La borrosa huella de Lizarra

12 de septiembre de 1998. Foto de familia de los firmantes del Acuerdo de Lizarra, en la casa de cultura de la localidad navarra./LUIS AZANZA
12 de septiembre de 1998. Foto de familia de los firmantes del Acuerdo de Lizarra, en la casa de cultura de la localidad navarra. / LUIS AZANZA

El pacto de bases de PNV y EH Bildu evoca al acuerdo de hace 20 años pero ambos advierten diferencias. La ausencia de ETA es el principal cambio respecto a un proceso que buscaba también el tránsito a la soberanía

Jorge Sainz
JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

Veinte años son una eternidad en política, pero en el caso del Acuerdo de Lizarra-Garazi, del que se cumplirán dos décadas el próximo miércoles día 12, sigue quedando un rastro que suele aparecer cada cierto tiempo. El acuerdo del preámbulo y las bases para el nuevo estatus firmado por PNV y EH Bildu en el Parlamento Vasco, que debe ratificarse precisamente coincidiendo con esta efeméride, ha evocado en parte a aquel proceso que creó en su día la mayor ilusión en años de que acabaría la violencia de ETA. El pacto de Lizarra o Estella, como el de ahora sobre las bases del estatus, fue principalmente entre nacionalistas vascos, con la inclusión entonces de la Ezker Batua de Madrazo. No obstante, tanto los peneuvistas como la coalición aber-tzale advierten diferencias entre aquel proceso y la actual vía abierta ahora para la actualización del autogobierno, aunque sí subyacen algunas coincidencias. Y es que Lizarra consolidó definitivamente la reivindicación del derecho a decidir conjunta entre las dos grandes familias del nacionalismo vasco, una situación que veinte años más tarde perdura aunque con modulaciones.

El principal y decisivo cambio respecto a Lizarra es, lógicamente, la desaparición de la escena de ETA, disuelta desde hace cuatro meses y que cesó su actividad armada en 2011, doce años después del fracaso de Lizarra. La violencia condicionó todo aquel proceso, y la búsqueda de un acuerdo para lograr un «marco de resolución» al conflicto político acabó entremezclándose con la negociación para el cese de la lucha armada, contaminando ambos planos, como suele recordar el presidente del PNV de Gipuzkoa, Joseba Egibar, uno de los protagonistas de aquel intento.

El acuerdo de Lizarra

Principales firmantes
HB,PNV, EA, EB, Batzarre, Zutik, AB, ELA, LAB, EHNE, ESK, Stee-Eilas, Senideak o Elkarri.
Carácter de la negociación
Dar respuestas a todas las cuestiones que constituyen el conflicto.
Claves de resolución
Respetar la pluralidad de la sociedad vasca, situar todos los proyectos en igualdad de condiciones de consecución y depositar en los ciudadanos de Euskal Herria la última palabra.
Escenario resultante
Marcos abiertos donde tengan cabida nuevas fórmulas que den respuesta a las aspiraciones de soberanía de los ciudadanos de Euskal Herria.

La formación jeltzale, presidida en aquel entonces por Xabier Arzalluz, siempre acusó a ETA de echar por la borda Lizarra al inmiscuirse en la negociación entre partidos con propuestas inasumibles para el PNV como un proceso constituyente y unas elecciones «en toda Euskal Herria». Dos décadas después, la ausencia de violencia sí que ha permitido que PNV y EH Bildu, coalición que engloba a la izquierda abertzale, EA, Alternatiba e independientes, hayan fraguado un principio de acuerdo sobre el futuro estatus, recogiendo el derecho a decidir. A la espera, eso sí, de si estas bases mantienen este carácter soberanista hasta el final o son pulidas, en virtud del trabajo de los expertos juristas, en aras a un mayor consenso con el PSE-EE y Elkarrekin Podemos.

La unidad de ELA y LAB que fue motor de aquel proceso sí está en la actualidad difuminada

En EH Bildu, por ejemplo, sí creen que las bases del nuevo estatus son en el fondo un «desarrollo operativo» de aquella unidad abertzale de 1998 por el derecho a decidir, concepto que se empezó en esa época a ganar definitivamente terreno al tradicional 'derecho de autodeterminación'. «Lizarra es una referencia ineludible. Sin aquello no sería posible esto», señala por ejemplo el dirigente de Sortu y exsecretario general de LAB, Rafa Díez Usabiaga, otro de los participantes directos en aquel fallido proceso.

Para Egibar, sin embargo, el actual acuerdo para el nuevo estatus «no es una reproducción de Lizarra aunque haya algunas concomitancias», ya que al final en ambos casos se hablaba de la soberanía. El dirigente peneuvista señala que cambios de marco político como los que pretendía el proceso de 1998 «no son de un día para otro». Y en todo caso, Egibar cree «determinante el final de la violencia de ETA».

De hecho, una vez roto Lizarra, los asesinatos de ETA siguieron contaminando intentos soberanistas posteriores como el plan del entonces lehendakari, Juan José Ibarretxe. Un proyecto respaldado solo a medias por la entonces Batasuna, y rechazado frontalmente por partidos como PSE-EE y PP que observan ahora en las bases del nuevo estatus una encarnación de aquella propuesta que chocó con el muro del Congreso de los Diputados y el Tribunal Constitucional. El 'no' de las formaciones constitucionalistas al acuerdo soberanista sí que es un factor que se repite respecto al proceso de Lizarra, aunque en esta ocasión todos los grupos se sientan en torno a una mesa, en este caso la ponencia parlamentaria, para intentar ampliar los consensos, tal y como quiere el lehendakari, Iñigo Urkullu.

La ruptura sindical

Otro de los motores del proceso de Lizarra-Garazi fue la unidad sindical fraguada por ELA y LAB. José Elorrieta y Rafa Díez Usabiaga procedieron a una especie de banderazo de salida al proceso en un simbólico acto en Gernika en el que dieron por «agotado» el Estatuto de Autonomía. Veinte años después, la huella sindical de Lizarra no solo no es borrosa. Está difuminada. Los dos sindicatos abertzales se han distanciado en los últimos meses a raíz de la estrategia de EH Bildu de buscar acuerdos de país en clave soberanista con un PNV que, según la central de Txiki Muñoz, lidera un Gobierno Vasco de recortes y antisocial. Una estrategia de combate sindical que LAB, asumiendo en buena parte el diagnóstico, no comparte en su carácter tan beligerante. Y es que el sindicato de la izquierda abertzale cree que no hay que romper la cuerda con el PNV, sino que hay que preservar esa relación en clave soberanista en el actual contexto, marcado por el procés independentista catalán y sus derivadas en Euskadi.

El fracaso de Lizarra también marcó a la propia ETA, que al romper la tregua destrozó la ilusión de una sociedad vasca que creyó tocar la paz por fin con la yema de los dedos. No son pocos los expresos de la banda que creen que aquello fue una gran oportunidad perdida para haber puesto el cierre. La propia cúpula de ETA liderada entonces por 'Mikel Antza' tuvo dudas a la hora de romper el alto el fuego, aunque en la votación final se impusieron los partidarios de reiniciar una ofensiva que resultó especialmente sangrienta entre los años 2000 y 2001, dejando en sus víctimas una huella de dolor que todavía perdura.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos