Eneko Goia: «Soy independentista, pero vivo en una comunidad con opiniones diferentes»

Eneko Goia toma el timón del histórico barco que unía San Sebastián con la isla de Santa Clara. /Usoz
Eneko Goia toma el timón del histórico barco que unía San Sebastián con la isla de Santa Clara. / Usoz

«En estos tres años de legislatura la ciudad ha respirado y ha visto un cambio; veo natural optar a la reelección y volvería a gobernar en coalición»

Miguel Villameriel
MIGUEL VILLAMERIEL

Eneko Goia (Donostia, 1971) afronta el último año de la legislatura con la confirmación de que volverá a ser el candidato del PNV a la Alcaldía donostiarra. Se muestra satisfecho por la forma en la que el Gobierno municipal de coalición con el PSE ha gestionado sus discrepancias y asegura que volvería a buscar un acuerdo si ganara las elecciones de 2019. «Evidentemente, el PSE sería una opción, pero no descarto nada de antemano», avanza.

-¿Qué nota le pondría a la coalición PNV-PSE en el Ayuntamiento?

-Le pongo un 8. Creo que funciona bien porque ha dado estabilidad a la gestión y ha permitido que los proyectos de ciudad salgan adelante.

-A menos de un año para acabar la legislatura, ¿han cumplido la mayor parte de su programa?

-El cumplimiento del programa es alto y ronda el 70%. Hay proyectos que nos gustarían que estuvieran más avanzados, como el ambulatorio de La Bretxa o el polideportivo de Altza, pero todos están lanzados.

-¿Qué logros destacaría?

-La transformación del entorno del Urumea es uno de los proyectos de ciudad de los que estoy más orgulloso, porque era una deuda histórica y además ha sido una apuesta de todos los grupos del Ayuntamiento.

-¿En qué es mejor Donostia tres años después de que Eneko Goia llegara a la Alcaldía?

-No voy a ser tan pretencioso de sacar datos macroeconómicos para decir lo que Donostia ha mejorado, porque ahí ha ayudado la coyuntura general, pero ahora hay un Ayuntamiento que, además, acompaña la iniciativa de los ciudadanos. Hemos facilitado que la ciudad avance, esta ha sido la legislatura del 'sí' a proyectos que transformarán la ciudad.

-¿Quiere decir que el Gobierno municipal anterior estaba en el 'no'?

-Había posiciones dogmáticas que impedían muchas cosas. Y también una falta de capacidad para entender que el consenso hay que trabajarlo. Nosotros lo hemos hecho.

-¿También han tirado de rodillo?

-No, aunque la mayoría absoluta del equipo de gobierno nos ha permitido superar obstáculos que muchas veces se quieren poner desde la oposición. Pero no creo que hayamos utilizado el rodillo, siempre hemos tenido la mano tendida para acordar.

-¿Le costó mucho tomar la decisión de optar a la reelección?

-Sinceramente, no. Cuando se me planteó, allá por marzo, y vi la evolución de la legislatura, me pareció algo natural. Algunos proyectos son de largo alcance y no basta con cuatro años para completarlos. Veo lógico optar a una segunda legislatura.

-Si fuera posible, ¿le gustaría gobernar en solitario o está cómodo en un ejecutivo de coalición?

-Una mayoría absoluta puede resultar cómoda, pero también la veo peligrosa porque puedes no esforzarte en buscar consensos. Tener que llegar a acuerdos es más trabajoso, pero es un ejercicio sano. Sea cual sea el veredicto de los ciudadanos, si me corresponde a mí la responsabilidad de gobernar, buscaré que en el Gobierno municipal haya la representación más amplia posible de la corporación. No gobernaré en minoría.

-¿Intuye que la próxima legislatura municipal se mantendrá el pacto de estabilidad PNV-PSE o no descarta otras posibilidades?

-Nunca descarto nada. Y menos cuando los ciudadanos ni siquiera se han pronunciado. No sé cuáles serán los resultados y no me parece adecuado decir que vas con una fórmula de coalición pensada de antemano. No excluyo nada.

-¿Ve posibilidades de continuidad en la coalición con el PSE?

-Será una opción, evidentemente.

-Ha dado una puntuación alta a la coalición en el Ayuntamiento. ¿Su valoración es similar en el pacto global entre jeltzales y socialistas en la mayoría de las instituciones?

-No conozco las tripas de cada institución, pero por lo que percibo la valoración es similar, positiva. En Euskadi, en contraste con otras latitudes, existe estabilidad y las instituciones trabajan por la sociedad en lugar de enfrascarse en broncas. Tener unas instituciones que dan tranquilidad, estabilidad y que gestionan siempre es positivo.

-Pero algunas tensiones entre los socios también habrá...

-Por supuesto, pero no hay que dramatizar las discrepancias. Me hace gracia cuando surge alguna y los medios preguntan: «¿Esto puede suponer la ruptura del gobierno?». Pero, ¿por qué? Que estemos en un gobierno de coalición no quiere decir que tengamos que opinar lo mismo en todo, y debemos aprender a ver con normalidad que haya opiniones distintas. Lo importante es que seamos capaces de hablar y llegar a acuerdos.

-El acuerdo entre PNV y EH Bildu sobre las bases del nuevo estatus, ¿puede ser un elemento de tensión en la coalición con el PSE?

