Denuncian que la expresa de ETA Sara Majarenas y su hija viven con miedo y bajo vigilancia

Sara Majarenas con su hija, en una foto de archivo./Etxerat
Sara Majarenas con su hija, en una foto de archivo. / Etxerat

EFE

Kontxi Ibarreta, madre de la expresa de ETA Sara Majarenas, cuya hija Izar fue acuchillada por su padre en enero de 2017, cuando tenía 2 años, en Benifaló (Valencia), ha denunciado que ambas viven «con miedo» y bajo «vigilancia y control» policial constante desde que el pasado febrero el progenitor quedó en libertad provisional.

En una rueda de prensa ofrecida en la Casa de las Mujeres de San Sebastián, junto a Amaia Zurutuza, allegada de la familia, Ibarreta ha manifestado su «dolor e indignación» ante la situación de «estrés y angustia» que padece su hija desde que el 15 de febrero «el asesino autor confeso» de la pequeña fue excarcelado por decisión del Juzgado de Instrucción 2 de Picassent, al haber cumplido los dos años de prisión provisional en espera de juicio que fija como máximo la legislación.

En su auto, dicho juzgado estableció una serie de medidas cautelares, entre ellas, la prohibición de acercarse o permanecer en el País Vasco, dado que las perjudicadas residen en San Sebastián, y la obligación de llevar una pulsera telemática que emite una alerta si se acerca a menos de 500 metros de ellas.

Según ha explicado Kontxi Ibarreta, las medidas cautelares impuestas al agresor acarrean que Majarenas tenga que llevar permanentemente otro dispositivo para estar «todo el tiempo localizada» y cargar su batería cada 8 horas, además de no poder cruzar la frontera franco-española sin avisar, ni salir de Euskadi «por miedo».

La pequeña Izar por su parte, que ha cumplido recientemente 5 años, «está también vigilada» y es acompañada por efectivos de la Ertzaintza tanto a la entrada como a la salida del colegio, una ikastola donostiarra.

«Son víctimas y sin embargo parecen culpables», ha denunciado la madre y abuela, quien ha reconocido que dichas medidas «por un lado dan tranquilidad» pero por otro ni una ni otra tienen «sensación de libertad». Viven de una manera que «no es normal», ha recalcado.

Ibarreta ha explicado que, además, en los casi cuatro meses transcurridos desde que el progenitor de Izar quedó en libertad, éste «se ha desconectado en tres ocasiones», al parecer, porque «no se ha puesto el dispositivo o no lo ha cargado», por lo que ha permanecido ilocalizable durante media hora las dos primeras veces y más de tres la tercera.

Cuando esto se ha producido, «siempre al anochecer» y «en el momento de acostar a la niña» - que sufre de angustia y aún está en tratamiento psicológico-, Sara Majarenas recibe la alerta de la Ertzaintza de que permanezca acompañada, lo que la obliga a «buscar a alguien» con urgencia para que acuda a su casa a estar con ellas, hasta que les avisan de que el agresor vuelve a estar localizado.

«Esas noches, seguramente, él habrá dormido tranquilo, pero Sara no», ha sentenciado Ibarreta, quien se ha preguntado por qué la justicia «no encarcela» de nuevo al progenitor cuando «ha incumplido sus condiciones para estar en libertad».

Tras denunciar que «muchas mujeres» víctimas de violencia machista «viven así», Ibarreta ha dicho que guardan «una pequeña esperanza» de que el agresor reingrese en prisión tras la «vistilla» que se celebrará mañana en un juzgado de Valencia para analizar la situación del acusado.

Esta comparecencia, según ha afirmado, ha sido solicitada por el Ministerio Fiscal tras calificar los hechos como «asesinato en grado de tentativa» y formalizar su petición de 30 años de prisión, entre otras penas, demanda a la que se ha sumado la acusación particular.