Un tesoro bajo la Malloa en Bedaio

Dominando los valles del Goierri, se alzan dos cimas gemelas, cuyas formas rocosas guardan celosamente el secreto

Un tesoro bajo la Malloa en Bedaio
DV

No son pocos los tesoros que las leyendas confiesan escondidos en las montañas vascas. Uno de ellos, quizás el más codiciado, se halla oculto, según la tradición oral, en las faldas del Balerdi. Aquí, dominando los valles del Goierri, se alzan las dos cimas gemelas de Urrezko Aitza -la Peña del Oro-, cuyas formas rocosas guardan celosamente el secreto. Una hermosa ruta montañera nos lleva a descubrir este territorio de leyenda y a coronar la mítica roca que recuerda con su nombre la tradición del tesoro jamás encontrado.

Datos

Dificultad
Media
Modo
A pie
Duración
2 h
Distancia
7,71 km

Bedaio Punto de inicio

La ruta comienza en Bedaio de Arriba, una encantadora aldea de caseríos agrupados en torno a una iglesia. Un paseo cuesta abajo por la carretera, entre nogales y extensos pastos, nos lleva en pocos minutos hasta un cruce donde tomamos la pista de hormigón señalizada hacia Gurbila Haundia.

Gurbila Haundia Km 1.46

Este caserío, al que llegamos enseguida, es el de mayor tamaño de Gipuzkoa, conformando una especie de barrio en un solo edificio. Lo dejamos a la izquierda y, al llegar a las jaulas de los perros, nos desviamos a la derecha para llegar hasta un cruce triple. El camino a tomar es el de la derecha, un sendero pedregoso que antiguamente fue una calzada. Más adelante desembocamos en una pista que tomamos hacia la derecha para seguir subiendo.

El Gigante de Altzo

Dos metros y cuarenta centímetros de altura y más de doscientos kilos de peso llegó a pesar Miguel Joaquín de Eleizegi, un vecino de Altzo que llegó a ser bautizado como el Gigante Vasco. Corría el siglo XIX y su corpulencia provocaba la admiración de sus vecinos, especialmente cuando acudía a la feria de Tolosa manejando su carro de leña. El asombro que generaba no pasó desapercibido para un empresario de Lekunberri, que fundó una sociedad para exhibir al gigante por diferentes pueblos y así ganar dinero y fama. El contrato resultaba de lo más pintoresco, pues recogía que la sociedad debía pagar a Miguel todo el tabaco que fumara, además de permitirle ir a misa todos los días. De esta forma, el de Altzo comenzó a viajar por Europa. Visitó España, Portugal, Inglaterra y Francia. Cuentan que en Londres intentaron casarlo con una joven que le llegaba a la barbilla, pero él lo que quería era volver a su pueblo. Allí, en su caserío natal, una escultura a tamaño natural recuerda a este portento de la naturaleza. Llegar hasta ella no es difícil; no hay más que subir a Altzo por la carretera de Alegia. Entre las primeras casas del pueblo, en una curva cerrada y en el lado derecho de la calzada, se encuentra el acceso al caserío Ipintza.

Larraitz, la puerta de Aralar

A cuatrocientos metros de altitud, Larraitz es un popular y emblemático rincón del Goierri que atrae cada fin de semana a infinidad de excursionistas. No es para menos, su privilegiada situación a la sombra del Txindoki lo convierte en el punto de partida ideal para atacar la cumbre más deseada de Gipuzkoa. No es la única ruta posible, pues desde aquí comienzan infinidad de paseos que se adentran en el Parque Natural de Aralar. Aunque no todos los visitantes acuden a Larraitz a caminar. La pequeña aldea, formada por algunos caseríos centenarios y varios merenderos de los de pintxo de chorizo y botella de sidra, se extiende junto a una ermita muy popular en la comarca. Varias romerías y festejos inundan de vida el lugar cada año, pero el día más multitudinario es sin duda el primero de mayo, cuando se abren los pastos de verano. Miles de ovejas, vacas y caballos suben a las amplias praderas que coronan la sierra para llenarlas de vida durante los meses más calurosos. La ceremonia de apertura, que tiene lugar desde hace cientos de años, es una festiva reunión de pastores, autoridades y curiosos llegados desde todos los rincones de Gipuzkoa.

 

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