Cifran en 21 los presos de ETA aquejados por enfermedades graves

José Ramón López de Abechuco, en un momento de su detención en 1991 en Pau./Telepress
José Ramón López de Abechuco, en un momento de su detención en 1991 en Pau. / Telepress

La asociación de asistencia sanitaria a los presos de ETA Jaiki Hadi considera que el nuevo protocolo presentado por Grande-Marlaska supone «un avance comparando con la situación anterior»

AGENCIAS

La asociación de asistencia sanitaria a los presos de ETAJaiki Hadi ha cifrado hoy en 21 el número de internos aquejados por enfermedades graves e incurables, un colectivo en el que, según han denunciado, «las décadas de reclusión y la edad avanzada van haciendo mella de forma muy alarmante».

Representantes de Jaiki Hadi han ofrecido una rueda de prensa en Hernani para hacer balance de la situación de estos reclusos, después de que el pasado 31 de diciembre el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, diera a conocer la existencia de un nuevo protocolo que objetiva el elemento de la humanidad en el cumplimiento de las penas de cárcel, aunque siempre con un control judicial.

Un protocolo que, según ha señalado el coordinador de Jaiki Hadi, Fernando Arburua, supone «un avance comparando con la situación anterior», cuando «se exigían una serie de requisitos muy estrictos para conseguir la libertad de un preso enfermo grave».

No obstante, Arburua ha lamentado que «siga primando la opinión de la institución penitenciaria sobre la de los médicos» a la hora de liberar a un recluso de estas características.

«Eso es algo que no aceptamos», ha dicho el portavoz de Jaiki Hadi, quien también ha criticado que el nuevo protocolo «no especifique muy bien en qué momento se puede producir la libertad» de un preso gravemente enfermo, dado que «es susceptible de muchas interpretaciones».

Durante la comparecencia, en la que también han participado la doctora Mati Iturralde y la psicóloga Oihana Barrios, los comparecientes han hecho público un comunicado en el que han lamentado la «persistencia de un número muy significativo» de reclusos que «padecen enfermedades realmente graves e incurables», dado que hace una decena de años su número era «mucho menor».

Han precisado que en aquel momento había nueve enfermos graves en un colectivo de 765 personas, mientras que en la actualidad este número asciende a 21 (quince que han accedido a hacer públicos sus casos y seis que mantienen el anonimato) de un total de 264 presos.

Sostienen que «muchos» de los 21 presos aquejados por enfermedades graves «deberían de estar inmediatamente en la calle»

Una situación que, a su entender, está propiciada por «las décadas de reclusión y la edad avanzada» de estos internos que, según comentan, «van haciendo mella de forma muy alarmante en su salud tanto física como psíquica».

En cuanto al balance de 2018, los miembros de Jaiki Hadi recuerdan que el año pasado quedaron en libertad dos presos de la lista: Manu Azkarate y José Ramón López de Abetxuko, aunque «no como consecuencia de la gravedad de sus enfermedades sino por razones meramente jurídicas», mientras que Xabier Rey se suicidó.

Por otra parte, el pasado día 5 de enero falleció Juan Mari Maizkurrena, excarcelado en junio de 2017 por un cáncer pulmonar.

Asimismo, Jaiki Hadi ha incluido a Gurutz Maiza en la «lista pública» de presos enfermos graves, en la que también aparecen ahora los nombres de Kepa Arronategi y el de Joseba Erostegi, quienes hasta el momento no habían dado a conocer su situación médica.

Los representantes de Jaiki Hadi sostienen que «muchos» de los 21 presos aquejados por enfermedades graves «deberían de estar inmediatamente en la calle», al tiempo que han mantenido que «su persistencia en la cárcel es altamente nociva para ellos».

«Personas -han agregado- que deberían tener un seguimiento, tratamiento y protocolo de actuación idénticos al servicio sanitario público pero que su estancia en la cárcel imposibilita».

«No nos cansaremos de emplazar a los responsables para que pongan fin de una vez por todas a tanto sufrimiento inútil: estas personas tienen que estar en la calle, sin ningún tipo de condiciones. La cárcel se ha convertido en una suerte de trampa mortal para estas personas, y entendemos que ya es hora de terminar con situaciones tan crueles», han concluido.