Etchegaray, el anciano cardenal de la paz

Imagen de archivo de Roger Etchegaray/AFP
Imagen de archivo de Roger Etchegaray / AFP

El Papa expresa su dolor por la muerte del prelado vascofrancés y recuerda su trabajo por la concordia

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

El papa Francisco recibió «con dolor» la noticia del fallecimiento a los 96 años del cardenal Roger Etchegaray, a quien calificó como «hombre de diálogo y de paz». Así lo señaló el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, en un comunicado oficial. Desde Mozambique, donde se encuentra de visita apostólica, Francisco recordó al cardenal, que fue un estrecho colaborador del papa Juan Pablo II.

En un telegrama enviado al obispo de Bayona, el Papa indicó que el cardenal «marcó profundamente la vida de la Iglesia en Francia y de la Iglesia universal» y recordó los lugares en donde estuvo destinado: «Desde Bayona, que era su diócesis de origen, a Marsella, donde fue arzobispo, fue un pastor celoso y amado por el pueblo al que había sido llamado a servir».

Urkullu alaba la «constancia» del cardenal con la causa de la convivencia

Este veterano miembro de la Curia nació el 25 de septiembre de 1922 en el municipio labortano de Espelette, en Pirineos Atlánticos, estudió en los seminarios de Ustaritz y Bayona, en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología y el doctorado en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote en 1947. En 1961 comenzó a trabajar en la Conferencia Episcopal Francesa, de la cual fue secretario general entre 1966 y 1970. En diciembre de 1970 fue nombrado arzobispo de Marsella, y en 1975 elegido presidente del Episcopado. Juan Pablo II lo nombró cardenal en 1979.

Encuentro con Sadam Husein

Etchegaray fue representante de la Santa Sede en diversas misiones diplomáticas, como por ejemplo, en Jerusalén en mayo de 2002 o en 2003 en Irak para tratar de evitar la Segunda Guerra del Golfo. El 22 de febrero de 2003, tras entrevistarse con Sadam Husein, declaró que la «la paz era posible en Irak» en un intento del Vaticano por evitar in extremis la invasión militar .

El lehendakari Iñigo Urkullu también lamentó su fallecimiento y destacó la «humildad, firmeza y constancia» con la que dedicó su vida a la «causa de la paz y la convivencia». A través de las redes sociales, Urkullu expresó sus condolencias a los allegados del cardenal y a «toda la familia católica», subrayó el «talante y empatía, su cercanía y calidez personal y, de un modo especial, su incansable labor en favor de la paz en el mundo, ya fuese en Irak, Cuba, Ruanda, o Palestina, o en nuestro pueblo». «Ha sido una figura clave de la Iglesia en misiones de paz y mediación y en defensa de los derechos humanos», añadió.

El cardenal tuvo un papel discreto, entre bambalinas, en la primavera de 2004 en los prolegómenos de la negociación abierta entre Jesús Eguiguren y Josu Urrutikoetxea, interlocutor de ETA, en Ginebra, que prepararon el camino que años más tarde desembocó en el fin de ETA. El entonces presidente de los socialistas vascos contactó con el cardenal gracias a la mediación de François Maitia, dirigente del Partido Socialista Francés de los Pirineos Atlánticos y vicepresidente del Consejo Regional de Aquitania. Eguiguren llamó al móvil del cardenal directamente, que le respondió al instante.

La cita entre Eguiguren y Etchegaray se llevó a cabo el 22 de mayo de 2004 en Roma. El líder del PSE recuerda perfectamente la fecha porque era el día que se casaba el entonces príncipe Felipe, y las medidas de seguridad eran muy notorias en los aeropuertos. Se celebró en la residencia del cardenal, fuera del Vaticano. Eguiguen obsequió a Etchegaray con un facsímil de la obra 'Gero' de Axular, aunque el miembro de la Curia le aseguró que tenía el original. Y le pidió directamente si estaría dispuesto a realizar la tarea de poner en contacto a ETA y al Gobierno español. Ambos intercambiaron el castellano, el euskera y el francés en la conversación. Etchegaray -que tenía buen predicamento en los sectores más progresistas y aperturistas de la Iglesia católica- rechazó la propuesta. «Nos remitió a la Iglesia vasca», recordó en su día Eguiguren, «y nos dijo que la diplomacia vaticana confirmaba, pero no bautizaba». Es decir el cardenal vascofrancés, consciente del terreno minado en el que se movía, no quiso tomar la iniciativa y marcó expresamente distancias, aunque en un tono muy cordial y familiar. El purpurado le regaló un rosario bendecido por el Papa y le confesó su deseo íntimo de conocer la paz en el País Vasco antes de morir.

Eguiguren se entrevistó con Etchegaray en Roma en mayo de 2004 para sondear a la Iglesia

La izquierda abertzale, al parecer, hizo alguna gestión similar con el miembro de la Curia. Se pretendía implicar de alguna forma al Partido Popular, sin necesidad de una mediación internacional. De hecho, empezaban a crearse algunas condiciones más favorables. No había atentados, Batasuna había realizado la Declaración de Anoeta. Al presidente Zapatero le llegó una primera carta de ETA. Se estaba gestando ya el primer contacto en el hotel presidente Wilson de Ginebra entre Eguiguren y 'Josu Ternera'. Era julio de 2005, la víspera del debate de investidura del entonces candidato a lehendakari Juan José Ibarretxe. Eguiguren reveló una vez la ilusión que le hubiera hecho regalar a su madre aquel rosario a su madre, una mujer de Aizarna muy creyente. Tras su cita con Etchegaray. el líder del PSE se entrevistó con el obispo emérito de San Sebastián, Juan María Uriarte, que ya había salido escaldado del anterior proceso con el Gobierno del PP.

El cardenal vascofrancés desempeñó un papel en esa trastienda de la búsqueda de vías de diálogo, al igual que con anterioridad la tuvieron otros vascos como el nuncio Juan Sebastián Laboa y el general de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe.