El colectivo de funcionarios de prisiones sufre una agresión diaria

Un brazo roto tras un empujón,  un labio abierto por una patada. Moratones que lo cubren todo. Más de 200 denuncias el año pasado por agresiones graves o muy graves. Los funcionarios de prisiones están hartos de vivir situaciones  como estas. Y cada vez tienen menos presencia en las cárceles de 25.000 trabajadores a los 22.000 actuales, 3000 funcionarios  menos. Además la plantilla  está envejecida.  Como soluciones piden que se aplique un protocolo de actuación tras una agresión y más control en los utensilios que usan los reclusos.  Todas estas armas caseras se han fabricado en el interior de las prisiones. Para neutralizar situaciones violentas exigen la incorporación de pistolas taser como estas. Pero estos trabajadores  ni siquiera son agentes de la autoridad.