Consuelo Ordóñez: «Cada mañana que salía de casa, mi hermano sabía que igual ese día ya no iba a regresar»

Consuelo Ordóñez, hermana del político donostiarra del PP asesinado en 1995. /JESÚS SIGNES
Consuelo Ordóñez, hermana del político donostiarra del PP asesinado en 1995. / JESÚS SIGNES

A. González Egaña
A. GONZÁLEZ EGAÑA

Consuelo Ordóñez recuerda la vida con su hermano Gregorio. Reconoce que tiene «mucho cargo de conciencia» por haberse mantenido, en aquellos años, cómodamente al margen de su vida política. A punto de cumplirse 24 años de su asesinato a manos de ETA, la presidenta de Covite se pregunta: «¿Nos hemos parado a pensar cómo es vivir sabiendo que te van a matar?».

-El 23 de enero se cumplen 24 años del asesinato de su hermano y el próximo día 19 se reunirán en su memoria en el cementerio de Polloe. Pese al tiempo transcurrido, sigue intacto su ánimo para continuar con la reivindicación de los derechos de las víctimas.

-A veces pienso que es un milagro que esté tantos años aquí y cada vez con más actividad. Pienso que es mi hermano el que me da las fuerzas para seguir en esta lucha. Nos estamos jugando mucho. Sabemos lo que pretenden la izquierda abertzale y el nacionalismo. Lo cómodo para la mayoría de la sociedad vasca es blanquear a ETA y que la sociedad no tenga mala conciencia de dónde estaba, o qué hizo hasta que ETA dejó de matarnos…

-¿Cómo era su vida de hermanos?

-Nos llevábamos 18 meses, él cumpliría en junio 61 años, pero en aquellos tiempos yo no era consciente de lo que estaba haciendo mi hermano en política. Nunca fui aduladora ni le animaba o apoyaba, me mantenía muy cómodamente al margen. Tengo mucho cargo de conciencia. Sabía que tenía una gran popularidad y que era un trabajador nato. Que mi hermano viviera tan intensa y rápidamente nunca me lo explicaba. Goio llevó hasta las últimas consecuencias la vocación de servicio público. Amaba con pasión el trabajo que hacía, el municipal, el trato cara a cara con el ciudadano. No creo que haya existido un político tan accesible.

-¿Hablaban sobre ETA?

-En casa siempre se han vivido con horror los atentados de ETA. Vivíamos al lado del Gobierno Civil, donde se colocaban las capillas ardientes de muchas víctimas. Antes de que asesinaran a mi hermano, yo ya iba a funerales de los guardias civiles y de los policías, tanto en la Sagrada Familia como en el Buen Pastor. Nuestro negocio familiar también se vio afectado por el terrorismo. Teníamos una lavandería industrial, la primera que hubo en San Sebastián y a causa de ETA, los hoteles con los que trabajábamos perdieron muchos clientes. Los grupos de turistas cambiaron de ruta, ya no venían por aquí.

-¿En algún momento le confesó si tenía miedo de que le pasara algo?

-Él ya estaba casado, no hablaba de esas cosas conmigo. Hablando con mi cuñada, supe que en los últimos meses sabían que le podían matar. Se le notaba preocupado, aunque no quisiera exteriorizarlo. Él sabía que cada mañana que salía de casa, igual ese día ya no iba a regresar. No somos conscientes en este país y menos en el País Vasco, cómo han vivido muchas víctimas civiles que han sufrido esa persecución. ETA siempre ha funcionado igual, siempre ha hecho saber a las víctimas civiles que les iba a matar y a muchas las ha llegado a matar al tercer intento de atentado... ¿Nos hemos parado a pensar cómo es vivir sabiendo que te van a matar?

-¿Ese relato está aún pendiente?

-Sí. Y son nuestros verdaderos héroes, porque, sin cambiar un ápice su vida, siguieron adelante. Podían haber cambiado su actitud, dejar de hacer lo que hacían y dejar de pensar lo que pensaban, o no hacerlo público e incluso hacerles la pelota a los que les acosaban. Igual les hubieran perdonado la vida... Quizás más de uno lo habrá hecho. Se puede comprender. Incluso me hubiera gustado que mi hermano se hubiera ido fuera. Pero no, como otros siguió haciendo lo que hacía a pesar de que sabía que le podían matar. El relato se repite en víctimas civiles.

-¿Dónde estaba usted cuando ocurrió el atentado, cómo se enteró?

-Estaba preparándome para ir a trabajar. Mi hermano y Ana vivían en la casa de mis padres en Amara, llevaban un año viviendo allí. Yo me había mudado a Isabel II, de manera provisional, hasta poder ir a mi nueva casa aún en construcción. Serían las 3.30, sonó el teléfono en casa y era la madre de Eugenio Damboriena que llamaba alarmada preguntando si yo sabía dónde estaba Goio. 'Estará como siempre en el Ayuntamiento', le dije. Llamé a mi cuñada y se lo comenté, pero ella tampoco sabía nada. Me dijo: 'Hago unas llamadas'. Yo hice lo mismo y llamé al Ayuntamiento, pero tampoco sabían nada. Volví a llamar a Ana y su respuesta fue: 'Vente corriendo a casa'. Según llegué al portal de su casa vi que estaban acordonando la zona y pregunté a un policía: '¿Qué ha pasado?'. 'Pues imagínatelo…', me dijo. Subí a casa y ya estaba Ana con María (San Gil), Eugenio (Damboriena)...

-¿En quién se apoyó?

-Mi vida fue de decepción en decepción hasta que encontré mi refugio en la gente anónima de la calle, en las concentraciones a las que comencé a ir al mes del asesinato. Iba sola. Seguía teniendo buena relación con mis amigos, me servía el consuelo que me daban, pero empecé a ver que me lo daban como a cualquier amistad a la que se le hubiera muerto un familiar de cáncer o de un accidente de tráfico. Pero es que yo abría todos los días el periódico y lo único que veía era que todos los partidos, salvo el PP, decían que había que negociar con ETA. Pero si acababan de matar a mi hermano hacía unos días...

-¿Hoy está de acuerdo con la actuación del Gobierno de Sánchez en política penitenciaria?

-Nosotros pedimos una política penitenciaria con altura de miras en la que los asesinos renieguen del proyecto de ETA. El ministro se comprometió a la transparencia y es verdad que se está cumpliendo.

 

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