajuria Enea con mal pie. Literalmente. La mujer de Carlos Garaikoetxea aterrizó a ciegas en una residencia presidencial vacía. Era la primera vez que la familia de un lehendakari se alojaba en aquella vivienda, la que se convertiría en la residencia oficial, así que le tocó poner en marcha toda la decoración del palacio en Vitoria, con tres niños a su cargo. Apenas pasaron unos días desde que a su marido le invistieron como máximo representante del Gobierno Vasco, en 1980, cuando a Mina se le cayó una puerta encima de la pierna y tuvo que ser escayolada.

Dicen quienes le conocen que era muy detallista. En una ocasión, cuando los reyes Juan Carlos I y doña Sofía visitaban por primera vez Ajuria Enea, Mina se pasó semanas enteras estudiando las aficiones de la reina para mantener una conversación con ella. Jamás hablaron de nada más que no fueran cosas triviales. En lo que sí se empeñó fue en que la esposa de don Juan Carlos tuviera un salón dispuesto de mobiliario de mimbre, como así lo había exigido la monarca, para descansar. De Pamplona y perteneciente a una familia conocida, Mina llegó a la capital alavesa sin apenas conocer a nadie, hasta que encontró en un grupo de mujeres una 'cuadrilla' para disfrutar de lo que más le gustaba: la cultura. La mujer de Garaikoetxea prefería estar alejada de los actos políticos, pasar desapercibida, aunque a veces acudía a mítines de su marido. Donde sí se dejaba ver era en la ópera, los teatros o conciertos; y siempre hablaba con su familia en euskera. Como entonces, sigue manteniendo las visitas de verano a Zarautz.

Sagrario Mina escucha a Garaikoetxea en un Aberri Eguna
Sagrario Mina escucha a Garaikoetxea en un Aberri Eguna / Usoz

Gloria Urtiaga, mujer de José Antonio Ardanza

La andereño tímida que concedía entrevistas

Con 21 años, los viajes en tren de camino a la Universidad empezaron a forjar la relación Ardanza-Urtiaga. Una amiga en común del exlehendakari José Antonio Ardanza, de Elorrio, y Gloria Urtiaga, de Gernika, les presentó cuando estudiaban él Derecho y ella francés en Deusto. Seis años de novios después y una boda en 1969 les volvieron inseparables.

En el momento en que Ardanza asumió el papel de lehendakari, Gloria Urtiaga tuvo que hacer frente a su extrema timidez para ser desde entonces, y durante catorce largos años, uno de los centros de atención. Eso sí, jamás dejó a un lado su pasión por la docencia y siguió ejerciendo de andereño en una ikastola de Vitoria. Se jubiló cumplidos los 60 años. Antes de que Ardanza se hiciese con la batuta del Ejecutivo autonómico, Urtiaga ya supo lo que era estar casada con un cargo público. Ardanza fue juntero, alcalde de Arrasate, diputado general de Gipuzkoa, parlamentario...

Ella ha sido de las pocas mujeres de lehendakari que llegó a ofrecer entrevistas. Unas charlas en las que no eludía reconocer que se había convertido en la crítica «más mordaz» de su marido, que había sufrido momentos tan duros que tuvo ganas de tirar la toalla y marcharse de Ajuria Enea o que incluso 'engañaba' a sus hijos diciéndoles que cuando todo aquello acabase, el aita se dejaría barba y jamás volvería nadie a reconocerle por la calle. Nunca volvieron a ser ciudadanos anónimos. «Las tensiones del cargo han repercutido en nuestra vida familiar, pero, pese a todo, hemos logrado mantenernos muy unidos», confesaba. Siempre apoyó a su compañero de vida, con el que tiene dos hijos.

A lo largo de las tres legislaturas con Ardanza como lehendakari, Urtiaga se caracterizó también por acudir a numerosos actos sociales, sobre todo aquellos solidarios y en apoyo a personas con enfermedades.

Ardanza y Gloria Urtiaga, antes de abandonar Ajuria Enea.
Ardanza y Gloria Urtiaga, antes de abandonar Ajuria Enea. / Telepress

Begoña Arregi Mujer de Juan José Ibarretxe

Un «¡Ay, madre!» que quedará para la posteridad

Extraordinariamente discreta, a la mujer de Juan José Ibarretxe se le recordará siempre por el espontáneo «¡Ay, madre!» que se le escapó frente a una nube de cámaras de televisión y fotógrafos que esperaba al matrimonio a las puertas de Ajuria Enea el mismo día en que los Ardanza les cedieron el testigo.

Aquella tarde invernal, el 2 de enero de 1999, Begoña Arregi se encaró al frío vitoriano con un abrigo de mutón. Y ella, reservada hasta la médula y administrativa en una fábrica de su Llodio natal, pasó a conformar la erróneamente llamada lista de 'mujeres de' en Euskadi. Pero no de un hombre cualquiera, si no de aquel que marcó la política vasca con un plan -el Ibarretxe, por supuesto- que supuso un antes y un después en Euskadi. Y eso, al fin y al cabo, acaba llevándoselo una a casa. Quienes la conocen aseguran que jamás se metió en política. Lo suyo era dedicar tiempo a su familia y, en especial, a sus dos hijas.

