Duelo entre el centro y la derecha en el PP

La recta final de la campaña por la presidencia del partido entre Sáenz de Santamaría y Casado acentúa la carga ideológica del debate

Noel Gallagher, durante el concierto ofrecido anoche en el BBK Live. /EFE
Noel Gallagher, durante el concierto ofrecido anoche en el BBK Live. / EFE
RAMÓN GORRIARÁN SAN SEBASTIÁN

Queda menos de una semana para elegir al sucesor de Mariano Rajoy al frente del PP y la campaña de los dos candidatos es cada día más áspera y el resultado más incierto. Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado siguen sin hablarse, salvo la breve y protocolaria charla que mantuvieron en una cena del grupo parlamentario, y llevan camino de no hacerlo antes del congreso del próximo fin de semana. La exvicepresidenta quiere negociar una lista unitaria y el exportavoz, no. Así las cosas, el diálogo no parece fácil.

Entre las pocas cosas que ahora suscitan el consenso en el PP es que el sistema que ideó Fernando Martínez Maillo en el congreso del año pasado para elegir al presidente del partido no estaba pensado para una disputa sin cuartel. Las primarias de militantes, con el posterior filtro de los compromisarios, eran un diseño para designar un líder por aclamación, que, lejos de dividir, reforzara la unidad del partido. Por eso los dirigentes populares están sobrepasados por una virulencia verbal entre los candidatos para la que no estaban acostumbrados ni preparados.

La que fuera número dos de Mariano Rajoy quiere jugar el papel de la candidata conciliadora que busca preservar la unidad del PP ante todo y volvió a reclamar ayer a su adversario una reunión para «hablar largo y tendido» y cerrar una lista unitaria que evite la confrontación en el congreso. El vicesecretario, que antes daba largas al encuentro, esta vez ni contestó y subrayó que la voluntad integradora de la que hace gala la exvicepresidenta, él la practica con los hechos. «Mañana (por hoy) estaremos con (José Manuel García) Margallo, con Elio (Cabanes), con José Ramón (García Hernández) y con María Dolores (De Cospedal)», señaló ayer mismo en alusión a los adversarios derrotados en las primarias del 5 de julio y con los que se verá este domingo para trabajar «codo con codo». Eso es «una candidatura integradora», afirman en su equipo.

Esa confrontación, sin embargo, ha permitido diferenciar los proyectos de Sáenz de Santamaría y Casado. No se puede decir que son lo mismo, al menos en el tono discursivo. La exvicepresidenta desarrolla una campaña para convencer a los suyos de que es la mejor candidata del PP para recuperar la Moncloa, intenta remarcar su perfil de gestora con la experiencia de siete años de número dos del Gobierno de Rajoy y con posiciones institucionales y moderadas. Un proyecto «de centroderecha», subrayan en su candidatura.

El vicesecretario de Comunicación ha apostado por un discurso de derecha nítido, que sea, dice, «reconocible» para «los tres millones de votantes» que han abandonado el PP desde 2011. Entre los ingredientes de su proyecto está el combate al nacionalismo y la reivindicación de la españolidad sin complejos. Reprocha a su rival la forma y los tiempos para aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña y ha puesto sobre la mesa la ilegalización de los partidos independentistas.

Respeto

Un buen ejemplo de sus diferentes ópticas se presentó tras la decisión de la justicia alemana de negar la extradición a España por rebelión de Carlos Puigdemont. Sáenz de Santamaría mostró su «respeto por las decisiones judiciales». Casado también habló de «respeto», pero para España, porque a su entender un tribunal germano de rango territorial no podía enmendar la plana al Tribunal Supremo de España.

El exportavoz se encuentra en este punto con el problema de que, sin renegar de los gobiernos de Rajoy, tiene que desmarcarse de ellos porque son a su entender la causa del deterioro político y electoral del PP. La exvicepresidenta tampoco hace del legado de Rajoy su bandera, también cree que resta y no suma, y ha centrado su estrategia en el futuro y la necesidad de preservar la unidad del partido.

Del mismo modo que los decibelios de la refriega suben cada día, también aumenta la temperatura en la pugna por los 3.082 compromisarios que tienen en su voto el nombre del sucesor de Rajoy. En la candidatura de Sáenz de Santamaría rezuman optimismo y algún dirigente asegura que aventajan en 800 delegados a su adversario, pero nadie se aventura a dar cifras más precisas. «Va bien», afirma uno de los colaboradores de la candidata. En el equipo de Casado también reinan las buenas expectativas y elevan a 2.500 el número de compromisarios que tienen de su parte. Es una guerra de cifras que va a continuar hasta la víspera de la votación del próximo sábado.

Soraya Sáenz de Santamaría | Expresidenta del Gobierno La heredera de Rajoy cultiva su perfil moderado

Pone de garantía su experiencia en el Ejecutivo y resalta sucondición de mujer para derrotar a Sánchez y llegar a la Moncloa

A Soraya Sáenz de Santamaría le avalan sus años de experiencia en el Gobierno. Aunque precisamente la paradoja radica en el hecho de haber sido la número dos de Mariano Rajoy. Y es que el mismo bagaje que le da ese poso de veteranía incuestionable, le pesa también como un losa por ser un reflejo, a ojos de quienes le critican, del continuismo del expresidente del Ejecutivo central que muchos dirigentes en el PP quieren desterrar.

Más

Pablo Casado Un discurso 'aznarista' que invoca la renovación

Se presenta como el aval de la regeneración interna y busca romper con la vieja guardia que ha llevado al PP al punto de mira de la corrupción

«Si me presento es para ganar». Pablo Casado pisó el acelerador desde el minuto uno que dio un paso al frente para suceder a Mariano Rajoy, convencido de que cuenta con el respaldo suficiente para hacerse con la presidencia del PP. No le gustan las medias tintas ni ser el segundón. Por eso mismo se mantiene firme y reacio a aceptar la propuesta de integración que le lanza una y otra vez Soraya Sáenz de Santamaría para ir juntos, aunque no revueltos, al congreso que el próximo fin de semana elegirá al nuevo líder de los populares. Y él, atraído por la idea de hacerse con el poder del partido, ya alardea de contar con el apoyo de 2.156 compromisarios que le han asegurado -o eso sostiene su equipo- que depositarán en el cónclave la papeleta a su favor.

Más

 

Fotos

Vídeos