El atentado que convulsionó a la izquierda abertzale

Décimo aniversario. Flores, ayer, ante el monolito en el lugar donde asesinaron a Uria./LUSA
Décimo aniversario. Flores, ayer, ante el monolito en el lugar donde asesinaron a Uria. / LUSA

El asesinato de Uria contaminó el debate de Batasuna

Jorge Sainz
JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

Doscientos metros separan el lugar donde cayó asesinado Inaxio Uria y el santuario de Loiola que acogió en 2006 las frustradas conversaciones de paz. El entorno de la basílica de Azpeitia, cuna de la espiritualidad y de San Ignacio, patrón de Gipuzkoa, se convertía en una especie de agujero negro. El lugar donde encalló el diálogo secreto con PNV y PSE-EE para intentar salvar la tregua de ETA se teñía de sangre y, a la vez, obstaculizaba el cambio de estrategia que el mundo de Batasuna trataba comenzaba a fraguar tras el fracaso del proceso de paz con Zapatero. «El atentado contra Uria convulsionó internamente a la izquierda abertzale, al igual que había ocurrido nueve meses antes con el de Isaías Carrasco (exconcejal del PSE) en Arrasate», recuerdan voces autorizadas del independentismo vasco, al cumplirse ayer diez años de aquel trágico episodio.

El asesinato de Uria, además, estuvo a punto de dar al traste con el proceso de creación del llamado 'polo soberanista', un espacio de colaboración y acumulación de fuerzas abertzales entre EA y la antigua Batasuna, a través del cual la ilegalizada formación trataba de recuperar la presencia política con la base del final de la violencia. El partido liderado entonces por Unai Ziarreta se vio obligado a romper el gobierno municipal de Azpeitia que compartían con la marca independentista ANV, que no condenó el atentado.

El asesinato del constructor azpeitiarra contaminó el debate y afloró las tensiones internas en las que se movían ya ETA y la izquierda abertzale. El giro del mundo de Batasuna hacia vías solo políticas era todavía incipiente mientras la organización armada seguía apostando por la violencia. Arnaldo Otegi había patrocinado días antes del atentado contra Uria la necesidad de articular una «estrategia política eficaz» para estar en las elecciones autonómicas del 1 de marzo de 2009, las que llevaron al socialista Patxi López a la Lehendakaritza. Pero el asesinato de Uria, un empresario euskaldun muy arraigado en Azpeitia, evidenció que la relación de fuerzas en el llamado MLNV seguía condicionada por la banda.

La crisis por el asesinato de ETA se saldó «reforzando» a los partidarios de acabar con la lucha armada

La muerte del constructor rompió el pacto con EA en Azpeitia y puso en riesgo el incipiente polo soberanista

No obstante, las fuentes abertzales consultadas coinciden en que la convulsión interna por aquel asesinato «contribuyó a reforzar las posiciones que abanderaban ya el final de la lucha armada y a acelerar el proceso». La izquierda abertzale seguía sin condenar los atentados pero tras la bomba de la T-4 que enterró el proceso abierto con el Gobierno socialista de Zapatero, las acciones de ETA eran cada vez más cuestionadas internamente.

La muerte a tiros del socialista Carrasco, en marzo de 2008, a dos días de las elecciones generales, fue otro punto de inflexión similar al de Uria. El asesinato se interpretó como el cumplimiento de la amenaza que el exdirigente de ETA, Xabier López Peña, 'Thierry', lanzó durante las negociaciones en Suiza y Noruega al entonces presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren. El negociador socialista y su mujer, la también miembro del PSE-EE Rafaela Romero, eran amigos personales del exedil de Arrasate. Precisamente, Otegi había fraguado en esa época una relación política, y también personal, con Eguiguren, en las reuniones de Txillarre en busca de la paz.

La relación con la familia

Pese a los momentos de crisis, de puertas para adentro los partidarios en Batasuna de dar un giro de timón a la estrategia violenta siguieron trabajando hasta lograr, doce meses después, que las posiciones partidarias del final de la lucha armada terminaran imponiéndose. De esa forma, se recondujo a la vez la negociación de la izquierda abertzale de Otegi, en aquella época en libertad, con EA, que había roto el pacto de gobierno de Azpeitia con ANV al no condenar el alcalde, Iñaki Errazkin (ANV), el atentado. No obstante, aquel episodio también hizo aflorar las tensiones internas que acabarían rompiendo EA. De hecho, sus dos ediles se dividieron a la hora de secundar la posterior moción de censura que presentó el PNV contra Errazkin y que acabaría entregando el control de la localidad al jeltzale Julian Eizmendi.

La familia Uria se mostró durante años muy dura con la izquierda abertzale por no expresar una condena clara, personalizando sus críticas en el alcalde Errazkin. Un distanciamiento que se acortaría con la llegada a la Alcaldía de Eneko Etxeberria, el actual regidor de EH Bildu, que tras varios gestos de acercamiento definió a Uria, en un homenaje hace dos años en presencia de su familia, como «uno de los nuestros».

 

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