-No. El PNV tiene una opinión que es diferente a la del PSE, pero en el día a día de la gestión municipal no es una cuestión que esté presente. Lo hemos hablado alguna vez, desde la diferencia, pero con naturalidad. Tengo muy claro que el bienestar de este país y, por tanto, de esta ciudad, siempre ha ido muy ligado a un mayor nivel de autogobierno.

-Cuando este debate avance, si PNV y PSE no acercan posturas, ¿podría ser una falla en la coalición?

-Desde un punto de vista de madurez democrática, entiendo que deberíamos ser capaces de gestionar esa diferencia. Podemos tener opiniones distintas, siempre que asumamos el mínimo común de aceptar lo que el pueblo nos pueda decir. Eso es la base de la democracia.

-¿Qué tipo de acuerdo le gustaría en torno al nuevo estatus?

-Me gustaría un acuerdo lo más amplio posible, pero que diera un salto cualitativo en la relación de Euskadi con el Estado. La discusión clave está ahí, en lograr una relación de igual a igual. Los grandes problemas que tenemos precisamente derivan de que eso no es así en estos momentos, y vivimos en un Estado en que parece que todo depende de si el PNV es determinante en el Congreso. Eso no me parece una convivencia normalizada entre Euskadi y el Estado.

-¿Un pacto que incluyera solo a PNV y EH Bildu sería suficiente?

-Hombre, ¿qué es suficiente? Ya he dicho que me gustaría que fuera lo más amplio posible, pero en este momento la representación que PNV y EH Bildu tienen en el Parlamento es de una amplitud considerable también. No sé si es suficiente o no, pero desde luego es importante.

-¿Algunos ciudadanos podrían sentirse excluidos de esa reforma si se realiza solo entre nacionalistas?

-No me parece determinante si el acuerdo es entre dos nacionalistas o uno nacionalista y otro que no lo es, sino sobre qué versa el pacto.

-Usted se declaró independentista nada más acceder a la Alcaldía. ¿Le preocupa que ese posicionamiento tan claro pueda restarle votos en las próximas elecciones?

-Me preocuparía más no ser honesto y que alguien pudiera pensar que miento por interés.

-¿Comparte la lectura de que en las elecciones de 2015 pudo recibir mucho voto útil de donostiarras que, sin ser votantes habituales del PNV, buscaban desalojar a Bildu?

-Sobre eso se pueden hacer muchos análisis y especulaciones, pero no me gusta hablar de votos que son de alguien y que en un momento dado se prestan. Sí puedo compartir que en 2015 hubo una participación superior a las de 2011 que indicaba que se quería un cambio, y que el PNV arrastró en parte ese deseo.

-¿Han respondido a esa gente que pedía un cambio en la ciudad?

-En gran medida, sí. Habrá aciertos y desaciertos, pero la ciudad ha respirado y ha visto el cambio.

-¿Declararse independentista puede estar reñido con su imagen de moderación política?

-No, no está en absoluto reñido. Cuando yo digo que soy independentista estoy expresando lo que desearía y lo que creo que sería lo mejor para Euskadi, pero tengo otra consideración superior: más allá de lo que yo pueda opinar, vivo en una comunidad en la que hay opiniones diferentes. Y creo que siempre hay que respetar la voluntad mayoritaria. Ser independentista, tener esa visión ideológica, es absolutamente compatible con una posición moderada.

-En el caso de Cataluña se ha visto que, cuando se produce un choque de legitimidades, las posiciones tienden a radicalizarse y la moderación se difumina. ¿Cómo lo valora?

-No me gusta rezar el Credo a partir de Poncio Pilatos y, en el caso de Cataluña, la decantación que se ha producido para mí no empieza el 1-O, sino con la reforma del Estatut. Y ahí hubo episodios notables que han generado una situación que ha desembocado en lo que ha desembocado, y que no sabemos cómo terminará.

Además

Cambio en el Gobierno

-¿La relación del Ayuntamiento con el Gobierno ha mejorado tras la llegada de Pedro Sánchez?

-No ha dado tiempo para valorarlo, pero siempre es necesario un periodo de aterrizaje. Los siguientes meses serán determinantes para verlo.

-¿Qué proyectos se podrían impulsar si se produce una sintonía?

-Espero que en el tema de la cárcel haya una decisión firme por parte del Estado y se ponga en marcha la construcción del centro de inserción social. Lo que queremos es que no se demore más la desaparición de la actual cárcel de Martutene. Y luego, aunque sé que es complicado, a mí me gustaría desatascar la cuestión de los cuarteles de Loiola para ganar esos terrenos para la ciudad.

-En las últimas semanas se ha agravado el problema de las personas migrantes en tránsito. ¿El Ayuntamiento está preparado?

-Dependerá de cuántas sean las personas que haya que atender. Para las cifras que estamos conociendo ahora, sí estamos preparados. Si las cifras se multiplicaran por diez, tendríamos un problema. Y sería un problema global al que no debería hacer frente solo el Ayuntamiento, que es el último eslabón de la cadena.

-¿Teme que la ordenanza municipal de pisos turísticos pueda ser tumbada por los tribunales tras el recurso de Competencia?

-No sé lo que dirán los tribunales, pero a nosotros nos toca defender una posición que es de vital importancia para San Sebastián y para todo el municipalismo. No puedo compartir que la vivienda es un objeto de mercado sin más consideración.

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