Sánchez relanza su oferta de un Gobierno de coalición con Podemos pero sin Iglesias

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez./EFE
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / EFE

El líder del PSOE justifica su veto en que necesita un vicepresidente que «defienda la democracia española» y no hable de «presos políticos»

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

No todo está perdido, o eso quiso hacer ver este jueves Pedro Sánchez. Tres días después de haber dado por rotas las negociaciones con Pablo Iglesias, el presidente del Gobierno en funciones volvió a poner encima de la mesa su última oferta a Unidas Podemos para intentar salvar la investidura y aseguró que todavía está dispuesto a dar cabida en su Consejo de Ministros a personas «cualificadas» de la formación izquierdista. Lo estará, dijo, hasta el último día de votación, el próximo jueves 25, pero no más allá.

En el PSOE siguen siendo pesimistas sobre las posibilidades de un acuerdo, después de la dureza con la que Iglesias descalificó esa opción planteada el jueves pasado de una manera poco ortodoxa (aunque Sánchez asegura que se la trasladó formalmente al secretario general de Podemos en su última conversación telefónica, éste sostiene que sólo ha tenido noticia del planteamiento por los medios; lo que no fue óbice para que la desdeñara calificándola de «idiotez»). Sin embargo, creen que al menos ahora nadie podrá decir que ellos no lo han intentado hasta el final.

Hasta el momento, no todos los socialistas tenían clara su ventaja en la tan traída y llevada «batalla por el relato», fundamental para lograr que el adversario altere su posición o, en su defecto, para presentarse ante el electorado en caso de que no que más remedio que volver a las urnas el 10 de noviembre. Este jueves, en cambio, se sintieron reforzados tanto con ese nuevo movimiento de su líder, en una entrevista en 'La Sexta', como con la decisión de poner encima de la mesa una revisión del documento programático aprobado en la ejecutiva hace diez días como base de la negociación.

El texto original, que la propia presidenta del partido, Cristina Narbona, definió como una «síntesis» de su programa electoral, fue interpretado por Podemos casi como una broma porque carecía del más mínimo guiño a sus posiciones. Ahora se han añadido algunas pinceladas que se aproximan algo más al acuerdo presupuestario pactado entre ambas fuerzas en octubre de 2018. No habla de que los ayuntamientos puedan regular el precio del alquiler en zonas tensionadas, pero sí de «regular medidas para frenar subidas abusivas», por ejemplo. Aunque sigue sin comprometerse en firme con la derogación de la reforma laboral.

Es probable, en todo caso, que ni siquiera haya ocasión de para que los dos eventuales socios se sienten a discutir contenidos porque en la misma entrevista Sánchez también se esforzó por justificar el porqué de su negativa a que Iglesias forme parte de su Consejo de Ministros. Y las razones esgrimidas sentaron a cuerno quemado en Podemos. «Necesito un vicepresidente que defienda la democracia española», alegó tajante.  

Problema catalán

 El jefe del Ejecutivo volvió a apelar a las enormes diferencias que existen entre ambos en lo que afecta al diagnóstico y las recetas para Cataluña. Solo que esta vez fue más contundente que nunca y no se limitó a recordar que Podemos no apoyó la aplicación del artículo 155 (al que no descarta tener que recurrir en un futuro próximo) o que defiende el derecho de autodeterminación, sino que hizo hincapié en que califica a los impulsores del 'procés' en prisión preventiva de «presos políticos», lo que equivale a poner en cuestión que España sea un Estado de derecho.

«No todo vale entre fuerzas políticas que aspiran a gobernar juntas» replica Irene Montero

A pesar de que en un primer momento Podemos pareció reaccionar de manera favorable al nuevo paso del líder socialista –hasta el punto de que fuentes del partido lo calificaran de «avance»– su número dos, Irene Montero, tardó apenas tres horas y media en exigir una rectificación. «El presidente del Gobierno ha llegado a decir que Pablo Iglesias no defiende la democracia. No todo vale y menos entre fuerzas políticas que aspiran a gobernar juntas», escribió en un tuit. «Vetar a Pablo Iglesias es vetarnos a todos», sentenció también Pablo Echenique.

Los socialistas creen, sin embargo, que Podemos se está situando en una posición incompresible para el electorado de izquierdas. Sánchez –que este jueves salió de la reunión de su ejecutiva con una ovación cerrada– remachó con insistencia la idea de que es la ambición personal de Iglesias lo que impide el acuerdo, su «principal escollo». A su la dirección de su partido le aseguró que en sus encuentros le reclamó una vicepresidencia «social», los ministerios de Hacienda y Trabajo y Seguridad Social y responsabilidades en Comunicación. En público no quiso ratificarlo pero sí sostuvo que en las cinco reuniones que han mantenido hasta ahora, el líder podemista dedicó más a hablar de cargos, «el 99,9%», que de cuestiones que afectan a la vida del ciudadano. Y añadió que si da «un paso atrás» todo vendrá ya casi rodado.

El líder socialista solo puede fiar su reelección a carambolas casi imposibles

RAMÓN GORRIARÁN | Madrid

Los escenarios en la investidura se han convertido en un juego más matemático que político porque las opciones de que Pedro Sánchez logre la confianza del Congreso en las dos votaciones de la próxima semana para ser reelegido presidente del Gobierno son más bien exiguas.

El candidato socialista solo puede esperar de Unidas Podemos una abstención como mal menor tanto el 23 como el 25 de julio. En el caso de los independentistas es improbable que consiga votos favorables. Esquerra y EH Bildu ya han dicho que más allá del voto en blanco no van a ir. Sería una pirueta en toda regla que respaldaran a Sánchez. Junts per Catalunya se debate entre el no, que propugna el sector más beligerante que capitanea Carles Puigdemont, y la abstención que cuenta con adeptos en el PDeCAT, entre ellos Artur Mas.

El PNV se mueve entre el voto favorable y la abstención, que ha sido su postura habitual en la mayoría de las investidura. Los nacionalistas vascos son quizás el grupo que más teme a una repetición de las elecciones porque colisionaría con su propio calendario.

El candidato socialista solo tiene en la mano, aparte de sus 123 diputados, el voto del diputado regionalista de Cantabria y casi seguro el de Compromís.

Sánchez tiene cerradas las puertas el PP, Ciudadanos, Vox, Coalición Canaria y Unión del Pueblo Navarro. Otra cosa será, esperan los socialistas, en septiembre, cuando la repetición de las elecciones en noviembre y el bloqueo institucional durante varios meses sean una amenaza más tangible que ahora y la presión se dispare.

El candidato del PSOE solo puede esperar carambolas, a día de hoy muy improbables, para sacar adelante la investidura. Necesitaría que Unidas Podemos diera un giro por el que nadie apuesta y enterrara su demanda de coalición. Si, como parece, no es posible, se tendría que dar una confluencia de nacionalistas e independentistas poco factible. Tampoco puede depositar esperanzas en que los populares y los liberales atiendan sus llamadas a la responsabilidad y se abstengan. Lo tiene casi imposible.

Más información