'La Tigresa': «El inmenso e irreparable error de entrar en ETA lo siento cada vez que respiro»

'La Tigresa': «El inmenso e irreparable error de entrar en ETA lo siento cada vez que respiro»

Idoia López Riaño envía una carta al juez Marlaska, último responsable de sus permisos carcelarios, lamentando su pasado

MATEO BALÍN

«Me metí en ETA muy joven, llena de ideas románticas e idealistas y los que me captaron supieron enseguida cómo hacerme elegir: 'Con nosotros puedes salvar a un pueblo'. Así de estúpidamente me dejé llevar, y así de dolorosamente sigo sintiéndolo en cada poro de mi piel y en cada latido de mi corazón. El inmenso, terrible y doloroso error que cometí por falta de madurez, por creer de verdad que se me necesitaba más como miembro de ETA. Eso es algo que no me dejará nunca, esa inmensa decepción conmigo misma, ese irreparable error lo siento cada vez que respiro». Así se expresa Idoia López Riaño, 'La Tigresa', en una carta dirigida al magistrado Fernando Grande-Marlaska, presidente de Sala Penal de la Audiencia Nacional

López Riaño se integró en ETA en 1979 y fue detenida en Francia en 1994, meses después de volver de Argelia tras pasar siete años de exilio, donde la dirección de la banda la «expulsó» por resistirse «a participar en aquel horror».

Los 22 años de cárcel que lleva cumplidos entre Francia y España por los 23 asesinatos sentenciados de mediados de los ochenta (ella solo reconoce dos, el de un mercenario y un narcotraficante del pueblo, ya que el resto, dice, los asumió dentro de la estrategia etarra de no reconocer al tribunal juzgador). Su entrada en la 'vía Nanclares' en 2010 o la «impotencia» de ver como antiguos compañeros de comando, en la misma situación, disfrutan de permisos y ella sigue castigada, lo relata en una carta dirigida al magistrado Fernando Grande-Marlaska, presidente de Sala Penal de la Audiencia Nacional, la persona que tiene la última palabra sobre las salidas de los presos.

«Me están haciendo pagar muy caro acceder a la 'vía Nanclares'»

Hace dos semanas el tribunal que preside Fernando Grande-Marlaska rechazó el acercamiento de una veintena de presos etarras a cárceles del País Vasco, en línea con la decisión del juez de vigilancia penitenciaria, José Luis Castro. El auto alegaba que la política de dispersión no vulnera derechos fundamentales y contrapuso los beneficios de la 'vía Nanclares' para los arrepentidos. Esta defensa del programa penitenciario no dejó indiferente a nadie. Tampoco, aunque la carta es anterior, a Idoia López Riaño.

«Usted apoyaba su espíritu, finalidad, función, objetivos, incluso apreciaba las dificultades para los que decidimos tomar este camino. Pero conmigo no. ¿Por qué pusieron todo de su parte para traerme a Nanclares (nombre de la antigua prisión de Vitoria)? ¿Para tener que vivir lo que me ha tocado pasar desde que el PP gobierna? Han hecho fracasar la vía y a mí me están haciendo pagar muy caro el haber aceptado este camino. Todos, judicatura, dirección general penitenciaria, han dejado que se pierda una oportunidad única. Se abrirán otros caminos, pero todo este tiempo perdido no va a volver» , escribe 'La Tigresa' en su carta al juez.

La misiva de diez folios, a la que ha tenido acceso este periódico, está fechada a 13 de octubre en el centro penitenciario de Araba. La última de las 16 cárceles que ha pisado López Riaño, que entró en prisión con 29 años y ahora tiene 51. «Le envío esta carta sin querer caer en ningún tipo de injerencia judicial; lo hago porque ya no sé a quién más recurrir», comienza el escrito.

La trabajadora del economato de la enfermería, donde vela por los presos terminales, denuncia que, pese a haber cumplido tres cuartas partes de la condena y tener derecho a pedir permisos, le han denegado hasta cinco desde 2013 por «la gravedad del hecho delictivo» y luego por la falta de reconocimiento de sus crímenes. Unos motivos que, «inexplicablemente, se amparan en informes falseados por el subdirector de tratamiento, a quien he denunciado por tales hechos que ya investiga un juzgado de Vitoria».

«Mi actitud»

Por el contrario, asegura que «he venido demostrando con hechos mi actitud», donde funcionarios, educadores y monitores coinciden en la implicación (ha estudiado francés e inglés), carácter dinamizador (se ha dedicado al cuidado de perros), rechazo de la violencia (tiene testimonios favorables de hijos de víctimas) y el dolor por el daño causado, «haciendo todo lo posible para que ETA dejara de matar entre el colectivo de presos, controlado y delimitado por los de siempre».

Añade que «todos coinciden» en que la posibilidad de que el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria me diera un permiso «hizo, al parecer, que en Madrid se sobresaltaran. La única explicación que escucho es que es un momento político delicado y el PP está presionando»..

«Es hora de coraje y de responsabilidad por parte de ustedes. Lo mismo que nos vienen exigiendo a los que, desde hace años, ya lo demostramos al enfrentaros al terrible error de la existencia de ETA (.) con el riesgo que asumimos», sugiere a Grande-Marslaka y, por extensión, a los miembros del tribunal encargado de resolver sus recursos (ha conseguido un voto particular del juez Ramón Sáez Valcárcel, pero no así del tercero, Nicolás Poveda).

«Cumplió los requisitos del programa de arrepentidos, manifestó su rechazo a la violencia, incluso sacó el carné de conducir tras salir 17 veces de prisión sin vigilancia. Los psicólogos no la han visto para que la Junta de Tratamiento (Ministerio del Interior) diga que no reconoce sus crímenes», recrimina el abogado de la presa, Fernando Pamos de la Hoz, tras conocer por este periódico el contenido de la carta.

«Maquiavelo declaraba con razón que todos ven lo que aparento, pocos ven lo que soy», escribe Riaño para pedirle a estos jueces que dejen de lado sus «prejuicios hacia mi persona» y «busquen la equidad y verdad» tras su «irreparable error» de haber estado en ETA.