Un discurso 'aznarista' que invoca la renovación

Un discurso 'aznarista' que invoca la renovación

Se presenta como el aval de la regeneración interna y busca romper con la vieja guardia que ha llevado al PP al punto de mira de la corrupción

Ainhoa Muñoz
AINHOA MUÑOZ

«Si me presento es para ganar». Pablo Casado pisó el acelerador desde el minuto uno que dio un paso al frente para suceder a Mariano Rajoy, convencido de que cuenta con el respaldo suficiente para hacerse con la presidencia del PP. No le gustan las medias tintas ni ser el segundón. Por eso mismo se mantiene firme y reacio a aceptar la propuesta de integración que le lanza una y otra vez Soraya Sáenz de Santamaría para ir juntos, aunque no revueltos, al congreso que el próximo fin de semana elegirá al nuevo líder de los populares. Y él, atraído por la idea de hacerse con el poder del partido, ya alardea de contar con el apoyo de 2.156 compromisarios que le han asegurado -o eso sostiene su equipo- que depositarán en el cónclave la papeleta a su favor.

Nacido en Palencia en 1981, aunque afincado políticamente en Madrid, este joven dirigente de 37 años se presenta como el aval de la renovación, la regeneración y el relevo generacional que, a su juicio, necesita una formación azotada por incontables casos de corrupción. Quiere un punto y aparte en el seno del PP, descolgarse de las viejas guardias que han llevado al partido al punto de mira de los jueces -se jacta además de haber dado siempre la cara incluso en asuntos de corrupción que ni siquiera le tocó vivir- y rodearse de un equipo con rostros no tan explotados como los de Javier Maroto y Andrea Levy.

Los tres, de hecho, entraron juntos en la última renovación de la cúpula en la Ejecutiva de Rajoy, y tanto el exalcalde Vitoria como la vicesecretaria general de Estudios y Programas del PP se han mostrado públicamente fieles a su candidatura.

No obstante, no son pocos los compromisarios que recelan de su candidatura. Consciente del desgaste que le puede ocasionar encarar problemas judiciales por su más que cuestionado máster, Casado insiste en la transparencia de todos sus estudios y asegura que no se habría presentado a un proceso de tal envergadura si fuera consciente que ha hecho trampas. El tiempo lo dirá. De momento, y hasta que la incertidumbre no se despeje, su máster en la Universidad Rey Juan Carlos se presenta como una losa para escalar hasta la Presidencia del PP.

Con un inglés casi rozando la perfección, Casado aterrizó en Madrid con 18 años dispuesto a hacerse un hueco en la política. Lideró las Nuevas Generaciones en Madrid y de ahí dio el salto a diputado en la Asamblea madrileña. Aunque su notoriedad le empezó a llegar más tarde, cuando acompañó a José María Aznar como jefe de gabinete cuando el expresidente del Gobierno ya había abandonado la Moncloa, de 2009 a 2012.

El 'chico de los recados'

Quienes le conocen personalmente hablan de aquella época de Casado como la del 'chico de los recados', el mismo que le llevaba a Aznar los discursos hasta la mano. Una especie de asistente implicado casi obsesivamente en todo aquello a lo que le pone ojo. Y aunque rehúsa identificarse con el 'aznarismo', nunca ha ocultado su admiración por el expresidente del Gobierno. Y tampoco Aznar por él. «Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que me renueve Casado, que es un tipo estupendo», lanzó el propio José María Aznar.

El objetivo de Casado es devolver la ilusión a las bases del partido y recobrar la confianza de todos aquellos votantes que, descontentos con el PP, acabaron fugándose a C's. Y, sobre todo, frenar el auge de Albert Rivera. Aunque insiste en desligarse de la figura de Aznar, su perfil encarna las ideas que abanderó el expresidente del Ejecutivo central.

A lo largo de la campaña interna -que ha hecho al estilo Pedro Sánchez, recorriendo una media de mil kilómetros diarios en coche-, el vicesecretario de Comunicación se ha mostrado contrario al aborto o la eutanasia, ha renegado del euskera en Navarra y ha reiterado su voluntad de ilegalizar a los partidos políticos independentistas. Tampoco ha escatimado en críticas, de la misma manera que Aznar, a la hora de valorar la gestión llevada a cabo por el Gobierno de Rajoy en el proceso secesionista catalán, con Sáenz de Santamaría al frente. Y aunque insiste en mostrarse fiel defensor del espíritu de centro-derecha, se ha alejado del discurso centrista de Rajoy.

Además, también ha buscado recuperar a una fiel de Aznar «para el puesto que quiera», la expresidenta del PP vasco, María San Gil. Un ejemplo a sus ojos de lo que fue y debe seguir siendo el partido. Y es que ya lo ha dicho en más de una ocasión: su referente a nivel de gestión es el PP de Galicia, pero su referente moral serán siempre lo populares vascos.

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