El discurso arrebatado de Casado en Cataluña despierta dudas en sectores del PP

Pablo Casado, durante un mitin en Vitoria./EFE
Pablo Casado, durante un mitin en Vitoria. / EFE

Fuentes populares temen que Vox distorsione la estrategia del partido y se corra el riesgo de perder el centro político

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

En el PP resultante de las primarias no hay facciones, pero sí diferentes sensibilidades. Y no todos comparten el giro discursivo del equipo de Pablo Casado ante la crisis catalana. No es la contundencia frente al independentismo, sino la manera en la que se ha extremado el mensaje lo que despierta la inquietud de algunos dirigentes del partido. En privado surgen voces que aconsejan cierta «moderación» para no perder el pulso del electorado de centro, el que siempre resultó decisivo para que los conservadores llegaran a la Moncloa. Es más, defienden que la «dureza» en el contenido no tiene por qué está reñida con la templanza en las formas.

En vísperas del encuentro entre Pedro Sánchez y Quim Torra, cargos conservadores han detectado un mayor voltaje en las intervenciones de Casado. Desde que el domingo 16 de diciembre definiera al presidente de la Generalitat como un «desequilibrado» por pretender un «derramamiento de sangre», el líder del PP ha apuntado en dirección a la Moncloa. El lunes elevó a «inconstitucional» la falta de una respuesta contundente del Gobierno a los partidos independentistas. Y, a lo largo de la semana, fue expulsando poco a poco al PSOE del grupo de formaciones políticas que defienden la Carta Magna, hasta el punto de acabar acusando al jefe del Ejecutivo de consumar un «acto de traición a España».

En el entorno de Casado y en buena parte del PP creen perfectamente justificable la escalada. En primer lugar, porque detectan «un hartazgo» entre sus votantes por el «bucle catalán» y quieren recuperar la confianza de aquellos «decepcionados» con la gestión del Gobierno de Mariano Rajoy. Entienden que la 'operación diálogo' encargada a la exvicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y la aplicación de un 155 matizado «por PSOE y Ciudadanos» contribuyeron a deteriorar su propia imagen. «Se ha instalado la sensación de que el independentismo actúa con impunidad y de que no fuimos suficientemente duros desde la Moncloa», alegan. Pero también argumentan que las noticias que llegan desde Cataluña les parecen realmente preocupantes: «Lo del 'derramamiento de sangre' suena a exageración', pero lo que está pasando ahora en la calle hace años también lo era».

En otros sectores, sin embargo, advierten del riesgo de traspasar determinadas fronteras. Fuentes populares lamentan que la competencia con la derecha extrema sea un elemento «distorsionador» que obligue a tensar el discurso hasta «situar a los socialistas fuera de la Constitución». «Intentamos parecernos a Vox y entre el original y la copia, la gente siempre prefiere el original, es lo mismo que le decíamos al PSOE en relación con Podemos», insisten voces territoriales del PP.

En este sentido, un dirigente veterano del partido llama a no descuidar el flanco de Ciudadanos, que sigue sumando votos, recuerda, en cada cita electoral. Eso es lo que más preocupa a quienes reconocen dudas sobre la estrategia de la cúpula de Génova: que el espacio del PP se estreche entre Albert Rivera y Santiago Abascal. Pero el equipo de Casado confía plenamente en la eficacia de la «batalla ideológica y sin complejos» que está dispuesto a dar. Se trata de emprender un camino que, según lo describen, concluiría con la refundación del centro derecha una vez alcanzado el Gobierno.

Un 155 para hacer oposición

No le parece a Pablo Casado un objetivo inalcanzable. En los últimos días ha llegado incluso a anunciar cuál sería su primera medida de descabalgar a Sánchez del poder: la intervención de Cataluña. En realidad, una versión más profunda y sin horizonte temporal que permita al Ejecutivo tomar el control de los medios de comunicación públicos o instituciones parlamentarias y designar a nuevos miembros del Gobierno catalán. Y para eso considera que le basta con su fuerza parlamentaria en el Senado, sin necesidad de esperar a «consensos partidistas».

Fuentes populares, en cambio, tienen la impresión de que el 155 del líder del PP «no es un 155 para ser aplicado», sino para hacer oposición. Lo primero, porque en un asunto tan delicado de Estado conviene tejer en el Congreso una «mayoría refleja» a la del Senado, donde los conservadores cuentan con votos de sobra para imponer su criterio. Y lo segundo, porque el planteamiento de Casado pasa por alto las cautelas de los juristas que, en su día, no tenían claros los límites de un artículo que nunca había sido activado. De hecho, el Tribunal Constitucional todavía no se ha pronunciado sobre la intervención de Rajoy. Y su resolución será determinante para fijar doctrina y establecer el marco de esta herramienta.

Además, algunas de las voces del PP consultadas discuten que la intervención de Rajoy fuera timorata. Recuerdan que hace un año había riesgo de azuzar la calle y que, aun así, se cesó al Ejecutivo catalán en pleno.

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