Maite Araluce, Presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT): «Perdonar a los asesinos de mi padre no me impide exigir justicia y memoria»

La nueva presidenta, Maite Araluce, en su despacho en la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Madrid./
La nueva presidenta, Maite Araluce, en su despacho en la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Madrid.

«Con la doctrina Parot muchos asociados han necesitado, de nuevo, ayuda psicológica. Ahora nos está pasando lo mismo», asegura Araluce

A. GONZÁLEZ EGAÑASAN SEBASTIÁN.

Maite Araluce, donostiarra de 57 años y granadina de adopción, es desde el pasado sábado la nueva presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), en sustitución de Alfonso Sánchez. Su padre, Juan María Araluce, era el presidente de la Diputación de Gipuzkoa cuando fue ametrallado por unos terroristas de ETA el 4 de octubre de 1976 cuando se disponía a abrir la puerta del coche, junto al portal de su casa. Le esperaban para comer, pero nunca llegó. Toda la familia perdonó a los asesinos, un gesto que, según Maite Araluce, no está reñido con la exigencia de «verdad, memoria, dignidad y justicia», pilares sobre los que se sustenta la AVT.

-¿Por qué decidió presentarse a la presidencia de la AVT?

-Por responsabilidad. Debía hacerlo, sobre todo viendo lo que está pasando y el relato que se está contando. Se lo debo a mi padre y a todos a los que, como él, les quitaron la voz.

-¿Qué supone dar este paso justo cuando ETA anuncia su disolución?

-Hay cerca de 4.500 asociados que siguen sufriendo porque por desgracia ser víctima del terrorismo no se pasa y menos con cosas como las que estamos viviendo, que nos llevan a revivir todo el drama. Con la doctrina Parot hubo un repunte de asociados que tuvieron que volver a pedir ayuda psicológica y aún siguen en tratamiento. Ahora nos está pasando lo mismo. Nos preguntamos para qué ha servido tanto dolor y sufrimiento. No han entregado todas las armas, la prueba es que han dado la localización al Gobierno francés de otro arsenal y unos que se hacen llamar ATA, que al final son lo mismo, han robado 60 pistolas...

«Si reconocieran el daño causado ayudarían a esclarecer los 358 asesinatos sin resolver»

-¿Qué sintió al leer los comunicados de ETA de los últimos días?

-Que digan que reconocen el daño y que piden perdón solo a una parte de las víctimas, hace pensar que están derrotados y que se disuelven porque no tienen más remedio. Si fuera de verdad tendrían que colaborar para resolver los 358 asesinatos sin esclarecer como el de mi padre, por ejemplo. A muchas víctimas nos gustaría saber qué fue lo que ocurrió y por qué para poder cerrar la herida.

-¿Cuál va a ser su tarea prioritaria?

-La memoria y el relato. ¡Que no se cuenten milongas! Tenemos que contar en primera persona qué es lo que ha pasado, sobre todo para que no vuelva a ocurrir. También debemos evitar actos de bienvenida. Sufrimos una nueva victimización cada vez que asistimos a esos vítores a etarras.

-¿Teme que se intente pasar página demasiado rápido?

-Lo que no hay que hacer es ninguna concesión a los etarras. No debían haber matado nunca. ¿Y les vamos a premiar por dejar de matar? No lo entiendo. Es un cuento que están vendiendo y hay quien se lo compra.

-Acudirá mañana a la reunión con Rajoy en Moncloa. ¿Qué le dirá?

-Que vamos a estar muy pendientes de que no se otorguen beneficios penitenciarios a los presos de ETA. Nos podrán tranquilizar con la palabra, pero vamos a ser vigilantes.

«Recuerdo a mi padre mirándonos. Aún estaba vivo. Medio sonrió. No quería asustarnos»

-¿Ha podido perdonar a los asesinos de su padre?

-Sí, toda la familia lo hicimos. El perdón es una cosa que nace de dentro de cada uno, pero una cosa es el perdón y otra es pedir justicia. Yo perdono, pero reclamo verdad, memoria, dignidad y justicia.

-Tenía 15 años cuando ETA asesinó a su padre en San Sebastián. ¿Cómo ha vivido con esa losa tan pesada?

-Es muy difícil. De pronto se te cae el mundo encima y empiezas a vivir con miedo. Yo soy la séptima de nueve hermanos, pero como la mayor no estaba en casa, era yo quien dormía con mi madre. Le escuchaba llorar todas las noches y no sabía cómo ayudarle... Me sentía además responsable de las hermanas pequeñas, de que no les pasara nada. El primer año fue muy duro. En el colegio la directora me decía que antes de irme a casa recogiera a mi hermana pequeña y le revisara la mochila y el abrigo por si le habían dejado alguna nota con insultos. A mí me llegó un telegrama que ponía que con la muerte de mi padre, había «un cerdo menos en la tierra». Luego me enteré que habían sido niñas del colegio, que yo creía que eran mis amigas. Una vez que te marcaba ETA, cruz y raya, ya nadie podía hablar contigo, pasabas a ser el enemigo público número uno. Esa fue una de las razones por las que decidimos marcharnos a Madrid.

-¿Su padre había tenido amenazas?

-Sí, pero los hijos no sabíamos nada. Vivíamos con la inocencia de que algo así no nos podía pasar. El día del atentado, cuando escuchamos el ruido de las metralletas y salimos a la terraza, no se me pasó por la cabeza que fuera ETA. Recuerdo que mi madre fue la única que se quedó sentada en la mesa, con la cabeza baja y los puños encogidos diciendo: 'Ya está...'. El momento del que tanto miedo tenía había llegado...

«Niñas de mi colegio me enviaron un telegrama que decía 'un cerdo menos en la tierra'»

-Estaban en casa comiendo cuando escucharon el sonido de las metralletas. ¿Cómo reaccionó usted?

-Bajé a la calle con mis hermanos. Me acuerdo de mi padre mirándonos. Aún estaba vivo, medio sonrió, la cara que tenía era de mucha paz y serenidad... Seguramente para no asustarnos más. Recuerdo poco más, la sangre en los sillones del coche... Uno de mis hermanos se subió, cogió el volante y se llevó a nuestro padre al hospital. Estaba muy grave. Quien vivió un poco más, apenas unas horas, fue el conductor José María Elícegui. Tres policías de su escolta también fallecieron.

-¿Se logra superar algo así?

-Yo tengo memoria selectiva. Se ve que cuando algo duele tanto, se queda como dormido. De los años de San Sebastián me acuerdo de muy pocas cosas y de los primeros en Madrid, igual. No sé ni cómo hicimos la mudanza ni como llegamos... Sin embargo, hay imágenes, olores, ruidos que no se te olvidan y justo es eso lo que quisiera que se fuera. El ruido de las metralletas, la imagen de la sangre... Durante mucho tiempo cuando escuchaba ruido de sirenas, hasta hace muy poco, sentía mucha ansiedad, me ponía muy nerviosa.

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