Jungfraujoch, en tren hasta la cima de Europa

Un tren de cremallera permite a los viajeros, y ya no solo a los montañeros más avezados, disfrutar de una zona declarada Patrimonio de la Humanidad en plenos Alpes Suizos

La estación de tren más alta de Europa./
La estación de tren más alta de Europa.
A. URBIETA

Con más de 100 años de historia y cerca de 750.000 visitantes al año, es uno de los mayores atractivos turísticos de Suiza, que lo vende con orgullo como la 'Cumbre de Europa' ('Top of Europe'): la estación de ferrocarril más alta del continente, a 3.454 metros de altitud, que permite a los viajeros, y ya no solo a los montañeros más avezados, disfrutar de una zona declarada Patrimonio de la Humanidad, en plenos Alpes berneses, saliendo a caminar por un glaciar helado o tomando un café en la terraza rodeado de las cumbres más espectaculares. Hablamos del Jungfraujoch, un puerto de montaña situado entre las cumbres del Mönch (4.107 m.) y el Jungfrau (4.158 m.), al que se llega a través de un tren cremallera que recorre 9,2 kilómetros, gran parte de ellos por dentro de la montaña, con un desnivel de 1.393 metros.

Como ocurre a menudo, esta maravilla de la ingenieria es fruto del sueño de un visionario, el industrial suizo Adolf Guyer-Zeller, magnate del sector textil, pero también financiero y político . Cuentan que fue durante una caminata por la zona, en 1893, cuando se le ocurrió que se podría dinamitar y abrir un túnel a través de las cimas del Eiger y del Mönch para construir un ferrocarril de cremallera en la cima hermana del Jungfrau. Aunque hubo quien pensó que aquello era una locura, en seguida la población local vio el potencial turístico de aquel proyecto y lo apoyó.

Tres años después, en 1896, se iniciaba la construcción del proyecto, y se hacía, además, de la forma más rudimentaria: con picos, palas y taladros para empezar a horadar la pétrea estructura del Eiger. Las terribles condiciones climatológicas y los problemas económicos hicieron que la duración de las obras se duplicara. De hecho, estuvieron paradas durante dos años, entre 1905 y 1907, y los obreros que venían trabajando en ellas fueron despedidos. También se duplicó el coste previsto alcanzando los 16 millones de francos suizos.

Los trabajadores italianos que materializaron las vías férreas imaginadas por Guyer-Zeller, sin embargo, obtenían escuálidas remuneraciones de 4,5 francos suizos por día, mientras se sumergían a la monumental tarea en la que en total perdieron la vida 30 hombres y 90 resultaron heridos. Seis de ellos fallecieron en un accidente ocurrido el 26 de febrero de 1899, cuando detonaban dinamita. Tras ello llegaron las huelgas y la dirección reaccionó con más despidos.

La líneas fue abierta al público por partes. En 1903 se inauguró el tramo que llegaba a la estación Eiger –la primera parada dentro del túnel; en 1905, siguió la estación Eismeer. Y finalmente, el 1 de agosto de 1912, tras 16 años de construcción, se inauguraba la estación del Jungfraujoch. Eso sí, Guyer-Zeller no pudo disfrutar del momento ya que había fallecido 13 años antes, a causa de una neumonía. Fueron sus descendientes los que continuaron la obra.

En 1913, su primer año de operaciones, el Jungfraujoch atrajo un total de 42.880 turistas. Hoy en día, supera los 750.000 visitantes al año provenientes de todo el mundo (más de 71 nacionalidades).

Terraza, observatorio y tiendas

Son muchos los atractivos que ofrece esta peculiar estación de tren, al margen del espectacular paisaje. La primera de ellas, nada más llegar, es el 'Jungfrau panorama', una aventura cinematográfica de 360º que dura 4 minutos.

Después se puede coger el ascensor más rápido de Suiza, que lleva al visitante en tanto solo 27 segundos al Sphinx, la cúpula observatorio que se construyó en 1950. Desde 1996 su amplia terraza panorámica ofrece las mejores vistas del glaciar Aletsch, el más largo de Europa con 22 kilómetros, y de las cimas del Mönch y del Jungfrau. De mayo a octubre, además, se puede disfrutar de un parque con trineos y tirolinas sobre el glaciar. Asimismo, desde la estación parte varios recorridos, como el que lleva hasta el refugio de Mönch

El Palacio de Hielo, con sus esculturas, es otro de los puntos a visitar. Cavado por primera vez en los años 30, tiene que ser esculpido continuamente. Debido a que los visitantes irradian calor, el laberinto de hielo, que se extiende a más de 1.000 metros cuadrados, tiene que ser enfriado a tres grados negativos. Bellas esculturas cristalinas como águilas, pingüinos y ánforas hacen de la gruta una obra de arte.

Jungfraujoch también alberga desde 1931 una estación de investigación de alta montaña que si bien al inicio se dedicada a la medicina alpina, la radiación cósmica y la astronomía, actualmente está volcada en la investigación del clima y el medio ambiente, la meteorología y la glaciología. Con -7,9º, el Jungfraujoch presenta la temperatura promedio anual más baja de Suiza.

Curiosidades

Restaurantes y tiendas, entre ellas la de una conocidísima marca de chocolate suizo, completan la oferta para el visitante de esta estación que esconde otras muchas curiosidades: cuenta con bomberos propios; allí se encuentra el buzón de correos más alto de Suiza; produce energía desde 1912 con los trenes que viajan en descenso; un trabajador realiza caminando una vez por semana el trayecto de 9,2 kilómetros entre el Jungfraujoch y la estación de Kleine-Scheidejj para revisar la vías; y ha albergado ya partidos de tenis, fútbol, cricket, boxeo y baloncesto, con rostros de deportistas muy conocidos, e incluso una carrera de 100 metros.

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