Gonzalo Quiroga: «Paré por la calle a quien dio a ETA información de mis movimientos»

Gonzalo Quiroga: «Paré por la calle a quien dio a ETA información de mis movimientos»

Ainhoa Muñoz
AINHOA MUÑOZ

Cada vez que se cruzaba con él por San Sebastián, a Gonzalo Quiroga se le echaban encima los recuerdos. Un día, y otro, y otro más. Hasta que se armó de valor y paró por la calle a aquel hombre que, veinte años atrás, había sido detenido por informar de sus movimientos al comando de ETA que quería asesinarle. «Me gustaría hablar contigo, saber qué te impulsó a complicarme la vida de aquella manera», le espetó. A partir de ahí, Quiroga y aquel hombre, del que no quiere dar más detalles, hablaron largo y tendido con un café como único testigo de una dilatada conversación. «'Todo fue una barbaridad', me dijo. Y me pidió disculpas».

Después de aquel episodio, el excolaborador de la organización terrorista y el dirigente del PP acabaron compartiendo en Donostia concentraciones de repulsa contra ETA cuando se produjo algún atentado. Corría el año 2000. Pero a Quiroga aún le quedaba por vivir uno de los capítulos más inquietantes de su biografía. Lo que definitivamente le impulsó a dejar atrás sus raíces, San Sebastián, para continuar con su carrera política en Madrid, lejos de la diana de ETA.

Quiroga, el primer senador del PP por Gipuzkoa entre los años 2000 y 2004, recuerda una de las etapas «más duras» de su vida. Cuando su domicilio, con él dentro, fue atacado de madrugada hasta en cinco ocasiones con cócteles molotov. Vivir intranquilo dentro de su propio hogar le llevó a recibir una llamada de Madrid. «Me dijeron que tenía que salir del País Vasco, que no podían seguir garantizándome una vida normalizada», recuerda Quiroga. «Entre el susto que me provocó aquel aviso y la parálisis empecé a hacer algunas llamadas». Esa misma tarde, la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se puso en contacto con él. «'Tú no te preocupes, te vienes conmigo', me dijo». Dicho y hecho.

Quiroga, que durante aquellos cuatro últimos años vivió a caballo entre Donostia y Madrid, cogió sus maletas y se mudó definitivamente a la capital para convertirse, primero en director general de Servicios Sociales y después en director general de Justicia del Gobierno autonómico de Aguirre. Un puesto, este último, que le puso en más de un aprieto y que le llevó a comparecer en 2015 en la Asamblea de Madrid para dar cuentas del fallido proyecto Campus de la Justicia, en el que se llegaron a gastar millones de euros de las arcas públicas. «Fue una comparecencia dura, pero creo que dejé bien claro lo que había. No volvieron a pedir mi comparecencia, así que entiendo que se quedaron satisfechos con las explicaciones que di», recuerda.

Sus inicios en UCD

Terminaban los años duros del franquismo y un joven Quiroga se afilió a UCD con las ganas que desprende un veinteañero de «cambiar las cosas». Gipuzkoa, sin embargo, fue «la única provincia» en la que UCD no pudo presentarse a las elecciones de 1977. «A raíz de aquello se empezó a configurar UCD en Gipuzkoa de la mano de quien era y es muy amigo mío, mi compañero de pupitre en Marianistas, Jaime Mayor Oreja». «Le llamé y le dije que me apetecía colaborar. Ahí empezó todo».

Dar la cara en Euskadi en aquella época con las siglas de UCD sobre su espalda no fue fácil, asegura Quiroga. «Ser de centroderecha no estaba de moda, pero había que hacer frente a todo lo que se nos venía encima, y de una manera muy modesta». Apenas eran 20 o 30 personas las que fundaron UCD en el territorio. «Todo fue marchando bien y fuimos creciendo hasta que empezamos a sufrir los primeros zarpazos del terrorismo», rememora.

«Siempre dije que no dejaría Donostia, pero las circunstancias me obligaron a ello» GONZALO QUIROGA

Quiroga aún recuerda el día en que ETA asesinó, el 31 de octubre de 1980, a Juan de Dios Doval, profesor de la Facultad de Derecho de San Sebastián y afiliado de UCD. La víspera de que un etarra descerrajara varios disparos a Doval, Quiroga y el docente acudían juntos al funeral de un exalcalde de Elgoibar, también asesinado por la organización terrorista. «Fuimos a la misa y nos despedimos». Jamás volvió a ver con vida a su compañero de filas.

Pasaron los años hasta que UCD se disolvió definitivamente. Quiroga llegó a convertirse en candidato de 'Centristas vascos' a la Alcaldía de Donostia en 1983. Pero decidió hacer un 'impasse' en sus quehaceres políticos. Más de una década después, Quiroga retomó la política. Se afilió al PP después del asesinato de Gregorio Ordóñez en 1995, llegando incluso a ser senador y, por una suplencia, concejal en Zizurkil.

-¿Y qué es lo más positivo que se lleva de la política?

- Sobre todo la primera etapa, en UCD, al saber que hacíamos algo que iba a valer a millones de personas. Y eso te da mucha fuerza. Porque la política tiene un veneno, el veneno que te hace siempre continuar. Hoy es el día que no me he desenganchado.

En 2016, Quiroga dijo adiós definitivamente a la política, aunque, dice, sigue asistiendo a reuniones del PP. El resto de su tiempo libre lo dedica a hacer footing, ir al cine o al teatro. Aunque su gran pasión es la fotografía.

-¿Y no echa de menos San Sebastián?

-Sí. Y visito Donostia, pero no volvería a vivir allí. Yo siempre decía: 'Nunca saldré de San Sebastián. ¿Por qué me tengo que ir de mi tierra?'. Pero al final las circunstancias me obligaron a ello.

 

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