Julen Mendoza: «Los presos pueden sanar el dolor de las víctimas, y estas ayudar a otra política carcelaria»

Primer edil. Julen Mendoza pasea por una céntrica plaza de Errenteria./ARIZMENDI
Primer edil. Julen Mendoza pasea por una céntrica plaza de Errenteria. / ARIZMENDI

«En convivencia, más que debates políticos hay que bajar al ámbito humano, conocer a las personas y entender que te toca hacer ciertas cosas»

JORGE SAINZERRENTERIA.

Julen Mendoza (Errenteria, 1978) se plantó el 1 de agosto en Sevilla en un avión y mantuvo una conversación «intensa pero sin reproches» con José Miguel Cedillo, hijo del policía nacional Antonio Cedillo, asesinado por ETA en la villa papelera en 1982. José Miguel entonces tenía apenas tres años y tuvo que abandonar Euskadi junto a su madre casi a la carrera. 26 años después, quería organizar un reconocimiento a su padre en Errenteria. Mendoza confiesa que esas cuatro horas de charla en el aeropuerto sevillano «no fueron sencillas para mí y supongo que para él fue duro reunirse con un alcalde de EH Bildu que no sabes qué reacción va a tener». Pero de aquel diálogo nació el acto del pasado día 15 en Mugaritz, el lugar del atentado, en el que ambos volvieron a reencontrarse.

-¿Qué ha supuesto este acto?

-Era delicado y marca un antes y un después en el tema de reconocimientos, convivencia y paz. Marca una vía por donde se puede transitar. Nos ha marcado tanto internamente, esto lo digo claramente, como externamente de cara a la política general.

-En este sentido, ¿ha sido bien entendido este gesto en la izquierda abertzale, un mundo totalmente alejado de la Policía Nacional?

-Los procesos tienen mucha importancia. En todo el proceso ha existido un acompañamiento de EH Bildu y se ha realizado conjuntamente con EH Bildu, algo que era importante.

-Me refería más al militante de base de la izquierda abertzale histórica.

-Se ha hecho también un trabajo con las bases y lo han entendido bien. Era muy importante saber el contexto del acto, y el contexto era exclusivamente personal de la familia del policía Antonio Cedillo, y con un mensaje exclusivo de recuerdo a su persona, a favor de la paz y la convivencia. En ese contexto yo tenía que estar sí o sí como alcalde, y EH Bildu, también. Y las bases lo han visto con buenos ojos.

-¿Podrían extenderse estos actos a otras víctimas de ETA, singularmente policías o guardias civiles? ¿O precisarían de unas circunstancias muy concretas?

-Se trata de hacer un acto para sanar el dolor de la familia, que es lo que he visto con José Miguel, con el que sentía una deuda personal. Si los actos se sitúan en esa esfera y con procesos para que esas víctimas se sientan mejor, pues ahí hay que estar. Es importante resaltar que el acto era sobre la persona de Antonio Cedillo. Es verdad que en este país la Policía ha vulnerado derechos fundamentales, así que lo que no vamos a poder hacer nunca, y hablo como alcalde, es organizar o estar presente en actos que puedan dañar o generar más sufrimientos a otras víctimas de otras violencias. Pero si son actos para ayudar a la familia de la víctima y son actos sinceros, sí tenemos que estar.

-¿Actos como este son suficientes o el mundo de EH Bildu debe hacer más autocrítica sobre el pasado de ETA, como exigen la mayoría de colectivos de víctimas, otros partidos o el Gobierno Vasco?

-En este país estamos excesivamente emboscados en debates políticos. Hay que bajar más al ámbito humano. Mirarnos a los ojos y tocarnos el hombro. Lo que vimos en Mugaritz se sitúa en un ámbito muy humano, conlleva sin ninguna duda una posición ética y fue una decisión acompañada por EH Bildu y hay que valorar este paso. Hay posibilidades de desbloquear las situaciones de bloqueo que nos generamos nosotros mismos. Esto es lo que ayuda realmente a las víctimas. Creo que José Miguel salió de aquí mejor que cuando llegó. Todos estamos de acuerdo en que este acto, al que acudieron más víctimas, ayudó, por lo que puede abrir una vía.

-Pero las principales agrupaciones de víctimas son muy críticas con ustedes. ¿Es salvable este muro?

-Todas las víctimas no se sitúan en ese ámbito. Cada una es singular. Hemos tendido a dibujar el mapa del sufrimiento de manera muy simplista, con dos bandos, cuando seguramente ha habido más bandos o el sufrimiento le ha tocado a una misma persona por ambos lados. Hay un mundo por explorar.

-Usted representa un perfil muy concreto dentro de EH Bildu, pionero en el acercamiento hacia las víctimas de ETA. ¿Hay más 'Julen Mendozas' en la coalición?

-Aquí también se tiende a simplificar. Lo que hemos hecho ha sido con participación de todos los partidos, con un proceso y un documento base. En este contexto siempre he tenido el acompañamiento de EH Bildu, y esto es más importante que lo que haga el alcalde. En otros lugares EH Bildu también está dando pasos.

