Marcos Hernando: «El error no fue matar a tres jóvenes en Tolosa hace 37 años, el error fue ETA»

Marcos Hernando. /
Marcos Hernando.

Hernando recuerda a Conrado Martínez, su hermano y un amigo, asesinados en 1981 al ser confundidos con policías, después de que ETA asuma ahora su autoría

Elisa López
ELISA LÓPEZSAN SEBASTIÁN.

Marcos Hernando (Bilbao, 1950) era amigo de Conrado, uno de los tres jóvenes vizcaínos que ETA asesinó el 24 de junio de 1981 al confundirlos con policías y cuya autoría ha asumido esta semana, 40 años después. Aquel día de hace 37 años, Iñaki Ibargutxi y los hermanos Conrado e Imanol Martínez, se encontraban en Tolosa vendiendo a domicilio discos y libros para aprender euskera. Al salir a mediodía del bar Beti Jai fueron acribillados a balazos. Iñaki e Imanol murieron en el acto y Conrado meses después.

-¿Qué siente después de que ETA haya reconocido el asesinato de 'los tres de Tolosa'?

-Sabíamos que había sido ETA porque al poco de asesinarles, la banda terrorista envió una carta a la viuda de Conrado para decir que había sido un error. Aunque lo sabíamos, está bien que se reconozca. Pero no sabemos qué comando lo hizo, ni quiénes asumen esa responsabilidad. Y me intriga que la nota exculpatoria de ETA salga ahora. Lo podían haber dicho hace mucho tiempo.

-¿Hubiera supuesto menos sufrimiento haberlo reconocido antes y que hubieran pedido perdón?

-Yo creo que sí. Este atentado creó un gran revuelo porque Conrado militaba en el partido comunista e Iñaki Ibargutxi en el PNV. Pero lo que más me crispa es que digan que fue un error. ¿Por qué un error? ¿Los demás asesinatos no lo fueron? Es que decir que ese atentado fue un error presupone que los demás no lo fueron... Y el gran error se llama ETA, desde su concepción, y su existencia ha sido una locura.

-Dijeron que a los tres amigos les confundieron con tres policías...

-Una persona que trabajaba en el Ayuntamiento de Tolosa les señaló. Yo siempre digo que el primero que mata es el que piensa, el que concibe que matar es lícito. Luego el que señala y luego el que dispara, que a veces es el más tonto. Lo que no se asume es que ETA ha sido un error político terrible. El silencio que ha existido es estremecedor. Yo me he visto solo en muchas circunstancias. En mi facultad, en la UPV, llevábamos el lazo azul dos personas, cuando éramos 150 profesores. Y a los círculos de Gesto por la Paz en sus inicios no íbamos más que 15 o 20.

-También se afirmó que fue la Policía quien les asesinó.

-Sí. Dijeron que era el Estado. De hecho, el día del funeral en Durango se organizó una manifestación a favor de ETA, en la que hicieron una declaración durísima contra la guerra sucia. Pero ese mundo ya sabía que era ETA, y hasta qué comando. Hicieron una especie de Fuenteovejuna.

-¿Cómo era su amigo Conrado?

-Conocí a Conrado en los tiempos de Franco, en los años setenta, y la represión era muy dura. Él era militante del PCE y sufrió dicha represión. Teníamos mucha afinidad por temas ideológicos y por la pintura. Yo he sido profesor de Bellas Artes y a él le interesaba mucho el arte. Era un hombre callado, pacífico y templado. Un hombre de convicciones. Conoció a Nati y tuvieron un chaval al que pusieron mi nombre.

-¿Y la familia Martínez cómo lo vivió? Mataron a dos hijos.

-Fue terrible. Dos hijos y un amigo que estaban vendiendo libros en Tolosa y los matan. Tenían entre 26 y 31 años. Conrado tenía un niño de cinco años, y su hermano dos hijos. Un ser miserable dijo que eran 'txakurras' y fueron a por ellos...

«Su mujer murió un año después. No soportó la carta que ETA le envió diciendo que había sido una confusión»

-La mujer de Conrado murió un año después.

-Nati era una mujer estupenda, muy sonriente... Recibió una nota diciendo que había sido un error, y no lo pudo soportar. Esto es una tragedia que no se puede resarcir ni con penas de cuarenta años, ni con dinero, ni con nada. Hace tiempo escuché a una víctima de ETA, una viuda, que dijo que a un preso se le puede ir a visitar a 40 o a 800 kilómetros, ella iría encantada a ver su marido, pero no puede porque está enterrado. Esa es la diferencia. Esta sociedad ha vivido un profundo síndrome de Estocolmo. Parece que a los que no nos ha tocado, tenemos que soportar en silencio todo la barbarie vivida.

-¿Ahora toca investigar el caso y que se juzgue a los asesinos?

-Claro. Por lo menos que se sepa quien fueron, cómo y por qué. Y reconocer que han sido causantes de una desgracia enorme. En los últimos tiempos veo un equívoco perverso de la mano de la Iglesia. Es decir, concebir el terrorismo como si fuera una falta de la que uno puede redimirse después de confesarse. Y aquí paz y después gloria. Y no es así. Hay que poner ante la ley a quien ha asesinado a tanto inocente.

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