Génova afea a Alonso su precipitación por criticar el órdago de Vox en Andalucía

Pablo Casado y Alfonso Alonso, en la última visita a Vitoria del presidente del PP. / EFE
Pablo Casado y Alfonso Alonso, en la última visita a Vitoria del presidente del PP. / EFE

El PP se proclama árbitro de la comunidad autónoma y Casado afirma que su partido ha demostrado ser el «centro» de la derecha

Ainhoa Muñoz
AINHOA MUÑOZ

A la dirección nacional del PP no le gustó en absoluto las críticas airadas que varios barones del partido, entre ellos Alfonso Alonso, vertieron contra las 19 exigencias de Vox en Andalucía en plena negociación con la formación de extrema derecha al entender que torpedeaban un acuerdo que se antojaba inminente. Ayer, de hecho, Génova calificó a las voces discordantes surgidas en el PP, como la del líder del PP vasco, como una «anécdota», derivada -a juicio del secretario general del partido, Teodoro García Egea- de no haber mantenido la prudencia y esperado para opinar al resultado final de un pacto PP-C's-Vox que situó a Juanma Moreno como el próximo presidente de la Junta.

La vicesecretaria de Comunicación del PP, Isabel Díaz Ayuso, ya exigió a los cargos territoriales del partido que se abstuvieran de estar «todo el rato comentándolo todo en tiempo real». Pero no resultó muy efectivo. Alonso, de la misma manera que un buen número de dirigentes de peso, censuró las reclamaciones de Vox y sostuvo que al partido de Santiago Abascal «le falta un hervor». El equipo de Pablo Casado, sin embargo, interpretó estas declaraciones como un órdago que obstaculizaba la negociación con el partido de ultraderecha, a quien dicen haber arrebatado todos sus postulados «inaceptables», como la derogación de las leyes sobre violencia de género y LGTBI. De hecho, desde las filas del PP vasco se congratulaban ayer por que el PP haya logrado sortear todas las dificultades que planteaba de inicio Vox. «Han cedido en sus planteamientos y han aceptado el programa del PP», resumían fuentes cercanas a Alonso. Por eso ayer, Casado se mostraba contento por haber desactivado una incipiente revuelta de barones. Lo que hasta el miércoles eran críticas y avisos velados, ayer eran bendiciones por haber demostrado que el PP es «capaz de negociar manteniendo los principios y valores» del partido y «sin que nadie le marque la agenda».

Todos se sienten ganadores

Y es que el líder del PP tenía razones objetivas para estar exultante porque, además de instalar a su candidato en el palacio de San Telmo, ha logrado forjar un trío mediante dos acuerdos por separado.

El PP lucía así orgulloso el papel de árbitro. Casado sacó pecho tras el doble acuerdo alcanzado con C's y Vox y reivindicó así que el PP es «el único partido que está en el centro» de la derecha porque puede pactar «a la derecha» con el partido de Abascal, y «a la izquierda» con los liberales. Y como suele ocurrir después de la firma de un acuerdo político todos se sintieron ganadores. Casado, porque alcanzó el objetivo de que Moreno sea el próximo presidente de la Junta. Albert Rivera, porque el PP le ha hecho el trabajo sucio de entenderse con Vox sin necesidad de que C's se haya tenido que manchar aunque el precio haya sido un daño reputacional, sobre todo con sus aliados europeos. Y Abascal, porque Vox ha demostrado ser en su primera irrupción política el artífice «del cambio» con «los votos y el patriotismo».