-¿Alguna voz interna en las bases de la izquierda abertzale le ha reprochado ir demasiado rápido o demasiado lejos, sobre todo cuando hizo usted los primeros gestos?

-Si tenemos en cuenta lo duro que ha sido nuestro pasado, lo que ha marcado a las personas y a nuestro pueblo, teniendo en cuenta todo eso, el proceso vivido desde 2012 hasta la fecha no ha sido difícil, sin perjuicio de que siempre hay dudas.

El modelo de Errenteria

-¿Cómo recuerda los años duros de violencia en Errenteria? ¿Qué sentía de joven, como militante de la izquierda independentista?

-Tengo dos periodos. De crío el recuerdo era de la Policía, de que no podías salir a la calle cuando había disturbios, que había que andar con cuidado, no te podía ver la Policía en el balcón... Mi recuerdo de juventud es otro, aunque muy ligado al anterior. Recuerdo mi activismo político en manifestaciones, el temor a cómo acabarían. Muchas veces soñaba con todo eso. Recuerdo lo de la furgoneta de la Ertzaintza (con un agente gravemente quemado) y el impacto que generó. O las muertes de Caso y Zamarreño (ediles del PP).

-¿Aquellos atentados de ETA, por ejemplo, le generaron a usted alguna contradicción o reflexión en línea con sus actuales posturas?

-A lo largo de mi vida nunca me he alegrado por ninguna muerte. Nunca he vivido eso como algo bueno. Y eso que he vivido sufrimiento a mi alrededor, por ejemplo cuando en mi barrio murió un joven que conocía, Mikel Arrastia (saltó por el balcón antes de ser detenido porque temía ser torturado). Esas cosas me marcan. Pero siempre, y eso me viene también de casa, he considerado que teníamos que aportar porque este sufrimiento era algo a desterrar al generar dolor en muchos lugares.

«El acto por el policía Cedillo marca un antes y un después. Su hijo salió mejor de lo que llegó»

«Siempre he estado acompañado por EH Bildu, y eso es más importante que lo que haga el alcalde»

«Se ha hecho un trabajo con las bases de la izquierda abertzale, que han visto el acto con buenos ojos»

«De joven nunca me alegré por ninguna muerte, pese a que también viví el dolor. Todo era algo a desterrar»

-Ahora se habla de Errenteria como modelo de convivencia. ¿Es el modelo a seguir?

-La experiencia de Errenteria es de Errenteria, aunque sí se pueden extrapolar conclusiones positivas. Aquí acordamos todos los partidos, también en la anterior legislatura cuando sí estaba representado el PP. Y ese documento ha sido aprobado en ayuntamientos del PSE como Lasarte-Oria y del PNV como Elgoibar. Pero cada proceso es singular. Eso sí, estoy convencido de que la convivencia vendrá de los pueblos.

-¿Las grandes instituciones y partidos, a su juicio, hacen lo suficiente para consolidar la paz?

-La sensación de la sociedad es que no se está llegando a los acuerdos que se debería. Actos como el de Mugaritz ayudan a José Miguel, pero José Miguel también ha ayudado a la sociedad vasca, que necesita liberarse de esa mochila. Hay mucha política pública y poco proceso discreto, porque es ahí donde conoces, entiendes y empatizas con la otra persona y empiezas a entender que te toca hacer ciertas cosas. Eso veo que solo existe en el ámbito de las personas y las víctimas. Es anormal que una víctima de ETA llame a un alcalde de EH Bildu o que yo fuera a Sevilla. Por eso creo que en este país ha llegado el momento de hacer cosas diferentes. La sociedad lo pide.

-¿Esperaba más pasos del Gobierno del PSOE con los presos de ETA?

-Había ciertas expectativas al escuchar al ministro o al delegado del Gobierno. Pero pasado el verano parece que algo ha cambiado. No sé qué ha podido pasar para que se haya suavizado esa decisión inicial valiente.

-¿Qué le parece que las principales asociaciones de víctimas se hayan colocado en la vanguardia para velar por que los presos cumplan determinadas condiciones para ser acercados? ¿Pueden los reclusos profundizar en la autocrítica?

-Bueno, muchas víctimas que no se sienten representadas por esas asociaciones dicen que ese no es su papel y defienden el acercamiento de presos. Estamos hablando del derecho a estar cerca de su lugar de origen o ser excarcelados si tienen enfermedades graves. Si queremos cerrar definitivamente todo lo que ocurrió, debemos cerrar el apartado de los presos y ahí la cuestión de los presos y las víctimas está muy ligada. La foto de Mugaritz señala que los presos pueden ayudar a sanar el dolor de las víctimas y creo que eso puede conllevar a que las víctimas ayuden en su generosidad también a que esos procesos de excarcelaciones o terceros grados se puedan llevar a cabo. Mugaritz determina una foto que puede ayudar a las víctimas a reconstruir sus vidas, aunque no termina ahí porque el trauma no se cura con un acto ni tampoco le devuelven a su padre; y también puede ayudar a adoptar medidas para los presos. Esa es la verdadera paz porque mientras exista un solo preso, ese capítulo del pasado seguirá abierto.

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