Sicilia, mucho más que la mafia

La isla italiana ofrece una atractiva mezcla de culturas como la griega, romana, árabe, normanda, española e italiana, a las que suma un aire caótico y decadente

Sicilia, mucho más que la mafia
MIGUEL VILLAMERIEL

Sicilia es conocida internacionalmente por ser el origen de la mafia, pero esa imagen de violencia extrema no hace justicia con los innumerables encantos de la mayor isla del Mediterráneo. Este territorio italiano, que tiene poco de italiano y mucho de las diferentes culturas que lo han habitado a lo largo de los siglos (griegos, romanos, árabes, normandos o españoles), sorprende al visitante al tratarse de uno de los lugares del mundo con mayor concentración de Patrimonios de la Humanidad por kilómetro cuadrado, a lo que se suman unos paisajes espectaculares, un clima cálido y una gastronomía inigualable. Un lugar perfecto para perderse durante una o varias semanas.

Históricamente, Sicilia ha sido una bisagra entre Europa y África, lo que la convirtió en un codiciado botín para las civilizaciones más poderosas por su privilegiada posición estratégica. Las múltiples invasiones que ha sufrido en su historia convierten hoy la isla en un crisol de culturas donde pueden encontrarse templos griegos perfectamente conservados, anfiteatros romanos, zocos y jardines árabes, castillos normandos, palacios catalanes o villas españolas.

La historia triunfal de Sicilia comenzó al convertirse en una parte fundamental del Antiguo Imperio Griego, cuando ciudades sicilianas como Siracusa competían en grandiosidad con la mismísima Atenas. Pero lo más sorprendente para el viajero es comprobar que algunos de los vestigios griegos se conservan aún mejor que las ruinas que se pueden encontrar en la actual Grecia. Ahí están los ejemplos de Selinunte, Segesta o el legendario Valle de los Templos de Agrigento.

El paso de tantas culturas por Sicilia (la presencia allí de aragoneses, catalanes y españoles durante siglos ha dejado muchas palabras de origen ibérico en el habla de los sicilianos) ha influido también en el carácter de sus gentes, que son apasionadas al extremo, pero también destacan por su hospitalidad y por su extrema dedicación a la familia. Sicilia también destaca por una religiosidad que no solo se aprecia en las incontables iglesias que se encuentran en cada ciudad, sino que también aparece de pronto en cualquier esquina, con un altar improvisado en plena calle.

Los templos griegos son una de las grandes atracciones culturales de Sicilia, pero no se puede pasar por alto la importancia de ciudades barrocas como Noto, Ragusa, Érice o el centro histórico de Siracusa, conocido con el nombre de Ortigia. Las calles empedradas y los edificios de color anaranjado permiten retroceder en el tiempo e imaginar cómo serían esas mismas calles hace dos siglos. Pocas cosas han cambiado en las ciudades antiguas sicilianas desde entonces, lo que a su vez les da un aire decadente que termina convirtiéndose en uno de los atractivos de la isla.

Además de cultura, la gran isla italiana también está repleta de encantos naturales para quienes buscan un turismo más relajado. Parques naturales con playas de aguas cristalinas, tierras volcánicas dominadas por el mítico Etna o ciudades de descanso como la costera Cefalú permiten unas vacaciones enfocadas al relax y la naturaleza. Las ciudades de mayor tamaño, como Catania o la capital Palermo, pueden resultar un tanto caóticas por la forma de conducir de los sicilianos, que muchas veces no respetan las señales de tráfico más básicas, pero las autovías y autopistas que recorren la isla han mejorado mucho en los últimos años y la conducción por ellas no supone ningún problema.

Un viaje en coche alrededor de la isla permite encontrar todo tipo de paisajes: áridos, verdes, volcánicos, playas de arena blanca, otras de arena negra... Con el Mar Tirreno al norte, el Jónico al este y el Mediterráneo al sur, las diferentes costas de Sicilia también destacan por su variedad paisajística. Con algunos hitos curiosos como la cala de roca blanca de Scala dei turchi o la inmensa playa de arena fina de San Vito lo Capo.

Con sus inviernos templados, primaveras cortas y veranos calurosos y largos, el suave otoño siciliano se convierte en un buen momento para perderse por la isla, que ve cómo desciende considerablemente la llegada de turistas. La mejor forma de disfrutar sin prisas y aglomeraciones de los magníficos restaurantes sicilianos, que despliegan una gastronomía con una profundidad de la que pocos lugares en el mundo pueden presumir. Los platos de pasta y los pescados se culminan allí con una variedad de postres y dulces que tienen casi tanta fama como la propia mafia. Y todo ello regado con los excelentes vinos de la isla.

Un último apunte: en una semana larga por tierras sicilianas, este viajero no vio la más mínima muestra de carácter violento en sus habitantes. La mafia sigue existiendo, pero los atractivos de Sicilia van mucho más allá de la 'Cosa Nostra'.

 

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