«Alguien que se está muriendo pide ayuda, pero un amenazado no podía hacerlo en voz alta»

«Alguien que se está muriendo pide ayuda, pero un amenazado no podía hacerlo en voz alta»

Recogemos algunos de los testimonios que se han publicado en el 'Informe sobre la injusticia padecida por concejales y concejalas que sufrieron violencia y persecución (1991-2011)'

DV

Hombre, concejal

«El contexto político-social en los años ochenta y noventa son sobradamente conocidos porque vivía la sociedad bajo la amenaza permanente del grupo terrorista ETA. Y por motivo de una de sus acciones, fue cuando yo me comprometí, el 23 de enero de 1995 a las tres y cuarto de la tarde, cuando un compañero de trabajo me informó que habían asesinado, ese día y pocos minutos antes en Donostia / San Sebastián, a Gregorio Ordoñez».

Mujer, pareja de concejal

«Unos tres años antes de matarle empezaron a amenazarle por la calle y después empezaron a venir a casa. Cuando estaba por la calle le llamaban carcelero, le han tirado piedras cuando estaba en el cuarto de hora de silencio con Gesto por la Paz (…) estando allí con el grupo le han tirado piedras. Eso me ha dicho la gente que estaba con él y después me he enterado que a él individualmente, por algún artículo que he leído, que al final hasta del miedo o … (aunque él no pensaba que le iban a matar, pero al final te va superando) y que ha llorado con gente, cosa que yo no he sabido nunca porque a casa nunca ha traído nada de esto. Cuando mis hijas fueron al cajón a retirar sus objetos personales tenía amenazas allí que nunca nos dijo».

Hombre, concejal

«Y luego empezaron a salir papeles. Me sorprendía viéndome en carteles en donde salía y no valoraba realmente lo que me estaba sucediendo. Con mi nombre 'español y de derechas', por el estilo. El adjetivo español marcaba definitivamente. Empezaron a salir cada vez más publicaciones de diverso tipo que aparecían por los barrios. Y por aquel entonces, la figura del amenazado, la figura del perseguido no solía ser figura pública. El amenazado por antonomasia era José María Calleja. De Calleja todos lo sabían, pero de todos los demás amenazados, nadie. Además, cuando me enteré o te hacen saber que eres un amenazado… alguien que se está ahogando para sobrevivir pide auxilio, grita, alguien que se está muriendo pide ayuda, pero un amenazado no podía pedir ayuda en voz alta».

Hombre, madre y padre

Recuerdo una primera Legislatura más cómoda, dentro de la incomodidad, que la segunda. Ya después de la primera Legislatura empezó a moverse la calle. O sea, ahí hay una reflexión, a partir de la detención de la cúpula de ETA en el año 92, hay un hundimiento moral podríamos decir, en la Izquierda abertzale, en el mundo de ETA, hay un hundimiento moral y una reflexión, una sacudida interna (…) Y hacia el año 94, de ETA y de su organismo de vanguardia política que es KAS (Koordinadora Abertzale Sozialista) surge la ponencia Oldartzen. En el fondo está el secuestro de Julio Iglesias, la campaña del lazo azul, y hay un retroceso en la contundencia de la hegemonía social, incluso, donde ellos son fuertes. Encajan la campaña del lazo azul como una derrota, que igual no es derrota, pero sí como un retroceso. Lo que ellos se plantean es una reflexión del tipo de 'Tenemos que darle una sacudida internamente a este país'. Antes del 92 ETA decía 'Como el gobierno español quiere salir con brillantez de este año, va a estar obligado a sentarse, a negociar'. Lo que pasa realmente es que el Gobierno español –no sé dónde está obligado a negociar– es que va a Bidart y detiene a toda la mesa de dirigentes de ETA; bueno, entonces esto es un golpe durísimo. Luego viene el lazo azul: 'Oye, necesitamos una reflexión interna'. Entonces en esa reflexión interna, yo esto lo comparo con Maquiavelo, Maquiavelo decía 'El príncipe tiene que ser amado por el pueblo, y si no es amado por el pueblo que sea temido', entonces estos dicen 'Aquí hay que empezar a dar caña'.»

Hombre, concejal

«En junio de 1995 se constituyeron los ayuntamientos. Una semana después sufro una agresión y acabo en el hospital (…) La cosa empieza a cambiar. Yo a los dos días me voy con un compañero a un pueblo de Salamanca para estar un fin de semana e intentar descansar. Cuando volví noté algo raro. Un vecino me cuenta que, en esos dos días, que era fin de semana, desmontan las puertas del portal, las sacan y las dejan apoyadas, desmontan el portero automático y ponen una cajita de galletas bien precintada encima del buzón de mis padres. Con todo el revuelo, llaman a la Ertzaintza, artificieros. Eso yo no lo vivo, lo viven mis padres y mi hermano. Y luego lo peor fue un vecino que me conoce de toda la vida, en vez de protestar porque lo que se había hecho, dice que la culpa es nuestra, que lo que debemos hacer es irnos».

Que mis padres sufren, pues te puedo decir que sí, que lo han sufrido bastante. Mi madre murió no aterrada, pero sí con miedo. Cuando salía de casa tenía miedo. Y mi padre creo que respiró cuando, bueno los dos respiraron, cuando me pusieron escolta. Pero cuando me pusieron escolta, yo ya había sufrido tres agresiones».