Persona de fácil trato, y nacida en un caserío del barrio de Larrazabal, la 'primera dama' de Euskadi durante una década siempre se dejó ver en los mítines de su marido en un segundo plano. Eso sí, la mirada penetrante y seria con la que acostumbraba a observarle durante los actos públicos parecía estar evaluándole. Entonces, incluso pasaba a llamar a su marido «Ibarretxe» delante de los medios, en vez de Juan José.

Y aunque Arregi siempre se caracterizó por querer estar al margen de los focos -no dudó, eso sí, en respaldar a Ibarretxe durante el juicio por haberse reunido con Batasuna- nunca dejó de acompañarle en sus viajes oficiales en el extranjero. De hecho, aquel periplo en el que Ibarretxe paseó su plan por primera vez fuera de Euskadi -en Londres para ser más exactos- el matrimonio celebraba su aniversario de bodas. Una cita ineludible que ninguno de los dos quería dejar pasar. Así que la delegación vasca que se desplazó hasta la capital británica acompañó a los Ibarretxe-Arregi hasta un restaurante en 'la city' londinense para brindar por su matrimonio. Cenaron pizza.

Ibarretxe y Begoña Arregi, de gala para asistir a la ópera.
Ibarretxe y Begoña Arregi, de gala para asistir a la ópera. / Telepress

Begoña Gil Mujer de Patxi López

Besos de una política que nunca renunció a su cargo

Quizás el de Begoña Gil es el caso más singular de las mujeres de lehendakari. Y es que ella, nacida en Bilbao en 1967, sabía perfectamente lo que era estar involucrada en la política: se afilió a las Juventudes Socialistas con 20 años, durante 16 fue concejala en el Ayuntamiento de Bilbao por el PSE-EE y hoy sigue ejerciendo como cargo público -es vicepresidenta de las Juntas Generales de Bizkaia-.

Licenciada en Filosofía, Gil encontró el amor en Patxi López gracias a que se lo presentó su hermano Melchor. Y nunca -jamás- se planteó abandonar su estatus político pese al ascenso de su marido hasta convertirse en jefe del Gobierno Vasco. Ella es Begoña Gil, y luego la mujer del único lehendakari socialista.

Desde un puesto más humilde que el de su marido, la dirigente del PSE intentó refugiarse en la discreción. Aunque ninguno de los dos miembros del matrimonio ha tenido nunca reparos en besarse en público ni en los actos institucionales delante de los medios de comunicación. De hecho, ha sido una estampa bastante repetida. Es más, López no ha escatimado en elogios a la hora de hablar sobre su esposa, y en más de una ocasión la ha definido como una mujer «inteligente», además de «la más guapa».

Quizás ese toque de naturalidad frente a los periodistas le llevó a ser la primera mujer de un lehendakari en abrir las puertas de Ajuria Enea para que los ojos más curiosos vieran por dentro la residencia oficial del presidente vasco. Una vivienda ocupada por una familia de dos, ya que los López-Gil no tienen hijos.

Begoña Gil besa a Patxi López en la toma de posesión en Gernika.
Begoña Gil besa a Patxi López en la toma de posesión en Gernika. / EFE

Lucía Arieta-Araunabeña Mujer de Iñigo Urkullu

El difícil cambio de Durango por Ajuria Enea

Dicen en su entorno que a Lucía Arieta-Araunabeña le costó hacerse a la idea de cambiar su lugar de residencia en Durango por el palacio de Ajuria Enea en Vitoria. Así que, hoy por hoy, la familia vive a caballo entre ambos domicilios. Madre de tres hijos -Malen, Karlos y Kerman-, a la mujer del hoy lehendakari Iñigo Urkullu siempre se le ve acompañando a su marido en los actos institucionales o políticos, formando un tándem familiar que nunca sobrepasa lo meramente protocolario. Ella siempre respalda a su marido desde la discreción, lejos de ocupar cualquier cuota de protagonismo.

La actual 'primera dama' de Euskadi, hija de un histórico futbolista del Athletic, Eneko Arieta, sigue manteniendo el mismo puesto de trabajo de antes de que su marido fuera el máximo responsable del Gobierno Vasco: es funcionaria en la UTAP, la parte administrativa del departamento de Seguridad del Ejecutivo autonómico.

El «relaxing cup of café con leche» de Botella o la incógnita de 'Viri'

El foco sobre las mujeres de presidentes del Gobierno tampoco es fácil de sortear. Y si no que se lo pregunten a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez. A Elvira Fernández, 'Viri', la mujer de Rajoy, apenas se le conoce, y su anonimato es ya parte de su perfil. Más se dejó ver la mujer de Zapatero, Sonsoles Espinosa, que siguió ejerciendo de soprano. Y Ana Botella, esposa de Aznar, será siempre recordada por su ya célebre frase «Relaxing cup of café con leche» en la presentación, como alcaldesa, de la candidatura olímpica de Madrid. La ya exmujer de Felipe González, Carmen Romero, pasó de ser profesora a diputada. Pilar Ibáñez -esposa de Calvo Sotelo- tuvo que lidiar con los restos de un intento de golpe de Estado. Y si hay algo que nadie le quitará a la fallecida Amparo Illana es haber sido la mujer del primer presidente en democracia, Adolfo Suárez.

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