Alfredo o la dignidad de ser socialista

Tú derrotaste a ETA, tú también derrotaste a ETA. Y se acabó el miedo, la zozobra, la angustia y la desesperanza

ENEKO ANDUEZA SECRETARIO GENERAL DEL PSE-EE DE GIPUZKOA

Querido Alfredo: Quisiera decirte tantas cosas que es casi imposible ordenar mis ideas. Te has ido, Alfredo, y eso es un golpe duro, seco, cruel, doloroso, pero, sobre todo, injusto. Injusto porque es temprano, injusto porque te merecías disfrutar de tu vida, esa vida que dedicaste siempre a los demás. Es injusto porque todos te debíamos, te debemos, el reconocimiento que se le debe a todo aquel que sirve a su país con la lealtad y la altura de miras que tú lo hiciste.

Acabo de detener mi mirada en una foto muy especial. Una foto sacada en un congreso de los socialistas vascos. En ella me acompañáis Jesús, Patxi y tú. Y, de repente, me doy cuenta que ahí estáis tres compañeros que habéis marcado para siempre la historia de este partido, de esta tierra, pero, también, de nuestras vidas. Miro la foto y pienso, «... y ahora, que venga alguien y me diga que no he tenido suerte en la vida».

Afortunado de conocerte, de compartir valores, principios, siglas y momentos. Fortuna de tener el privilegio de haber podido aprender de ti, químico de formación, profesor de oficio, y maestro en toda su condición. Pero por encima de todas las cosas, afortunado de respirar un aire limpio, el que trajo esa paz y esa libertad de tu mano.

Siempre fuiste uno de los nuestros, más allá de los tópicos, porque nadie mejor que tú supo entender a los socialistas vascos. Nunca hubo nadie como tú para dirigir con la eficacia que tu lo hiciste una política antiterrorista que trajo una paz que siempre llevará tu firma. Hoy no es el día de la corrección política ni de las medias tintas. Alfredo, tú derrotaste a ETA, tú, también derrotaste a ETA. Y se acabó el miedo, la zozobra, la angustia y la desesperanza. Se acabaron los duelos, los gritos de dolor y las corbatas negras.

Fuiste luz en medio del túnel, el abrazo sincero que nos consoló, la mente preclara que no titubeó. Te debemos la paz, nuestra libertad, y, por tanto, la vida. Te debemos la vida, Alfredo, y eso, compañero, es deberte todo, absolutamente todo.

Es muy difícil encontrar en la historia de este país una hoja de servicio tan impecable como la tuya. Una trayectoria tan limpia, tan sincera, tan entregada y tan leal como la tuya. Leal a los principios y valores del socialismo más puro, del que construye progreso más allá de unas siglas. Pero, por encima de todo, leal al espíritu de diálogo y consenso que forjaron los principios democráticos que han construido nuestro Estado de Derecho y que han hecho posible este país. Si alguien me preguntara qué es ser una persona de Estado, no tendría duda: ser cómo Alfredo Pérez Rubalcaba.

Capitaneaste el Partido Socialista Obrero Español en uno de los momentos más difíciles de su historia tras haber sido candidato a Presidente del Gobierno en la peor de las coyunturas, y, sin embargo, te despediste de la Secretaría General diciendo «El PSOE no me debe nada, al contrario, yo le debo todo al PSOE». Y eso te hizo te hizo más humano, porque creo que es una de las pocas veces que te has equivocado en la vida. Te debemos la gratitud por una generosidad y un compromiso con el partido que hizo posible que siguiera vivo cuando todos lo querían convertido en pasado. Si hoy gobernamos este país, es también gracias a que hubo un socialista valiente que se llamaba Alfredo Pérez - Rubalcaba que no nos dio la espalda. Una vez más, te necesitábamos, y te tuvimos.

Me quedo con tu brillantez, con esa mirada que te abría las puertas a un hombre honesto, de inteligencia admirable y unos reflejos mentales envidiables. Me quedo con tu palabra, con esa capacidad de diálogo capaz de conseguir el acuerdo imposible, ese olfato político al alcance de los grandes hombres de Estado. Con tu capacidad de trabajo y ese don de adelantarse a los acontecimientos al alcance de tan pocos.

La verdad de tu legado es haber dado mucho más sentido a todo lo que significa ser socialista. Que la tierra te sea leve, compañero.