Mujer, pareja de concejal

«En agosto de 2000 fue cuando mataron a Manuel Indiano, que era un concejal del PP, de Zumarraga. Yo estuve en la concentración y le dije a Rodolfo (Ares): 'Rodolfo, lo nuestro está muy feo'. Era cuando estaban empezando a poner escoltas. Nosotros incluso si íbamos a un bar te hacían ahí el gesto como con una pistola en la barra… Así que se lo dije a Rodolfo y se decidió ponernos escolta».

Mujer, pareja de concejal

«Hubo una ocasión en que tuvo uno, pero ha tenido dos de continuo el tiempo que los tuvo. Además, no sé si eran privados, porque estaban insistiendo que los llevara, o sea, los cogió a insistencia del partido. Al principio creo que tuvo escoltas privados, pero luego tuvo ertzainas con él. Tuvo los guardaespaldas esos dos años, en la tregua ya no los quiso porque dijo que en la tregua no habría gente que le matase; pero luego, ¡Claro!, lo que pasó es que las treguas se terminan, y cuando en el 2000 que se terminó él ya no quiso coger guardaespaldas, dijo que le quitaban mucha intimidad. Y, yo creo que le hubiesen matado si ese esa su objetivo de cualquier forma, lo único que así lo tuvieron muy fácil».

Hombre, concejal

«Tuvimos más de 100 manifestaciones delante de nuestra casa todas las semanas y los veíamos».

Mujer, pareja de concejal

«Un día los escoltas nos dejaron en casa como las 12 de la noche. Nos dejaron los escoltas en casa, se marcharon y a los 2 minutos nos llamaron ellos. 'Dígale a su marido que está toda la calle pintada'. Llamaron a la Ertzaintza. Yo se lo dije a él. Él se puso en una esquina en una silla en la cocina y, con un cigarro, que no suele fumar, se quedó ahí bloqueado. Yo pensé en ir a sacar unas fotos, para que no pasase como con otras amenazas que habíamos tenido, que las habían quitado en poco tiempo (en caso de pancartas) y no llegamos a verlas o a tener constancia de ellas. Él me dijo que no. Así que fui con la cámara que teníamos y saqué fotos. Estaba escrito el nombre de mi marido y también el de la Ertzaintza y luego ESTÁIS MUERTOS. Pero así, igual no te exagero que 2 km. Desde la esquina para entrar a nuestra casa hasta la playa. Más de kilómetro y medio de pintada, que se dice pronto. Y eso a las 12 de la noche, ¿nadie los vio? Es verdad que por allí a esas horas no pasa mucha gente; no debió ir nadie».

Mujer, concejala

«Me pusieron una bomba en casa, de 4 kg. Me destrozaron la casa. Yo estaba en Madrid, pero estaban dos de mis hijas. Afortunadamente la habitación que quedó en pedacitos es en la que dormía mi hijo, pero él no estaba, se había ido de vacaciones. Aquello fue importante porque el piso tardaron en arreglarlo, desde abril, que fue la bomba, hasta diciembre. Yo me tuve que ir a un piso alquilado, que lo estuvo pagando el Gobierno Vasco. Tuve que cambiarme de pueblo porque nadie quería alquilarme un piso. Se intentó, pero no. Me alquilaron un piso que el Consejero de Interior del Gobierno Vasco me avisó por adelantado que yo no tendría que pagar nada, hasta que logré arreglar aquel piso, venderlo, y comprar este, porque yo no tenía dinero para comprar este piso. Tuve que dejar el mío de toda la vida porque me dijeron que no tenían posibilidad de darme seguridad, porque era un piso bajo. Tendrían que haber puesto una dotación enfrente día y noche porque el piso era muy vulnerable. Y me vine a vivir aquí».

Hombre, concejal

«Yo no pude jurar el cargo. Cuando llegué al pleno me encontré con que la Ertzaintza tenía tomado el edificio (iban con verduguillo, escopeta…). Subí al salón de plenos sin problemas (esa es la ventaja que tienes cuando no te conocen, que no saben quién eres), pero sin mi escolta porque no pueden estar en el salón de plenos. El escolta se quedó fuera y allí me quedé yo solo. Cuando salimos la corporación y nos sentamos cada uno en su asiento, fuimos a arrancar el pleno y se montó un griterío brutal, con insultos… La gente se subía por las paredes: 'fascistas', 'lapurrak'… terrible. Nunca se me olvidará porque en un momento dado el Alcalde, al ver que no podíamos seguir con el pleno dijo 'hasta aquí hemos llegado'. Porque claro, solo teníamos dos policías municipales. Si te quieren partir la boca te la parten. El Alcalde paró el pleno y dijo 'vamos a mi despacho a terminar el pleno' No se me olvidará en la vida. Los que estaban allí gritando hicieron un corrillo y por allí pasamos todos. Lo que nos pudieron llamar no me lo imagino, nos escupieron… yo me puse a andar, miré para adelante y pensé 'que no me pongan la zancadilla porque si me caigo aquí me patean en el suelo y se monta gorda'. Acabamos en el despacho del Alcalde cerrando el pleno de mala manera».

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