LA GRAN DECISIÓN

Javier Roldán Moré
JAVIER ROLDÁN MORÉ

El lehendakari Urkullu sorprendió ayer a propios y a extraños al desvelar cómo habría resuelto personalmente uno de los momentos más delicados y de mayor tensión que ha vivido la política española en los últimos tiempos cuando Pedro Sánchez, horas después de conocerse la sentencia que condenaba al PP por el caso Gürtel, decidió presentar una moción de censura, que terminó con el presidente Rajoy noqueado en la lona. Seis meses después, Urkullu, enemigo de los saltos mortales sin red, dibuja la estrategia que habría desplegado en esa crítica situación en la que los cinco votos del PNV se convirtieron en el botón nuclear que terminaron de un plumazo con el mandato de Rajoy. El lehendakari habría apostado por el adelanto electoral que hubiera evitado la moción de censura que colocó a Sánchez en Moncloa. De las palabras del lehendakari se interpreta que a Urkullu le habría gustado que el relevo en el Gobierno de España se hubiese materalizado con más orden y concierto con el que al final se produjo, incluidas las siete horas del 'encierro' de Rajoy en un famoso bar-restaurante. Un traspaso de gobierno no traumático, mediante unas elecciones convencionales, que hubieran evitado muchos sobresaltos que todavía se viven en el ambiente, entre ellos la falta del apoyo del PP vasco a los Presupuestos de Urkullu, que aún se debaten entre el apoyo de EH Bildu o la prórroga. Los 84 escaños socialistas de los 180 con los que Sánchez logró ganar la moción eran y siguen siendo insuficientes para armar una sólida acción de gobierno, pendiente en todo momento de los votos de los escaños secesionistas catalanes -ahora con sus presos en huelga de hambre-, quienes presionan al Gobierno con sus decisivos votos a cambio de una salida airosa en el proceso judicial al que se enfrentan. Casi nada.

El PNV tuvo que tomar aquella gran decisión sabiendo que no podía desmarcarse de los catalanes y que Ciudadanos había decidido retirar la red a Rajoy, aunque en la moción mantuviera su apoyo. La fórmula de Urkullu, conocida en el EBB, era sin duda la más ordenada frente al hoy incesante carrusel de posibles fechas del adelanto electoral. De auténtico vértigo.

 

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