El 'efecto Sánchez' insufla aire al PSE

El 'efecto Sánchez' insufla aire al PSE

El PSE calcula que una recuperación electoral del PSOE puede movilizar a una franja electoral fronteriza con el PNV y Podemos. Los socialistas confían en capitalizar en las elecciones municipales y forales su regreso al poder

Alberto Surio
ALBERTO SURIOSAN SEBASTIÁN.

El socialismo vasco siente que el panorama político se ha trastocado en el último mes y que ha cambiado la dirección del viento. «La llegada de Pedro Sánchez al Gobierno lo cambia todo, va a movilizar a nuestro electorado», sostiene un dirigente del PSE, persuadido de que las elecciones municipales y forales de mayo del próximo año no van a ser ajenas a esta recuperación electoral y que su partido puede capitalizar en estos comicios la llegada al poder en el Gobierno de España. En su opinión, se va a visualizar en los próximos meses un claro enfrentamiento con el centro-derecha que movilizará al electorado tradicional del centro-izquierda y, a la vez, puede perforar también en franjas fronterizas con Podemos y también con el PNV. De hecho, el PSE intuye que en los comicios municipales y forales tiene un flanco electoral moderado lindante con el nacionalismo.

El cálculo del socialismo vasco es que esta revitalización del PSOE podría repercutir en un aumento de tres puntos más en el porcentaje de intención de voto en determinados municipios en los que hay tradición de voto socialista. Pero la clave pasa también por la implicación de candidatos de proximidad, con visibilidad, y a poder ser con una gestión local reconocible, en el caso de las elecciones municipales. El análisis que efectúan los socialistas vascos es que el mayor problema para la recuperación electoral no es tanto la fuga a otras opciones políticas sino la abstención. El PSE estima que ese 'efecto Sánchez' puede amortiguar también la incidencia de la presentación explícita en las elecciones municipales de candidaturas de Elkarrekin Podemos que en 2015 no concurrieron a las urnas.

En la dirección del PSE se valora que la llegada al poder de Sánchez supone «una inyección de moral» tras tiempos difíciles en los que las encuestas reflejaban un obstinado estancamiento en el respaldo a la formación que lidera Sánchez e, incluso, una incipiente fuga de voto hacia Ciudadanos que empezaba a preocupar. La máxima es muy sencilla: «Cuando le va bien al PSOE, le va bien al PSE y cuando los vientos se ponen en contra, el PSE lo sufre en primera línea».

El mayor problema del PSE es movilizar a la parte de su electorado que se ha ido a la abstención

Los socialistas confían en que su gestión y el mensaje de pacto calen en el electorado moderado

Pactismo y estabilidad

Los socialistas trazan una estrategia que les permita visibilidad para marcar un mayor perfil a pesar de ser el socio minoritario en los ejecutivos forales y municipales de coalición con el PNV. El PSE parte de la premisa de que en Euskadi el pactismo entre nacionalistas y socialistas tiene buena imagen en el electorado vasquista más moderado y se interpreta como un positivo factor de estabilidad. En este sentido, el PSE quiere capitalizar la baza del liderazgo de Sánchez y de sus ministras y ministros para que ayuden a 'lucir' la gestión llevada a cabo al frente de las instituciones que gobiernan en coalición junto al PNV.

El PSE combinará pues este registro de despegue con una imagen de proximidad en unas elecciones municipales y forales que conjugue la experiencia de gestión y un talante de pacto que considera que tiene la aceptación de los sectores más templados del electorado. Una de las incógnitas por resolver es el destino de un sector de votantes en Gipuzkoa, no ideologizado, que se decantó en los comicios de 2015 por el PNV como una opción de voto útil para desbancar a EH Bildu del poder.

Los socialistas aún no han encendido los motores de su maquinaria electoral y lo harán en otoño. Para ello tendrán que activar el proceso de las primarias internas, pero se da por supuesto que el PSE optará por caras ya conocidas, con peso en la gestión, como el primer teniente de diputado general y diputado foral de Cultura y Deportes, Denis Itxaso, como aspirante para Gipuzkoa, y el primer teniente de alcalde de Donostia, Ernesto Gasco, como candidato a la Alcaldía donostiarra.

El socialismo vasco calibra además la importancia que encierra la reconstrucción de un relato en un futuro escenario vasco post-ETA en el que el PSE debe adaptar unas señas de identidad tradicionalmente ubicadas en el imaginario de resistencia y combate frente a la violencia.

En ese sentido, desde el propio PSOE se admite que la situación del socialismo guipuzcoano es estructuralmente mejor que la de Bizkaia y Álava, porque este partido inició a tiempo determinados procesos de recambio y ha logrado adaptarse con más facilidad a los cambios sociales y demográfricos, lo que se ha notado en resultados electorales. Frente a esa capacidad demostrada en Gipuzkoa, el contrapunto más problemático se sitúa en la Margen Izquierda vizcaína, antaño icono de la hegemonía socialista de raíz más obrerista y en la que en los últimos años el declive del PSE ha sido paulatino y constante en beneficio del PNV. El último bastión de los socialistas en la Margen Izquierda es Portugalete, cuyo primer regidor es Mikel Torres.

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