Daniel Innerarity: «Los partidos deberían aclarar qué quieren decir cuando hablan del derecho a decidir»

Daniel Innenarity./
Daniel Innenarity.

«La expresión es muy banal; el término debería ser sustituido o por otro concepto o, al menos, matizarlo y concretarlo»

AINHOA MUÑOZSAN SEBASTIÁN.

A ojos de Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política, la ponencia de autogobierno debería explorar un «terreno mixto» y abordar de manera conjunta todos los derechos a decidir existentes en Euskadi, que atenderían, según sus palabras, a las distintas identificaciones nacionales presentes en la sociedad vasca.

-Usted habla de dos derechos a decidir, el de los nacionalistas y el de los constitucionalistas. ¿Cómo podrían recogerse ambas figuras en la ponencia de autogobierno?

-Hay que cuadrar un círculo. Propongo tomarnos el derecho a decidir radicalmente en serio. En Euskadi hay ciudadanos que quisieran decidir solos, y también personas que quisieran decidir de acuerdo con un espacio más amplio que coincide con el Estado español. Y hay que tomarse los dos derechos a decidir en serio. Hay que ir a por procesos mixtos, explorar un terreno de codecisión.

-¿Y cuál es la fórmula para que convivan en un nuevo estatus ambos derechos?

-En realidad, ya lo hemos hecho. Tenemos una experiencia de convivencia y de compatibilización de ámbitos, de identificaciones muy diversas, que ha funcionado relativamente bien en nuestra experiencia foral. Tenemos un reconocimiento de derechos históricos en la Constitución y en el Estatuto.

-¿Y es viable el derecho a decidir que plantean PNV y EH Bildu?

-La izquierda abertzale ha dado un giro en el momento en que ha empezado a reclamar el cumplimiento íntegro del Estatuto, y en su texto propone como puntos de engarce disposiciones constitucionales. El documento del PNV es mucho más explícito con una cierta sofisticación del derecho a decidir que antes era demasiado genérico. Teniendo en cuenta que estamos en el origen de una negociación, no es por su propia naturaleza incompatible en absoluto con la legalidad vigente y con el texto y el espíritu constitucional.

-¿Tendría entonces cobertura legal en la Constitución?

-Estoy seguro de que lo que salga de la negociación final lo tendrá. No veo a ningún agente político en el ámbito nacionalista pretendiendo un choque frontal con la legalidad.

-¿Hay, por lo tanto, una manera de poder recoger ese derecho en el actual marco jurídico?

-Hay que matizar y ajustar bien lo que queremos decir cuando hablamos de derecho a decidir. Si se hace ese trabajo, yo creo que no estamos ante un oxímoron, no es algo imposible de negociar, de acordar entre las fuerzas políticas vascas.

-¿Y qué pasaría con el Título VIII de la Constitución, el que rige la organización territorial del Estado?

-El engarce no es tanto con el Título VIII, que más bien regula el régimen general de las autonomías, si no con la Disposición Adicional.

«No veo en el ámbito nacionalista que pretendan un choque frontal con la legalidad»

-Se está incluso planteando materializar una relación de «igual a igual» con el Estado. ¿Es posible?

-No solo es posible, si no que llevamos años haciéndolo con el Concierto y el Convenio. Si hablando de fiscalidad somos capaces de entendernos, ¿por qué no vamos a extender ese procedimiento tan democrático, tan innovador, tan integrador, que ha suscitado tanta legitimidad en el seno de la sociedad vasca a otros ámbitos concretos de la política?

-El PNV plantea configurar, precisamente, un Concierto Político homologable al Económico.

-Esa ha sido mi idea siempre: hacer extensivo a otros ámbitos de la política aquello que ha sido posible en el ámbito económico.

-Otras formaciones como el PP observan con recelo el derecho a decidir porque, dicen, esconde el derecho a la autodeterminación.

-Lo que tienen que hacer los partidos es aclarar qué están queriendo decir cuando hablan del derecho a decidir y utilizan esa expresión, porque ya se ve que no son coincidentes. Además, la expresión es muy banal; todos decidimos todos los días y no podemos no estar de acuerdo con eso. Por otro lado, hay quien lo está entendiendo como equivalente a la independencia. El término debería ser sustituido por otro concepto o, al menos, matizarlo y concretarlo. Y yo, desde luego, tengo una versión que permitiría no solo el acuerdo transversal, si no también la compatibilidad con el espíritu constitucional.

-¿Y cuál sería el camino?

-Hace falta dejar de utilizar el concepto 'derecho a decidir' como un cliché y llenarlo de contenido. Si tomamos en serio la capacidad de decidir de la ciudadanía, es decir, que el derecho a decidir no lo reduzcamos a una consulta, si no que pensemos en la continuidad a través de la cual la sociedad legitima las decisiones que afectan a su futuro, podremos encontrar espacios de encuentro entre fuerzas políticas muy diversas.

 

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